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Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch
(Seminario Teológico Judío de América)

 

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SUKOT – SHMINI ATZERET 5762
Dr. Ismar Schorsch,

Rector del Seminario Judío de Teología 

            La alegría de Sukot se ve disminuida por una profunda preocupación acerca del agua.  Mientras damos gracias por la cosecha que apenas termina, comenzamos a preocuparnos por la abundancia de la próxima.  Pero recuerden:   es de la temporada de lluvias en Israel de lo que hablamos.  A pesar de dos milenios de exilio, el calendario judío todavía está inseparablemente unido a las estaciones del año en la antigua patria.  Si la justificación histórica de los tres festivales de la cosecha hacen referencia al éxodo y a la experiencia en el desierto, su base agrícola continúa reflejando las condiciones climáticas de Israel.  El calendario ha servido, en otras palabras, como una matriz altamente efectiva para el cultivo de los sentimientos nacionales.  El sionismo de finales del siglo XIX habría sido inconcebible sin la lealtad inquebrantable del pueblo judío al carácter central de Israel.

Que en Sukot se manifieste angustia por la lluvia no nos sorprende:   en Israel solo llueve durante los meses de invierno.  El margen de seguridad es precario.  Así pues, Sukot, desde la época del Segundo Templo (siglo VI a.e.c.), era considerado como el momento en que Dios decidía quiénes serían bendecidos con la lluvia en el nuevo año y quiénes no.  En su última profecía mesiánica, Zacarías señala este enlace como un hecho, y sugiere que la idea es mucho más antigua.  Habla de una peregrinación anual a Jerusalén en la época de Sukot por parte de todas las naciones del mundo.  Aquellos que faltaren no serían bendecidos con la lluvia  (Za. 14:17).  Las palabras del profeta fueron elegidas como haftará para el primer día de Sukot. 

La Mishná se encargó de convertir esta profecía en norma.  Considera a Sukot como una de las cuatro veces durante el año en que Dios hace inventario de la humanidad, tres veces en forma colectiva y una, en Rosh Hashaná, en forma individual.  En Sukot, Dios determina la cantidad de lluvia para el nuevo año, haciendo coincidir la bondad de la naturaleza con el comportamiento humano.  Otra vez, el cambio de las estaciones en Israel rige las temporadas (Rosh Hashaná 1:2). 

La Mishná también describe una libación diaria de agua y de vino en el altar del Templo durante los siete días de Sukot.  Rabí Akiva se refirió a la dinámica subyacente de magia benévola existente en el ritual del Templo durante los tres festivales de peregrinación.  La razón del por qué la Torá nos exige que llevemos gavillas de cebada en Pésaj, los primeros frutos de la cosecha de trigo en Shavuot y libaciones de agua en Sukot, es porque el destino de la humanidad con respecto a estos elementos esenciales para la vida será definido durante estas tres convocatorias sagradas (Mishná Suká 4:9, Tosefta Suká 3:18).  La vida tiene el poder de influir en la vida.  Pero el Talmud transforma muy pronto la magia en recuerdo.   El favor de Dios es siempre un asunto de voluntad.  ¿Por qué el shofar que tocamos en Rosh Hashaná es un cuerno de carnero?  Para recordarle a Dios la disposición de Abraham de sacrificar a su hijo, con el cuerno como símbolo del carnero ofrecido en su lugar, y para inducir a Dios a tomar en cuenta ese acto a nuestro favor (Talmud de Babilonia. Rosh Hashaná 16a).  La piedad de las antiguas generaciones constituye parte del capital religioso de las generaciones posteriores. 

Finalmente, el Talmud propone reconocer las cuatro especies de Sukot  como un recordatorio gráfico de la dependencia de la humanidad en el agua.  Así como el árbol de palma, (lulav) el mirto (Adas), el sauce (Aravá) o el etrog no pueden sobrevivir sin agua, tampoco lo puede el mundo (Talmud de Babilonia Taanit 2b).  El símbolo enfatiza el carácter de destino que tiene el festival.

Sin embargo, definitivamente no queremos que comience a llover durante Sukot.  En la época del Templo, Jerusalén estaba llena de peregrinos llegados de la Diáspora.  Aún más, durante siete días la residencia habitual de la gente era la Suká.  La lluvia fuera de estación se veía como una señal del desagrado de Dios, semejante, según la Mishná, a la imagen de un sirviente que llega a mezclar la copa de su señor y se encuentra más bien con que su amo le vacía el cucharón en su cara (Suká 2:9).  Por esta razón, la plegaria por la lluvia no se introduce en la sinagoga hasta Sheminí Atzeret, festival inmediatamente posterior a Sukot.  La solemnidad del momento nos devuelve a las Altas Fiestas.   El jazán viste un kittel y entona la melodía de los Días Reverenciales.  La poesía reemplaza el ritual de la libación.

