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Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch
(Seminario Teológico Judío de América)

 

 

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Parashat   Shmot
4 de enero, 2002 - Shmot 5762

 

            Al final de su emocionante biografía de Abraham Joshua Heschel (que desafortunadamente solo contempló la fase europea de su vida), Edward Kaplan y Samuel Dresner reportan que llegó a Nueva York el 21 de marzo de 1940, a bordo del navío Lancastria.  Al leer ese dato, por un momento me pregunté si por casualidad la familia Schorsch no habría llegado en ese mismo barco.  Creía recordar que nuestra llegada había sido en marzo de 1940.   Sin embargo, al revisar los archivos de mi familia, descubrí una tarjeta de identificación de mi hermana en la que se fijaba la fecha de nuestro desembarco el día 27 de marzo de 1940, a bordo del Georgic.   Lo único que recuerdo personalmente de ese viaje es que todos estuvimos agobiados por los mareos.

            Poco después, mi padre se presentó a las oficinas de la Asamblea Rabínica del Seminario Teológico Judío, para aplicar a un trabajo como Rabino Conservador.  Había sido ordenado en 1928 en el Seminario predecesor de Alemania, el Seminario Breslau; se había distinguido como Rabino en Hanover por los siguientes diez años, y durante los quince meses que pasamos en Inglaterra esperando nuestra visa americana se dedicó a aprender inglés.  Por esa época, una pequeña congregación en Pottstown, Pennsylvania, también se había acercado a la
Asamblea Rabínica en busca de un nuevo Rabino, por lo que invitaron a mi padre a hacerse cargo del puesto, que ocuparía hasta su retiro veinticuatro años más tarde.  En 1957 su hijo regresó al Seminario Teológico Judío como estudiante rabínico y en 1986 se convirtió en su
rector número seis.

            Al observar en retrospectiva, nos damos cuenta de que acontecimientos que suceden temprano en nuestras vidas parecieran presagiar eventos por venir.  Siempre en busca del orden, examinamos patrones para encontrar significados especiales.  La parashá de esta
semana nos ofrece un ejemplo impresionante.  El encuentro de Moisés con el arbusto ardiente no ocurre en un sitio cualquiera, sin nombre y sin descripción.  La Torá se desvía de la historia para mencionar que, buscando Moisés en el desierto buenos pastos para su rebaño, llegó
a "Horeb, la montaña de Dios" (3:1).  Será en este mismo lugar en el desierto del Sinaí en donde los israelitas, tras el éxodo, recibirán los mandamientos de Dios en una revelación pública (Deuteronomio 1:6; 4:10, 15; 5:2).  Venerada por mucho tiempo como una montaña sagrada, Horeb es el lugar donde Moisés fue reclutado por primera vez y más tarde reivindicado.  Su experiencia personal de la compasión de Dios hacia un Israel esclavizado anticipa el pacto de Dios con la nación una vez emancipada.  El sitio compartido señala que la culminación está implícita en la comisión.

            En ambos casos, Dios toma la iniciativa de encontrar un socio entre los hombres, y es por esto que comencé este comentario con una referencia a Heschel.  En 1951, aproximadamente seis años después de trasladarse del Hebrew Union College al Seminario Teológico Judío, que
le había asegurado con grandes esfuerzos la visa indispensable para venir a Estados Unidos ("una pluma que escapó al fuego de un altar para Satanás en el que mi pueblo fue inmolado", en sus propias agridulces palabras), Heschel publicó uno de los más valientes libros de teología del siglo XX.  En "El Hombre No Está Solo" se atrevió a afirmar  su profunda convicción de que "Dios no está silencioso.   Ha sido silenciado" (p.152 N de T; las páginas corresponden a la versión en Inglés).  "El hombre fue el primero en esconderse de Dios, tras haber comido del fruto prohibido, y aún está escondido...  '¿Adónde estás Tú?'   '¿Adónde está el Hombre?'  Es la primera pregunta que se da en la Biblia.   Es la coartada del hombre lo que es nuestro problema...  Dios es menos raro de los que pensamos; cuando sentimos nostalgia por Él, Su distancia se evapora" (pp. 152-3).

