|
Según nuestra parashá, el mundo se rige por el principio de “medida por
medida”. Pagamos nuestros delitos con la misma moneda. Un fin
noble jamás justifica el uso de medios innobles. El engaño hecho por
Jacob a su padre ciego, para despojar a su hermano mayor de la bendición y
estatus de primogénito, ahora se le cobra por intermedio de su tío.
En Labán, Jacob encuentra su igual, si lo hay, un rival que le gana en
descaro y en astucia.
La Torá hace énfasis en el vínculo romántico que une rápidamente a Jacob y
Raquel. Desde el principio, Jacob se siente cautivado por su
belleza, por lo que acepta trabajar como sirviente contratado por un
período de siete años con tal de pagar el precio de la novia, el
mohar. Es tan grande su amor por Raquel que Jacob apenas nota el
paso del tiempo. Sin embargo, en el día de su boda será engañado
con la misma estrechez de miras que él desafió y con los mismos medios que
él utilizó. La novia por la cual trabajó no es Raquel sino su
hermana. La ira en la voz de Jacob al confrontar a Labán por la
mañana nos hace recordar el tono de consternación de Esaú (27:36):
“¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te serví por Raquel? ¿Y
por qué me has engañado?” Labán responde con frialdad que las
costumbres sociales son inmutables: “En nuestro lugar no se hace
así, de dar la menor antes que la mayor.” (29:25-26)
Esta reprimenda a Jacob es implacable. Aun cuando la línea escogida
de Abraham esté destinada a trascender por medio de él, ninguna causa, por
más justa que sea, se debe mancillar con el uso de tácticas
injustas. La injusticia hacia aquellos a los que la historia no
redime evoca las simpatías de la Torá. A pesar de no gozar del favor
de Dios, no por ello se libran de Su percepción o
compasión.
La voz que no se escucha en este relato moral es la de Raquel.
Anhelamos echar un vistazo a su reacción ante la desilusión que debe haber
sufrido. Este silencio atrajo al menos dos midrashim que yo conozco,
ambos dignos de atención y conectados entre sí. El segundo, en
efecto, es casi moderno en su empatía con el proceder de Raquel, detallado
en extremo, y en el impacto que se le atribuye. El carácter múltiple
de la literatura rabínica no carece de una ocasional voz
femenina.
El primer midrash imagina a Jacob y Raquel en confabulación. Él le
pide directamente que se case con él y ella accede alegremente. Pero
ella añade que su padre es un hipócrita y que no es fácil de vencer.
Jacob le asegura que él está a su altura. Cuando le pregunta a
Raquel por qué puede querer engañarlo Labán, ella le habla de su hermana
mayor, Lea, quien debiera desposarse primero. Para evitar ser
engañado, Jacob le sugiere a Raquel varias señales por las cuales podrá
identificarla en su noche de bodas. Pero conforme se acerca el día
y Lea es designada para precederla en el casamiento, Raquel se ve
acometida por los remordimientos. Quiere evitarle a su hermana una
humillación, por lo que la informa de las señales convenidas, para que
Jacob no se dé cuenta del engaño hasta la mañana siguiente. Entonces
la Torá dice: Se hizo de mañana, y resultó que aquélla era
Lea” (29:25), implicando que la luz del día reveló lo que la oscuridad
había ocultado. Y fue precisamente por este extraordinario acto de
auto-trascendencia por el que Raquel fue destinada a ser la progenitora
del primer rey de Israel, Saúl, un descendiente a la altura de su
modestia, pues “No aparta (Dios) de los justos Sus ojos” (Job 36:7, Talmud
de Babilonia, Meguilá 13b).
El segundo midrash, más interesante (del cual supe por primera vez gracias
a mi hija, una estudiante de midrash) nos revela unos versos escritos
diferente. En una inspirada profecía de consolación, el profeta
Jeremías, testigo de la destrucción del Templo en el 586 a.e.c,.imagina a
Raquel que se levanta de su tumba para lamentarse por la deportación de
sus hijos hacia el exilio:
Así dice el Señor: Se
oye una voz en Ramá; Lamentación, llanto
amargo: Raquel llora a sus hijos, Rehúsa ser
consolada acerca de sus hijos, porque ya no
existen.
