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Parashiot TAZRÍA METZORÁ
13 de abril, 2002
1 de Iyar, 5762
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary
Traducción de Inés Baum
El calendario
judío es más que un catecismo de nuestra fe. También es una sinopsis de nuestra
historia. Los festivales bíblicos de Pésaj y Shavuot enmarcan el período del Omer,
cargado de días de conmemoración de eventos post-bíblicos surgidos, por cierto, en su
mayoría, en el siglo XX. Pasamos rápidamente en una montaña rusa emocional de Iom
Hashoa, 5 días después del final de Pésaj (27 de Nisán) a Iom Hazikaron y Iom
Haatzmaut la semana siguiente (4 y 5 de Iyar), y de ahí a Lag BaOmer 17 días
después (18 de Iyar). El enlace entre el Holocausto e Israel, incorporado a las tres
primeras conmemoraciones, queda garantizado con toda seguridad. Como afirma la
Declaración de Independencia de Israel del 14 de mayo de 1948 (5 de Iyar), la
aniquilación de seis millones de judíos europeos hizo de la creación de un estado
judío en la antigua patria una necesidad urgente. Aproximadamente 6,000 soldados
israelíes murieron en la Guerra de Independencia y casi 3,000 soldados 25 años más
tarde, en la Guerra de Iom Kipur.
Durante los últimos 50 años, la celebración del Día de la Independencia de Israel ha
servido para alterar el humor generalmente sombrío de los 49 días que conectan Shavuot
con Pésaj. Con el tiempo, diversos factores habían convergido para cargar este período
de angustia. En el aspecto agrícola, la cosecha de cebada en el antiguo Israel se veía
en riesgo por los vientos secos que soplaban del oeste (el jamsín). En el aspecto
teológico, la redención de la esclavitud estaba incompleta sin la revelación en el
Monte Sinaí. La libertad necesitaba estar aparejada por la restricción y el propósito
para ser constructiva. Y en el aspecto histórico, a partir de la primera Cruzada en 1096,
las comunidades judías en la Europa medieval, apenas toleradas, temían la llegada de la
primavera por la recurrencia de los pogroms. En consecuencia, los hombres evitaban
cortarse el cabello, como si estuvieran de duelo, y las bodas se posponían hasta después
de Shavuot.
Este año, sin embargo, la tristeza tradicional del período del Omer nos pesa más que
nunca. Israel está de nuevo en guerra, una guerra de desgaste sin frente definido contra
un enemigo que considera que todo se vale. Las convenciones de guerra no gobiernan sobre
los terroristas ni sobre los luchadores por la libertad. Para ellos, el fin justifica los
medios, por inconcebibles que estos puedan ser. El manto del martirio exonera a un
kamikaze de la depravación de asesinar judíos reunidos para celebrar un Séder de
Pésaj, además de rendirle a su familia una recompensa de $25,000. Aun cuando Israel
trata de evitar la matanza indiscriminada de civiles mientras ejercita su derecho a la
auto-defensa, tristemente solo cosecha la denuncia tanto de árabes como de europeos.
Al escoger la violencia sobre las negociaciones en Camp David, Yasser Arafat ayudó a
desencadenar una guerra de terror que amenaza con cubrir toda la tierra. Los Estados
Unidos ya han pagado muy caro su apoyo firme a Israel, entre otras razones. Los judíos
cuentan el Omer este año con un sentimiento de aprensión. Mientras estalla el
antisemitismo de nuevo en Europa, Israel se enfrenta a un panorama de expansión del
conflicto con los palestinos y sus aliados, en el cual solamente habrá victorias
pírricas. Hasta que termine el terror y prevalezca la salud mental, halcones y palomas
deberán unirse como sionistas incondicionales y hacer todo lo que esté en sus manos para
promover el bienestar de Israel..
Pero cuando llegue ese momento, deberemos estar preparados para actuar con la prevención
implícita en el período del Omer. A veces, nosotros mismos hemos contribuido a nuestras
desgracias. La alegría de Lag BaOmer se origina en un escenario oscuro: El Talmud
contiene un confuso recordatorio histórico donde se dice que Rabí Akiva, esa figura
dominante en la formación de la Mishná, perdió alrededor de 24,000 estudiantes en un
solo año, entre Pésaj y Shavuot, por una epidemia de crup (Talmud de Babilonia, Ievamot
62b). Ya para la Edad Media, ese recordatorio había sido modificado para hacer que la
enfermedad no juntara víctimas durante el día 33 del Omer, de aquí el breve cese del
duelo (Levinsky, Sefer Hamoadim, VI, 336-43).
Aunque los números son demasiado numerosos y la historia demasiado a propósito para ser
creíble, lo que sí es plausible es la conexión con Rabí Akiva. Místico y a la vez
maestro de la ley, justificó la rebelión de Bar Kojba contra Roma unos 60 años después
de la destrucción del Segundo Templo, invistiéndole un halo de autoridad mesiánica. Tal
vez por esta razón, la revuelta contó con una aprobación rabínica y popular mucho
mayor que la del año 66 E.C. Pero para nada. La devastadora derrota vino acompañada de
una pérdida mucho mayor de vidas, incluyendo innumerables estudiantes de Rabí Akiva.
Tras la caída de Betar, Bar Kojba murió ignominiosamente al huir, mientras los romanos
torturaban a Rabí Akiva hasta la muerte, por haber violado su bando sobre la enseñanza
de Torá. El judaísmo mismo les parecía ahora un semillero de sedición judía. En
retrospectiva, fue un completo desatino el retar a los romanos otra vez. El fervor
mesiánico no podía compensar las diferencias. La primera víctima de una sobredosis de
mesianismo es el sano juicio.
Y lo mismo sucedió en los temerarios años que siguieron a la Guerra de los Seis Días.
Por primera vez en la historia judía y a raíz de una victoria militar impresionante,
hubo una erupción de torrente mesiánico. Nacionalistas religiosos armados con exceso de
textos sagrados y un sentimiento seguro de la voluntad de Dios marcharon dentro de un
vacío político, no así demográfico. La intensidad de su fe y la pureza de su
auto-sacrificio removió las cenizas sionistas de los israelíes seculares y de los
judíos de la Diáspora. Los gobiernos israelíes que siguieron les dieron un amplio apoyo
por razones militares, políticas e idealistas. Pero el arrebato de la tierra es
insostenible porque los palestinos la denigran y Occidente ya no tolera ninguna forma
tardía de colonialismo. Eso fue lo que comprendió Isaac Rabin cuando no pudo aplastar la
primera intifada. Los mesiánicos siempre sobreactúan. En este caso han raptado la
derrota de la victoria. No importa cuán andrajosa, no existe alternativa alguna a largo
plazo para el proceso de paz.
Shabat Shalom.
Ismar Schorsch
La publicación y
distribución del comentario del Dr. Schorsch de Parashat Shmini ha sido posible gracias a
la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
La traducción del
comentario de Parashat Hashavua del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión
de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org
Esta traducción
puede ser reproducida citando su origen.
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traducción en memoria de un ser querido o en honor de algun acontecimiento
familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com
Este comentario ha
sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con
autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta
versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum,
de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en
ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su
origen. |