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Shabat JOL HAMOED PESAJ
30 de marzo, 2002
17 de Nisan, 5762
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary
Traducción de Inés Baum
En el libro del
Deuteronomio encontramos, un poco escondida, una breve ley que encierra enorme significado
para el espíritu del judaísmo. No abominarás al egipcio, porque extranjero fuiste
en su tierra. Los hijos que nacieren de ellos en la tercera generación podrán entrar en
la
congregación del Señor (23:8-9). A pesar de todo lo que sufrieron en Egipto, no
existe un mandamiento donde se mande erradicar a los egipcios (como sí existe para con
los amalequitas, 25:17-19), o donde se predique un rencor eterno en su contra. Mas bien
por el contrario, después de dos generaciones de residencia en Israel, los egipcios
serían elegibles individualmente para ser admitidos como israelitas plenos.
La ley demuestra una medida de gratitud ilustrada muy bien por el proverbio rabínico:
No tires una piedra dentro del pozo del que una vez bebiste (Talmud de
Babilonia, Baba Kama, 92b). El clan de Jacob encontró una vez refugio del hambre y
libertad para multiplicarse en Egipto. No debemos permitir que un final amargo obscurezca
un comienzo hospitalario. Fue en Egipto donde Israel forjó su identidad nacional.
Encontramos ese mismo espíritu de auto-trascendencia en Pésaj, para mitigar la
conmemoración de nuestra puesta en libertad. El texto bíblico alude a la necesidad de
reprimirnos al no aplicar nunca la palabra alegría a la festividad. Como hizo notar el
Rabino Menahem M. Kasher en su edición de la Hagadá, refiriéndose al festival de Sukot
(el otro jag de siete días), la Torá nos ordena explícitamente en tres ocasiones
separadas que estemos contentos (Lev. 23:40, Deut. 16:14, 15). No así en Pésaj, donde se
omite consistentemente ese consejo. La razón, según él, es la sensibilidad de la Torá
ante el hecho de que nuestra libertad le costó la vida a muchos egipcios, tanto a niños
como a soldados.
Asimismo, Pésaj se diferencia de Sukot en nuestra recitación del Halel, Salmos 113-118.
Mientras que en Sukot recitamos los seis Salmos cada día de la festividad, en Pésaj solo
los recitamos los primeros dos días. Durante los últimos seis días de Pésaj, solo
entonamos una versión corta del Halel, saltándonos la primera mitad de los Salmos 115 y
116 (Talmud de Babilonia, Arajin, 10a). Otra vez, la reducción se destaca pero no es
explicada en el Talmud.
Como sugiere el nombre Halel, estos son salmos de agradecimiento y de regocijo, que han
inspirado en la sinagoga contemporánea algunas piezas de música ritual exquisita. Un par
de eruditos medievales vincularon la abreviación del Halel con una notable expresión de
compasión rabínica: Dios no encuentra deleite alguno en la caída de los
malvados. Sobre la base de ese postulado, Rabí Iojanán se imaginó a los ángeles
llenos de júbilo en el cielo ante la visión del ejército egipcio anegado por las aguas
del Mar de Juncos, prontos a romper en un canto triunfal. Pero Dios los paró en seco:
¡La obra de mis manos se está ahogando en el mar y ustedes quieren celebrarlo
cantando! Este es el sentimiento que parece haber impulsado a los Rabinos a hacer de
Pésaj una excepción. Un Halel parcial para los últimos seis días estaba más en
consonancia con la pérdida de vidas (Tur, Oraj Jaim, 490, Beit Iosef; Talmud de Babilonia
Meguilá, 10b).
Aún otra práctica ritual se basa en la misma incomodidad. En el Séder, mientras
nombramos las diez plagas, es costumbre mojar un dedo en nuestro vaso de vino para dejar
caer unas gotas en nuestro plato por cada plaga. El simbolismo es, de nuevo, de
identificación. Derramamos una lágrima por los egipcios que murieron en las plagas.
Nuestra alegría no es completa porque nos damos cuenta del nexo que existe entre la
redención y la derrota. Las naciones nuevas inevitablemente y casi siempre nacen a partir
de masacres, descargando en otras naciones los estragos de la destrucción y del
destierro. El dar cabida a la expresión de compasión por los opresores no invalida la
justicia de nuestra causa; simplemente ayuda a preservar nuestra humanidad. En un mundo
imperfecto, las Escrituras advierten:
Cuando cae tu enemigo, no te alegres;
Cuando tropieza, no se regocije tu corazón,
No sea que el Señor lo vea, y Le desagrade,
Y aparte Su ira de sobre él.
(Proverbios 24:17-18).
Pésaj, entonces, es una combinación de temas, celebrando la libertad nacional mientras
se ejercita la compasión tanto hacia los nuestros como hacia los demás. No por nada
comienza la narración del Séder con una invitación formal de hospitalidad a judíos
menos afortunados que nosotros para que se nos unan en esta cena festiva. El pan de
aflicción que nuestros ancestros comieron en la tierra de Egipto ha impreso en el
judaísmo una disposición para ayudar al afligido. El recordar nuestras miserias pasadas
es determinar nuestro comportamiento con los que actualmente sufren en carne propia. El
Séder necesita de algunas almas perdidas para estar completo. Durante siglos, la sinagoga
antigua sirvió como hospedaje donde alimentar y dar cobijo a los caminantes. La oración
debe ser el semillero para la acción.
Por esto mismo, ha
sido costumbre desde hace mucho tiempo que las comunidades judías recauden dinero
por grano (maot jitin) antes de Pésaj, para los pobres. Es por esto que remuneramos
al agente (shaliaj) a quien le vendemos nuestro jametz (alimento fermentado). Sea lo que
sea lo que recaude el intermediario al traspasar nuestro jametz a un comprador no judío
por la duración de Pésaj, pasa a los pobres como una donación. El costo de Pésaj no
debiera dejar por fuera a ningún judío.
Maimónides, como
casi siempre, capturó sucintamente en su código el espíritu que enlaza la piedad y la
filantropía en una misma forma de vida.
Quienquiera que
cierre las puertas de su casa (en una fiesta) mientras cena su familia, sin incluir a los
destituidos y los humillados, experimenta solo la alegría de llenarse la boca y no la
alegría de cumplir una mitzvá. De ellos dijo el profeta Osea: Sus sacrificios son como
el alimento de dolientes para ellos. Todos los que participan de ella son contaminados,
porque su comida es solo para su propia hambre (9:4). (Mishné Torá, Hiljot Iom Tov 6:18)
Shabat Shalom
ve-Jag Saméaj.
Ismar Schorsch
La publicación y
distribución del comentario del Dr. Schorsch sobre el Shabat Jol Hamoed de Pésaj ha sido
posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
La traducción del
comentario de Parashat Hashavua del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión
de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org
Esta traducción
puede ser reproducida citando su origen.
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a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la
traducción en memoria de un ser querido o en honor de algun acontecimiento
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Este comentario ha
sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con
autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta
versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum,
de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en
ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su
origen. |