Así dice el
Señor: Reprime tu voz del llanto, Y tus ojos, de
lágrimas; Porque será premiado tu
trabajo, Dice el Señor; Pues ellos volverán de
la tierra del enemigo: De modo que hay esperanza para tu
porvenir, Dice el Señor; Y volverán tus hijos
a su tierra propia.
(Jeremías
31:14-16)
El
midrash, que busca contextualizar esta valiente visión de redención, se
basa en la sensibilidad de Dios ante las lágrimas de Raquel. Según
el relato del midrash, Raquel no es más que la última de una línea de
ancestros que claman ante Dios para que revoque el destino de
Israel.
Israel
se enfrenta a un juicio, acusado de un sinnúmero de pecados por la Torá y
las veintidós letras del alfabeto hebreo. Por turnos, Abraham,
Isaac, Jacob y Moisés presentan un repaso de sus actos supremos de
autosacrificio, para conseguir el favor de Dios. Pero sin resultado
alguno. Dios se mantiene inconmovible pese a la evidencia de su
lealtad desprovista de egoísmo. Sus méritos, tanto individuales como
colectivos, no pueden compensar la culpa acumulada de Israel. Cuando
Moisés pasa del ruego al reproche, Raquel intercede:
“Señor del
Universo. Tú sabes que Jacob me amó apasionadamente y trabajó para
mi padre por mí durante siete años. Cuando el plazo terminó y llegó
el momento de mi matrimonio, mi padre insistió en sustituir a mi hermana
por mí. Yo me sentí mortificada al enterarme del plan y le conté a
Jacob. También le di señales por las que sería capaz de distinguir
entre mi hermana y yo, para que el plan urdido por mi padre fallara.
Pero muy pronto me consolé y superé mis deseos. No quería que mi
hermana sufriera humillación alguna. Esa noche en que nos cambiaron,
le revelé a mi hermana las señales que le había dado a Jacob, para que él
pensara que era yo. Aún más, me escondí debajo de la cama donde
Jacob yacería con mi hermana. Ella guardaba silencio cuando él le
hablaba y yo respondía por ella, puesto que su voz la habría
delatado. En resumen, actué para con mi hermana con compasión más
que con celos. No permití que fuera
humillada.
Ahora bien yo, que
no soy más que carne y sangre, polvo y cenizas, no codicié mi venganza ni
la humillé. Tú, en contraste, eres el Rey único, eterno y
misericordioso. ¿Por qué debieras tener celos de la idolatría, que
es insustancial, y enviar a mis hijos al exilio, permitiendo que sean
asesinados por la espada y despojados por sus enemigos a voluntad?”
Esta vez, Dios se sintió dominado por la compasión y dijo: “Raquel,
en tu obsequio restauraré a Israel a su tierra.” Este es el
significado más profundo de los versos de Jeremías.
(Eijá Rabá, petijta 24; mi
traducción)
Mientras que en su argumentación este midrash posterior es tan solo una
expansión del primero (ambos hacen que Raquel abandone sus designios
iniciales de frustrar el plan de Labán), en su florida retórica bordea la
lascivia y la blasfemia. Con el fin de avergonzar a Dios por su
injustificada cólera, Raquel se atreve a entrar en detalles íntimos para
describir no solo su compasión sino también su autocontrol en una
situación tan llena de provocación. Termina provocando el cambio en
la mente de Dios al ser la única que logra restarle importancia a la
ofensa de Dios ante la idolatría. El monoteísmo no es un asunto para
el machismo. El honor de Dios no puede ser amenazado por la
idolatría. Esto, a mi juicio, es un reproche desde una perspectiva
femenina, posible gracias a un género literario que garantiza la libertad
de desafiar a santidades venerables.
Shabat Shalom,
Ismar Schorsch
Ismar Schorsch es el
Rector del Seminario Judío de Teología. La publicación y distribución
del comentario del Dr. Schorsch de la parashá Vaietze ha sido possible
gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)
Hassenfeld.
Este
comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de
Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido
supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la
Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión
original en ingles, en este mismo
website. |