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Hace
casi 10 años, estando en Jerusalén de luna de miel, mi marido y yo
decidimos asistir a un servicio de Shabat en un minIán conservador en el
vecindario de Baka. No conocíamos a nadie personalmente, pero habíamos
escuchado que los rezos eran lindos, íntimos e igualitarios. No nos
sentimos defraudados. Pero una sorpresa muy placentera nos esperaba al
final de los servicios. Cuando los presentes supieron que todavía
estábamos en nuestra primera semana de matrimonio, diez miembros de la
comunidad decidieron invitarnos al almuerzo de Shabat para recitarnos las
Sheva Berajot – las siete bendiciones especiales que se recitan en
presencia de la novia y el novio (y de al menos otras 8 personas) durante
las comidas (a menudo muy elaboradas) en esa primera semana de matrimonio
. La comida fué espontánea, cada uno contribuyendo a ella con lo que tenía
en su casa, y el ambiente modesto, pero nosotros estuvimos encantados.
Imagínense, diez personas que nunca nos habían visto, invitarnos a su
casa, prepararnos una comida de celebración, y compartir la simjá de
nuestro nuevo matrimonio. Qué relato de Jerusalén tan hermoso; relato que
hemos repetido una y otra vez, tan significativa fue para nosotros la
generosidad de nuestros anfitriones y su maravillosa
hospitalidad.
La
parashá Jaie Sará me hizo recordar nuestra luna de miel tan especial, pues
la parte esencial de la lectura incluye un tipo similar de hospitalidad.
Buscando la novia perfecta para Isaac, el siervo de Abraham se encuentra
con Rebeca en la fuente y, cuando le pide un trago de agua, ella dice:
“’Bebe, señor mío’, Y bajando inmediatamente el cántaro sobre su mano le
dio de beber. Y luego que acabó de darle de beber, ella dijo: ‘También
sacaré agua para tus camellos, hasta que acaben de beber.’” (Génesis
24:18-19) Después de sacar agua para sus diez camellos, ella le dice que
en la casa de su padre hay lugar para que se quede, y suficiente paja y
comida para sus camellos también. Así es como el siervo de Abraham es
bienvenido en la casa de Betuel, su esposa, su hija y su
hijo.
Aquellos
lectores familiarizados con la Biblia saben que éste no es el único relato
de hospitalidad que existe en nuestra tradición. Como ejemplo de cuán
importante es tratar a los visitantes con hospitalidad en la visión
Bíblica, sólo necesitamos recordar cómo trata Abraham a los “varones” de
Mamré (Génesis 18), el desconsuelo de Jetro el medianita al no poder
ofrecer hospitalidad a Moisés (Éxodo 2:20), y cuando la mujer shunamita
prepara una habitación especial para el profeta Elías sin que nadie se lo
pida (Reyes II 4:8-11)
Pero
es claro que este énfasis en la hospitalidad no terminó en los tiempos
bíblicos. Más bien continuó y se desarrolló en lo que se conoce como
hajnasat orjim (dar la bienvenida a los visitantes) en la literatura
rabínica, asumiendo una importancia equivalente a la de muchas mitzvot de
nuestra tradición. El Talmud (Shabat 127a), cuando hace referencia a los
tipos de “trabajo” que se pueden hacer con el fin de recibir a una visita
adecuadamente, apunta lo siguiente: Rabí Yohanan dijo: “El recibir visitas
es tan importante como el levantarse temprano para asistir al salón de
estudios...”. Y Rav Dimi de Neardea dijo: “El recibir visitas es aún más
importante que el levantarse temprano para asistir al salón de
estudios...”. Rav Iehudá dijo en nombre de Rav: el recibir visitas es aún
más importante que el saludar a la Divina Presencia, pues está escrito
(Génesis 18:3): ‘Y (Abraham) dijo: ‘Señor mío, si he hallado gracia a tus
ojos, te ruego no pases de largo a tu siervo.’”
