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Parashat KI TISA - Shabat PARA 5762 - Éxodo 30:11 - 34:35 30:10
2 de marzo, 2002         18 de Adar 5762
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

Al escribir en la semana de yorzeit de mi padre, me siento inclinado a reflexionar de nuevo sobre algunas de las herencias espirituales que me dejó. Una de mis favoritas es el mordaz término “piedad desalmada” o “piedad sin alma”, que solía usar para describir un fenómeno bastante común que se da cuando la observancia ritual pierde su carga emocional y nos encontramos recitando monótonamente los rezos. El judaísmo es una religión basada más en el comportamiento que en las creencias; la complacencia le gana a la espontaneidad en su escala de valores. El ritmo de nuestras vidas cotidianas está marcado por los actos rituales. ¿Pero qué debemos hacer cuando sentimos que nuestro yo interior y nuestras acciones exteriores no están sincronizadas? La piedad sin alma es lo que nos queda cuando el ritual se ha convertido en algo puramente rutinario. Desde una perspectiva externa, seguimos acatando los rituales, pero en lo más profundo nos sentimos desligados e insatisfechos. Sabemos que “Las palabras sin pensamientos nunca llegan al cielo”.

El peso muerto de una religión desprovista de vida está retratado gráficamente en un atrevido midrash sobre el relato de la parashá de esta semana. Moisés se demora demasiado tiempo en la cima del Monte Sinaí. En su ausencia, los israelitas le exigen a Aarón, su sacerdote, que les presente un símbolo visible y permanente de la presencia de Dios entre ellos. De sus joyas, Aarón funde un becerro de oro y proclama: “Este es tu dios, Oh Israel, que os sacó de la tierra de Egipto!” (32:4) Aliviados, los israelitas celebran con sacrificios, banquetes y danzas. La escena desilusiona a Dios quien, de no ser por la intercesión persuasiva de Moisés, abandonaría a su suerte a “este pueblo de dura cerviz” (32:9).

Pero cuando Moisés desciende de la montaña y es testigo del desmadre, se convierte en acusador. Su ira se equipara a la de Dios: "Y fue así que cuando se acercó al campamento, y vio el becerro y las danzas, se encendió la ira de Moshé y arrojó de sus manos las tablas, y quebrólas al pie del
monte." (32:19) La clara realidad de la inconstancia humana subyuga el momento de la revelación divina.

Como siempre tan concienzudos, los rabinos no se sintieron satisfechos con el significado superficial del texto. Había más en el acto espontáneo de Moisés que mera furia. ¿Qué estaba pensando Moisés cuando quebró las tablas? Algunos detectaron una pizca de compasión. Mientras no hubieran
recibido las tablas de la Ley, los israelitas no podían considerarse culpables por su comportamiento. Moisés se detuvo a la hora de transmitirlas porque de repente se dio cuenta de que las normas de la Torá estaban mucho más allá de la capacidad del pueblo para obedecerlas. Aún más empático es un midrash que infiere que Moisés se sintió invadido por la desesperación. Hechas de piedra, las dos tablas realmente pesaban. Pero mientras contuvieran las inscripciones hechas por Dios, se transportaban por sí mismas y a Moisés junto con ellas. Pero una vez que vieron los tambores y los bailes alrededor del becerro, las palabras sagradas volaron de la piedra y volvieron a ascender al cielo, dejando a Moisés que cargara solo las desnudas piedras. Desvalido, las tiró al suelo (Pirke deRabi
Eliezer, capítulo 45).

Las tablas sirven al autor de este midrash como una pantalla donde proyectar el estado mental de Moisés. La imagen de las letras regresando al lugar de donde vinieron indicaba un fracaso total. El trato se había roto. Israel había demostrado indefectiblemente que no era merecedor de elevar a la humanidad siendo escogido por Dios como su pueblo. Moisés había arriesgado su vida en vano. ¿O las letras que retrocedían solamente significaban que la revelación no era por sí misma una consumación? El progreso en la transformación del carácter humano de esclavo a ciudadano, de bestia a humano, se desarrolla lenta y desigualmente, siempre sujeto a retrocesos descorazonadores. Los milagros son efectivos solamente a corto plazo. Despojadas de sus inscripciones, las piedras cayeron como un golem no redimido por el espíritu.

Como tal, la imagen de tablas cuyas palabras se han fugado se convierte en un vívido símbolo para el estado de piedad sin alma. ¡Cómo pesan los rituales que ya no nos dicen nada, que hacemos solo por costumbre, obligación o piedad filial después de que su significado se ha evaporado!
La pérdida puede venir de direcciones opuestas, por demasiada o muy poca práctica, por ignorancia o por rutina. El ritual se basa en la repetición. Es por esto que preferimos el seder antes que el Shabat o las oraciones diarias. Entre menos frecuente sea el acontecimiento, más significativo y menos cargante. Pero en el judaísmo hay muchas cosas que se repiten constantemente, a diario o semanalmente, como las plegarias. El ritual le confiere a nuestra vida momentos de santidad. Es el lenguaje por medio del cual nos comunicamos con Dios, el puente que nos permite vivir en dos mundos al mismo tiempo. Si lo descartamos como un peso muerto, nuestras vidas dejan de ser tocadas por la gracia de Dios.

El camino a la trascendencia no es una súbita epifanía sino el trabajo afanoso de la rutina. La espontaneidad se escapa de la regularidad. Para encontrar a Dios primero necesitamos desarrollar una relación con Él. El Sidur constituye una pista de lanzamiento con una larga cuenta regresiva.
Mientras trabajamos para perfeccionar las habilidades de rezar en una forma judía, necesitamos cultivar la disposición mental que comunica lo mecánico con lo espiritual. La Mishná, que insiste en que nos desprendamos de nuestros egos antes de volvernos hacia Dios, reporta que los místicos de la antigüedad preparaban sus mentes durante una hora antes de empezar a orar. Nuestra concentración debiera ser de tal magnitud que ni el saludo de un rey ni la presencia de una serpiente venenosa nos distrajera (Brajot 5:1).

Cada uno de nosotros debe desarrollar sus propias técnicas para mantener a raya el peligro del entumecimiento espiritual. Para mí, el moverme junto a un minián es especialmente estimulante. La energía religiosa generada por la comunidad a menudo llena mi propio tanque agotado. El estar de pie
mientras rezo y el cantar muchas de las palabras consigue que mi ser completo se prepare poco a poco para buscar la cercanía con Dios. Las satisfacción en la oración no se da de una forma pasiva. Con la fluidez ganamos opciones, ya sea para sondear las palabras en busca de un nuevo significado o más bien para, despojándolas de todo significado, poder navegar más allá del lenguaje hasta alcanzar otra dimensión. Cuando me siento inclinado a lo intelectual, escojo lo primero; cuando me siento místico, lo segundo. Las palabras vacías se convierten en medios de expresión para mis propias y sentidas necesidades.

Sobre todo, debemos tener presente el principio enunciado por los sabios de Yavné no mucho tiempo después de la destrucción del Templo por los romanos: “No importa si oramos mucho o poco, siempre que nuestros corazones estén firmemente fijos en Dios” (Talmud de Babilonia, Brajot 17a).

Shabat Shalom.

 

La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch sobre la Parashá Ki Tisa ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción y distribución del comentario del rabino Schorsch de la Parashá Ki Tisa ha sido realizada gracias a la generosa donación de Martha y Adolfo Lichtenstein, de Aruba, en memoria de su madre y suegra, Lisa Goldenberg, z"l, al cumplirse un nuevo aniversario de su fallecimiento.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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