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Parashat TZAV - Shabat HAGADOL 5762 En la Edad Media, cuando los rabinos eran más que nada especialistas y magistrados de la ley judía, predicaban solamente dos veces al año en la sinagoga, en Shabat Hagadol, el shabat antes de Pésaj, y en Shabat Shuva, el shabat antes de Iom Kipur. Los intrincados rituales de cada una de estas fiestas ameritaban un poco de instrucción pública. Esta costumbre destacaba la afinidad entre estas dos estaciones, cada una de las cuales inicia, a su manera, el comienzo de un nuevo año. Como todos sabemos, el judaísmo tiene dos festivales de año nuevo: Pésaj en la primavera y Rosh Hashaná en el otoño. Esta dualidad dice mucho sobre la tendencia que tiene el judaísmo a hacer justicia a lo complejo de la condición humana. Sea cual sea la historia de Rosh Hashaná, pos-bíblica en su mayor parte, ya para la época del período rabínico nos encontramos con dos festividades completamente diferenciadas que inauguran un nuevo año. Nisán, el mes en que cae Pésaj, señala el primero en el ciclo anual de doce meses, mientras que Tishréi anunciaría la llegada de un nuevo año solar (actualmente 5762). No tengo ninguna intención de enredarles la vida con los embrollos del calendario judío, aunque siempre me han parecido fascinantes. Lo que quisiera es, mas bien, reflexionar sobre lo que significa el preservar e integrar dos sistemas diferentes de contar el tiempo. En la generación posterior a la destrucción del Segundo Templo (70 E.C.), los Rabinos Eliézer y Ioshua a menudo chocaron en sus esfuerzos por brindar consuelo y fortificar a una nación doliente. En una de sus disputas difieren sobre cuál mes del calendario sustentaba mayor significado. Rabí Eliézer proclamaba que tenía que ser Tishréi, pues en ese mes el mundo había sido creado y la redención de Israel del exilio estaba destinada a suceder. El mes también conmemoraba, entre otros acontecimientos notables, el nacimiento y la muerte de los patriarcas, la concepción de las matriarcas, la liberación de José de la prisión y el final de los trabajos forzados de nuestros ancestros en Egipto (aunque no de su calidad de esclavos). Rabí Ioshua no estaba de acuerdo. Para él, la historia giraba alrededor de la simetría que detectaba en el mes de Nisán, en el que el mundo fue creado, los patriarcas nacieron y murieron e Israel fue redimido de Egipto. Y en ese mismo mes el pueblo judío experimentaría su redención final (Talmud de Babilonia Rosh Hashaná 10b-11a). El asunto en discusión aquí es la ambigüedad de tener un calendario con dos años nuevos. Rabí Ioshua tenía la ventaja del apoyo bíblico. El antiguo Israel emergió como una nación en el escenario de la historia con el Éxodo. El caldero egipcio había forjado su identidad y moralidad; la historia se encargó de refundir un antiguo festival agrícola de primavera y de convertirlo en una celebración de nacimiento nacional. Y el mes en que esto sucedió de ahí en adelante sería, para vosotros el primero de los meses del año (Éxodo 12:2). A falta de este apoyo, Rabí Eliézer se atrevió a invocar el precedente histórico fundamental: la Creación misma. Rosh Hashaná era preferible porque tenía alcances más universales, como conmemoración del nacimiento de toda la humanidad. Las consideraciones nacionales, por el momento, podían considerarse secundarias. En contraste, Rabí Ioshua, para quien la redención nacional constituía la culminación del calendario, alineó la creación con el mes del Éxodo. La Mishná, que apareció casi un siglo después, pareciera estar de acuerdo con esta dicotomía de lo universal/particular. Según la Gemara, la Mishná declaró que cuando los años se contaban a partir del reinado de un monarca judío, el nuevo año comenzaba en Nisán, pero cuando se contaba a partir del reinado de un rey gentil, el nuevo año comenzaría en Tishréi. En mi opinión, la correlación entre Nisán con la soberanía judía se basa de manera implícita en el punto de vista de Rabí Ioshua, que sostiene que el calendario judío comienza en el Éxodo. Por el contrario, la correlación de Tishréi con la soberanía de los gentiles concuerda con el punto de vista de Rabí Eliézer, de que el universo fue creado en Tishréi. En la misma línea, la Mishná no se conforma con esto y le adjudica a Rosh Hashaná un empuje universal enteramente nuevo. Mientras que en Pésaj, Shavuot y Sukot, por su carácter agrícola subyacente, Dios determina la productividad de la tierra de Israel con referencia al mérito moral de sus habitantes, en Rosh Hashaná Dios decide el destino de cada ser humano para el año que comienza en una audiencia personal. Por un momento, mientras nuestro futuro cuelga en la balanza, tenemos la atención completa de Dios. Rosh Hashaná le agrega una nota sumamente individualista a un calendario religioso saturado de sentimientos nacionalistas. Afirmar que el mundo fue creado en Tishréi es asignarle un valor supremo a la imagen divina estampada dentro de cada vida humana (Rosh Hashaná 1:1-2). Así pues, la existencia de dos años nuevos hace eco al debate casi olvidado de los Rabinos Eliézer y Ioshua. Lo que los une, sin embargo, es que ninguno de los dos clamó por la adopción de un calendario con solo un año nuevo. Discutieron, sí, sobre cuál debía ser el más importante y cuál el secundario. En su favor, el judaísmo incorporó ambos. Las festividades más nuevas de Rosh Hashaná y Iom Kipur no destituyeron al festival de Pésaj, el peregrinaje más antiguo. Juntas, ambas fiestas sagradas expresan la plenitud de las necesidades humanas. En la primavera, nos juntamos con la familia y los amigos para celebrar el renacimiento de nuestro pueblo. La naturaleza y la historia convergen en un estallido de vida, esperanza y creatividad nuevas. Tenemos una necesidad de pertenecer, de atar nuestras vidas a algo más grande y más duradero que nosotros mismos, de encontrar significado más allá de nuestro propio ego. Pero el ego tampoco puede ser negado. Debe encontrar algún espacio solitario y sagrado dentro de la totalidad de la comunidad y del pueblo. Y por lo mismo nos volvemos a reunir en el otoño, enmarcados por un mundo natural que comienza a marchitarse, con el fin de contemplar lo que significa el paso del tiempo en nuestras propias vidas. Los diez días que unen Rosh Hashaná con Iom Kipur nos proporcionan un período de contracción, reflejo de la naturaleza, del que saldremos revitalizados. Para vivir nuestras vidas cotidianas de manera significativa necesitamos ser imbuidos de vez en cuando con un sentido de eternidad. Como en tantas otras áreas, el judaísmo busca el equilibrio, manteniendo las polaridades en una tensión creativa. El fenómeno de dos años nuevos, enfocados en la nación y en el individuo y promoviendo los valores de particularismo y universalismo, no es un ejemplo aislado. El judaísmo ofrece una lógica infinita entre polaridades, tales como sacerdote y profeta, ley y salmodia, una Torá escrita y una oral, o, mejor aún, un canon sin conclusión, halajá y agadá, racionalismo y misticismo, y la centralidad de la tierra de Israel y la adaptación a la vida en el exilio. En resumen, el judaísmo es un prisma glorioso que refracta la luz de Dios en un arcoiris de las expresiones humanas. Shabat Shalom ve-Jag Saméaj Ismar Schorsch.
La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch sobre la Parasha Tzav ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld. La traducción del comentario de Parashat Hashavua del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org Esta traducción puede ser reproducida citando su origen. Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen. |
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