Conscientes
de la enorme importancia que tiene el estudio en el mundo rabínico, los
rabinos Iojanan y Rav Dimi afirman, aún así, que el recibir a los
visitantes es un valor judío tan importante como el estudio. Y Rav Iehuda,
al leer Génesis 18:3 en su contexto, se da cuenta de que en este verso
Abraham le pide a Dios que lo espere mientras corre a darle la bienvenida
a tres caminantes que se acercan. Rav Iehuda llega a la conclusión de que
si Abraham fue capaz de pedirle a Dios que esperara, entonces el recibir a
los visitantes es mucho más grande que el saludar a la Presencia Divina
misma. ¡Esto es una expresion fuerte para los rabinos!
Pero
el pasaje talmúdico va más allá todavía. Rabí Iehuda nos dice que existen
seis mitzvot que, aunque sí proporcionan alguna recompensa en este mundo,
no alcanzan su verdadero valor hasta que llegamos al mundo venidero, las
cuales son: recibir a los visitantes, visitar a los enfermos, concentrarse
durante los rezos, levantarse temprano para asistir al salón de estudios,
levantar a los hijos para que estudien Torá y juzgar favorablemente al
semejante en caso de que exista duda. Colocar la hospitalidad dentro de
este grupo de mitzvot importantes y esenciales (que nos acompañan al Mundo
por Venir) nos demuestra la fuerza que sentían los rabinos con respecto al
valor de hajnasat orjim : recibir a los visitantes y hacerlos sentirse
bienvenidos.
La
mitzvá continuó a lo largo de la historia judía y tenemos literatura que
atestigua su importancia especial en la época medieval, con la creación de
una asociación de caridad llamada Jevra Hajnasat Orjim, establecida con
este propósito explícito en ciertas comunidades medievales. Sabemos que en
esos tiempos era una mitzvá que se practicaba a nivel personal tanto como
a nivel comunitario, y que ciertos estudiantes de Ieshivá dependían de
esta hospitalidad comunal y personal para poder proseguir con sus
estudios.
La
mitzvá continuó hasta nuestros días y muchos de nosotros la conocemos por
las celebraciones de nuestra familia y nuestra comunidad en Pésaj, Rosh
Hashaná y Sukot. Cuando la comunidad judía es fuerte y tradicional, es una
mitzvá semanal el que cientos, si no miles de individuos y familias, abran
sus casas a amigos, vecinos, familia y miembros de la comunidad para la
comida de Shabat (o dos o tres comidas), proporcionándoles a menudo
también alojamiento, con el fin de que amigos y familiares puedan celebrar
el Shabat en toda su amplitud. Cualquiera que haya recibido hospitalidad
en Shabat o en Iom Tov sabe el placer que proporciona: una buena comida,
compañía agradable, palabras de la Torá, canto de zemirot, y la sensación
de que se está a salvo, protegido, y rodeado de personas que se interesan
por uno. Hajnasat Orjim es una mitzvá muy importante, que nos enseña no
solo a emular al Creador, quien provee todas nuestras necesidades, sino
también a interesarnos por nuestros semejantes, crear ese sentimiento de
comunidad que refuerza nuestra identidad judía, y a ser consuelo y ancla
de los demás en buenos y en malos tiempos. Al enfrentarnos continuamente a
tiempos inciertos y emocionalmente retadores, solo puedo pensar que el
abrir nuestros hogares a amigos, vecinos y miembros de la comunidad,
especialmente para una comida de Shabat, será un consuelo y un refugio
para todos nosotros. Que todos sintamos las bendiciones que Hajnasat orjim
nos puede brindar.
Shabat
shalom,
La
publicación y distribución del comentario de la Rabina Crespy sobre la
Parashá JaIé Sará ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita
Dee y Harold (z”l) Hassenfeld.
Este
comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de
Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido
supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la
Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión
original en ingles, en este mismo
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