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Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch
(Seminario Teológico Judío de América)

 

 

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Parashat   BO 5762
18 de enero, 2002
Por la Rabina Lauren Eichler Berkun
Becaria rabínica del JTS
Reemplazando esta semana al Rabino Dr. Ismar Schorsch
Rector del Jewish Theological Seminary
Exodo 10:1 – 13:16

Traducción de Martha E. Lichtenstein
  

En una conmovedora entrevista televisada, la última persona que se rescató con vida del World Trade Center describió su pánico cuando vio que la noche había llegado mientras ella seguía atrapada bajo los escombros.  Una vez que esta mujer se dio cuenta que la luz entre las láminas de concreto y metal se había desvanecido, y que estaba verdaderamente oscuro afuera, perdió toda esperanza de ser rescatada jamás.

El terror de la noche es un tema universal con el que lucha cada sociedad y cada religión.  No es extraño que el testimonio fecundo de Elie Wiesel de su experiencia en Auschwitz se titule simplemente Noche.  Esta metáfora para los horrores del Holocausto encuentra eco en seres humanos de todas las culturas.  La oscuridad de la noche indica peligro, la parte malvada más vulnerable de la civilización, el temor a perderse, ser perseguido o atrapado.  El poder de la oscuridad es bien conocido por nuestra Torá. En la Parashá de esta semana, las tres plagas finales utilizan el instrumento de la oscuridad como una fuerza de terror y desesperación.

No es sorprendente que las plagas culminen con la oscuridad   y la noche. Las imágenes son poderosas.   En la octava plaga las langostas “Cubrieron toda la superficie del país hasta oscurecer la tierra” (Ex.10:15). La tierra oscurecida simboliza el destino que se cierne sobre todo Egipto. En la novena plaga hubo “oscuridad sobre la tierra de Egipto, una oscuridad que podía palparse...  No se veían unos a otros, y nadie se levantó de su sitio por espacio de tres días” (Ex.10:21-23).  Los egipcios están atrapados por la oscuridad, completamente inmovilizados por su propia maldad.  Estos días de parálisis también presagian su destino cierto - el destino de  una noche final.  El deceso decisivo de una nación malvada ocurre a medianoche. La décima y última plaga, conjura todos los temidos terrores de la noche: demonios, sangre, muerte y destrucción.

Sin embargo yo sugeriría que la historia del Éxodo desafía cualquier interpretación simple de la oscuridad y la noche.  Aviva Zomberg escribe acerca de la paradoja de la noche del Éxodo:  “Para los egipcios la oscuridad es caos, ceguera, muerte.  Más extraño aún, para los Israelitas,  también, es terror, aprisionamiento, sangre, además de redención.”  En otras palabras, no es el enemigo el único que experimenta la tristeza de la noche. Ni es la oscuridad en la historia de Éxodo totalmente cruel.  En la noche hay un elemento de redención.

Estamos tan paralizados por la fuerza punitiva de la oscuridad sobre los egipcios, que a menudo pasamos por alto el impacto de la noche sobre los israelitas.  Al igual que los egipcios, los israelitas están atrapados por la plaga final.  Moisés les advierte, “Ninguno de ustedes saldrá de la puerta de sus casas hasta la mañana” (Ex.12:22).  ¿Por qué estarían los israelitas esencialmente aprisionados en esta noche?   Como nos explica Rashi, ”Esto nos dice que se ha dado permiso al Destructor para hacer daño, él no diferencia entre los justos y los malvados.  Y la noche es el dominio de los destructores.” Así que los israelitas, aunque protegidos por sus puertas empapadas de sangre están sin embargo sujetos a los demonios nocturnos. Esta noche colmada de miedo se intensifica con la dramatización intencional del pánico en la comida del sacrificio de Pesaj.  Es difícil imaginar comer en absoluto, durante una noche en que los ángeles de la muerte rozan tu puerta y fuertes gritos brotan de todos los rincones de Egipto. Sin embargo, a los Israelitas se les ordena comer, y hacerlo con frenesí: “Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, y el bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa (b’hipazon).  Es una ofrenda pascual al Señor.  Pues en esa noche pasaré por la tierra de Egipto y abatiré a todos los primogénitos en la tierra de Egipto…” (Ex12: 11-12) .

Esta fiesta improbable en medio del terror ilustra la diferencia entre la oscuridad de la noche para los egipcios y la oscuridad de la noche para los israelitas.  La oscuridad ha atrapado a ambos.  Sin embargo, en una casa la oscuridad significa muerte y destrucción, mientras que en la otra indica el sueño de un nuevo futuro.  Los israelitas están serenos en la víspera de un viaje.  Mientras que la oscuridad es una tumba para Egipto, sirve también como el lugar de nacimiento de un pueblo liberado.  “Hay un ángel a cargo de la concepción y su nombre es Noche” (Talmud de Babilonia, Nidá 16b). Esta noche, preñada con la promesa de salvación, se describe en la Torá como  leil shimurim, “una noche de vigilancia” (Ex.12:42).  Como explica Ibn Ezra, Dios “veló por los israelitas y no permitió al destructor entrar a sus hogares.”  Dios guarda vigilia por los israelitas durante esta noche de terror y pánico.  De esta forma, la noche es redimida. Hasta hoy, la liturgia judía tradicional a la hora de dormir incluye la reconfortante imagen de la vigilia constante de Dios: “No, no duerme ni dormita el guardián de Israel” (Salmo 121:4).  Cada noche que contiene el miedo a la oscuridad también contiene la esperanza del refugio amoroso de Dios.   En nuestra historia de liberación, hay todavía una noche temible.  No podemos escapar de la oscuridad en este mundo; sin embargo, los sucesos de la historia del Éxodo, nos enseñan que la noche puede ser transformada en tierra fértil para nuevos comienzos.   La fiel vigilancia de Dios en la noche contiene el sueño de un amanecer.

Shabat Shalom

 

Ismar Schorsch es el Rector del Seminario Judío de Teología. La publicación y distribución del comentario de la Rabina Berkun de la Parashá Bo ha sido hecha posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z”l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Martha Lichtenstein, de la Congregación Beth Israel, Aruba - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

 

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