Pero qué ejemplo tan exquisito de la inmensidad de literatura poética, compuesta durante la Edad Media, con la que enriquecer y matizar el servicio de la sinagoga.   El arte nunca faltó en la sinagoga; simplemente asumió una forma verbal más que visual.  La oración por la lluvia en el rito ashkenazí fue compuesta por Eleazar Kallir, un maestro extraordinariamente prolífico y a menudo oscuro del piut (poesía litúrgica hebrea), cuyas obras abundan en el ciclo anual de los servicios festivos.  Como Shakespeare, Kallir el hombre ha eludido la investigación histórica.  Pero el poder y el arte de su trabajo están fuera de discusión. 

Su poema, que introducimos al principio de la repetición del musaf amidá, es una respuesta ingeniosa y artística a la pregunta de cómo podemos convencer a Dios para que nos bendiga con suficiente lluvia.  Se remonta al mérito humano y a la memoria divina, a los méritos acumulados de los ancestros de Israel y a la voluntad de Dios de considerar ese record de pasada virtud a la hora de dictar nuestro destino futuro.  En seis estrofas comprimidas, alusivas y finamente cinceladas, Kallir relata la historia de los patriarcas, Moisés, el sumo sacerdote y el pueblo judío, estrictamente en términos de crisis relacionadas con el agua.  La facilidad de la palabra disfraza la complejidad de su concepción.  En las últimas dos líneas, el poema se torna amargamente contemporáneo.   Con el agua como símbolo de la sangre y la persecución, Kallir cierra con una plegaria para la redención y no solo para la lluvia. 

La intrincada belleza del poema formal profundiza el brillo de su esencia.  Cada estrofa consiste de cuatro líneas con un estribillo de una línea alternada entre las estrofas, para un total de 30 líneas.  Para enfatizar aún más el tema, cada línea termina con la palabra maim, agua.  Kallir nunca se desvía de su objetivo, ni en la forma ni en el contenido.  La primera letra de cada línea sigue el orden de las 22 letras del alfabeto hebreo, siendo la última estrofa una repetición de las últimas dos letras del alfabeto.  De nuevo, la atención a los detalles es un frágil tributo a la grandeza del autor. 

Kallir, en nombre de la congregación reunida, se dirige a Dios directamente.   Cada estrofa comienza con la palabra introductoria zajor, recuerda.  A partir del famoso libro del mismo nombre del Prof. Yosef Yerushalmi, tendemos a considerar al acto de recordar como una función solo de los seres humanos.  Pero la fe como acto de lealtad a unos pocos momentos cumbres es una obligación tanto divina como humana.  La noción bíblica de pacto conlleva un compromiso mutuo.  Tanto Dios como Israel estrechan su relación mediante un repertorio de memorias compartidas que mitigan el desengaño recurrente.  La memoria ayuda a cada participante a abrazar los altos y trascender los bajos, adquiriendo de esta forma un grado de constancia satisfactoria. 

 Ofrezco mi propia e inadecuada traducción con la esperanza de poder transmitirles al menos un poquito de mi amor por la pequeña obra maestra de Kallir y por el género en general.  

Recuerda a Abraham atraído hacia Ti como el agua.
Lo bendijiste como a un árbol con riachuelos de agua.
Le diste refugio y lo salvaste del fuego y del agua.
Lo amaste por sus hijos que beberían de la rectitud como del agua.
            Por él, no nos niegues el agua.

Recuerda a Isaac cuyo nacimiento fue anunciado sobre un poco de agua.
Ordenaste a su padre derramar su sangre como si fuera agua.
Él también lo instruyó a vaciar su corazón como si tuviera agua.
Más tarde cavó y encontró pozos de agua.
            Por su virtud, bendícenos con suficiente agua.

Recuerda a Jacob con su cayado en mano cruzando el río Jordán y su agua.
Él solo rodó la piedra desde el pozo de agua.
Cuando luchó con un ángel de fuego y de agua,
Le prometiste estar con él en el fuego y en el agua.
            Por él, no nos niegues el agua.

Recuerda a Moisés en su canasta de mimbre flotante sacada del agua.
Las hijas de Jetro contaron:  proveyó a nuestra ovejas de agua.
Cuando tu pueblo precioso estaba sediento de agua,
Él golpeó la roca para producir agua.
            Por su virtud, bendícenos con suficiente agua.

Recuerda al Sumo Sacerdote que en Yom Kipur se sumergió cinco veces en agua.
Que purificó sus manos y sus pies con sagrada agua,
Leyendo de la Escritura depurada con agua,
Apartado de las multitudes inestables como el agua.
            Por él, no nos niegues el agua.

Recuerda las doce tribus que trajiste a través de la partición del agua.
Endulzaste para ellos en el desierto la amargura del agua.
Por Ti, la sangre de sus descendientes ha corrido como el agua.
Vuélvete a nosotros porque estamos a punto de hundirnos en el agua.
            Por su virtud, bendícenos con suficiente agua.

Jag sameaj,

Ismar Schorsch

 

La publicación y distribución del comentario de Sukot del Dr. Schorsch ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita Dee y Harold (z”l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

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