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Shabat SHEKALIM, Parashat MISHPATIM 5762
Éxodo 21:1 - 24:18
9 de febrero, 2002       27 de Shevat 5762

Por el Rabino Lewis Warshauer
Becario rabínico del JTS
Reemplazando esta semana al
Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

El otro día, hablando del enorme impacto que tienen los libros del Rabino Harold Kushner, la persona con la cual hablaba me dijo: “Ah sí, ‘Cuando las Cosas Buenas le Pasan a la Gente Mala’”. Ambos nos reímos, pues el título del libro es “Cuando las Cosas Malas le pasan a la Gente Buena”. El sufrimiento de la gente buena, o al menos de la gente inocente, es tan difícil de aceptar que los libros que tratan sobre este tema son en verdad populares. Sin embargo, también se podría publicar con el título al revés. El hecho de que personas culpables salgan impunes es una fuente continua de dolor para sus víctimas y la sociedad en general. En un sistema secular, cuando los criminales salen libres, la justicia se debilita. En un sistema religioso, la benevolencia y la protección de Dios se ven menoscabadas.

La lectura de la Torá de la semana pasada contiene los Diez Mandamientos, incluyendo aquel que constituye un decreto en toda sociedad civilizada: No asesinarás (la traducción correcta es “asesinar”, no “matar”). Esto no es lo último que oímos sobre el asunto. Puesto que la Torá especifica el asesinato, tiene por fuerza que definirlo y, en la parashá de esta semana, la Torá entra en detalles sobre cuando el matar constituye un asesinato y cuando no. Como en todos los códigos seculares actuales, el elemento clave es la intención. Pero a diferencia de los códigos legales seculares, la
Torá le asigna a Dios un papel en el proceso: “El que hiriere mortalmente a otro, morirá. Mas cuando no lo hiciere con mala intención, sino que sucedió por un acto de Dios, en tal caso Yo te señalaré lugar adonde habrá de huir.” (Éxodo 21:12-13)

El Talmud (Makot 10b) se pregunta a qué se refiere la Torá cuando dice “sucedió por un acto de Dios” y, en respuesta, sugiere un escenario que involucra el homicidio, que es una ofensa capital, y el homicidio sin premeditación, que es castigado con el exilio del ofensor a una ciudad de refugio: Tenemos dos hombres. Uno ha cometido homicidio; el otro ha matado a alguien involuntariamente. Pero en el caso de estos dos hombres, no hubo ningún testigo de la muerte de las víctimas, como requiere la ley, así que el primero no es ejecutado y el segundo no es desterrado. Ambos salen libres. Dios se encarga de que estos dos hombres se encuentren en la misma posada al mismo tiempo. El hombre que cometió homicidio está sentado debajo de una escalera mientras el hombre que cometió homicidio involuntario se halla sobre la escalera y se cae, matando al hombre que está debajo. El que ha asesinado es entonces castigado como debiera haberlo sido, y el que subía la escalera es desterrado, como también debiera haber sido; como todo esto sucede en una posada, hay testigos. El desenlace de la escena se llama “justicia por manos celestiales”.

En una lectura simple del versículo de la Torá, “acto de Dios” se refiere solo al asesinato sin premeditación. Si una persona está en el lugar equivocado en el momento equivocado, y es muerto por otra persona involuntariamente, es un acto de Dios, no un accidente. La Torá no hace referencia al destino de un asesino intencional que, gracias a un tecnicismo, sale libre. Es un caso en donde la justicia terrenal falla. Es por esta razón que se formuló el concepto de justicia divina, de la cual la escena en el Talmud es un ejemplo.

Ni el sistema de justicia secular ni el sistema de justicia religioso pueden proveer una justicia completa. Al tratar de asegurar que gente inocente no sea castigada por crímenes que no cometieron, a veces sucede que personas culpables no son castigadas por sus crímenes. En un sistema secular, no hay remedio que valga. Los criminales salen libres, y a menudo siguen libres. Un sistema religioso tampoco puede proporcionar un remedio directo a situaciones de esta índole. Lo que sí puede proporcionar es consuelo. El Libro de Salmos dice, por ejemplo: “El Señor ama a los justos... pero retuerce el camino de los inicuos” (Salmos 146:8-9). Los salmos, sin embargo, no constituyen la ley. El judaísmo, al ser un sistema integrado en el que los asuntos legales y religiosos no están separados entre sí, es capaz de construir un mecanismo de reparación divina para una situación donde se ha cometido un error terrenal. El que las escaleras caigan en realidad sobre los culpables tal vez no viene al caso. El asunto es que la ley judía no permanece en silencio ante la injusticia, aún cuando no pueda resolver esa injusticia. Aunque la ley judía no funcione en su totalidad hoy en día, y ciertamente no funciona en lo que respecta a hechos criminales, sus mensajes sobre la manera en que el mundo debiera ser, son todavía claros y pertinentes.

Shabat Shalom.

 

La publicación y distribución del comentario del Rabino Warshauer de la Parashá Mishpatim ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción y distribución del comentario del Rabino Warshauer de la Parashá Mishpatim ha sido realizada gracias a la generosa donación de Jorge y Anny Weill de El Salvador, al cumplirse este shabat 5 años del Bar Mitzva de su hijo Alexis.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Ete comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

 

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