Para Heschel, "la Biblia no es la teología del hombre sino la antropología de Dios" (p.129), un compendio de experiencias religiosas que tratan de la naturaleza caprichosa de la humanidad desde una perspectiva divina.  En contraste con el Dios abstracto, inmutable y distante de los filósofos, Heschel se pronunció a favor de un Dios compasivo.  La Biblia revela un Dios lleno de ira y angustia, que trata siempre de alcanzar a una humanidad no receptiva.   "La filosofía
comienza con la pregunta del hombre:  la religión comienza con la pregunta de Dios y la respuesta del hombre" (p.76).

            Así pues, Moisés ante el arbusto ardiente representa una escena paradigmática de "Dios en Busca del Hombre", como llamó Heschel a su tratado filosófico más completo del judaísmo en 1956.  Molesto por la rebeldía y la depravación humanas, Dios se siente impulsado a interceder, adular y regañar.   El profeta exhibe una capacidad caritativa única que lo hace sensibilizarse del torbellino íntimo de Dios.  Específicamente, una serie de cuatro verbos en el preludio a este encuentro subraya el grado de sensibilización de Dios ante el sufrimiento de Israel (2:24-25).  Dios se vuelve hacia Moisés porque ya ha demostrado ser un hombre valeroso que no soporta ser testigo de actos de injusticia.  En efecto, es probable que Moisés haya sido guiado hacia Horeb por su popia inquietud, disparada al escuchar la noticia de la muerte del faraón que quería terminar con su vida (2:23).

            Según un midrash maravillosamente perceptivo, la ausencia de tan siquiera un signo diacrítico en el texto señala la urgencia del llamado de Dios.   Una vez que la atención de Moisés se ve poseída por el arbusto en llamas pero sin consumir, Dios se entromete y lo llama:  "¡Moisés!  ¡Moisés!" (3:4).  En otras partes de la Biblia, cuando Dios llama a Abraham (Génesis 22:11), a Jacob (Génesis 46:2) o a Samuel (Samuel I 3:10) repitiendo dos veces sus nombres, una pequeña línea horizontal separa las dos palabras.  En el caso que nos ocupa, falta esa línea, lo que sugiere al midrash un momento de mayor intensidad, semejante a una persona que se tambalea debajo de una carga demasiado pesada para ella, pidiendo a un amigo que le ayude a soportarla (Éxodo Raba 2:6).  Literalmente, ¡una analogía radical que cuelga de un hilo!  El tormento de Israel es una carga que Dios ya no soporta llevar por sí solo.  Moisés debe venir en su ayuda.

            En resumen, Dios se infiltra en el mundo para que lo descubramos tanto en un arbusto común y corriente como en la cima de una majestuosa montaña.  De acuerdo con Heschel, otro midrash habla de lo que significa el que Dios se enfrente a Moisés por medio de un arbusto,
como si quisiera decir que esta elección significa que ningún lugar está libre de la presencia de Dios (Éxodo Raba 2:5).  Si fallamos en sentir esa presencia o en escuchar la voz de Dios, es porque hemos permitido que nuestras vidas estén saturadas de distracciones.  En los años posteriores a 1945, cuando muchos escribieron sobre el eclipse o la muerte de Dios, Heschel reafirmó más bien la posibilidad de una fe viva con convicción y elocuencia sin parangón.  Ni las llamas del Holocausto fueron suficientes para consumir el arbusto u ocultar la presencia de Dios.


Shabat Shalom,

Ismar Schorsch

 

Ismar Schorsch es el Rector del Seminario Judío de Teología. La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch de la parashá Shmot ha sido possible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

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