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Parashiot BEHAR-BEJUKOTAI
4 de mayo, 2002
22 de Iyar, 5762
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary
Traducción de Inés Baum
Aunque el
judaísmo se distingue por su ética de-este-mundo, la adquisición de posesiones
materiales no es una prioridad. El notable proverbio de Ben Zoma de los primeros tiempos
del judaísmo rabínico (siglo segundo) se convirtió en norma: "¿Quién se puede
considerar rico? Aquél que es feliz con lo que tiene." (Pirke Avot 4:1) Necesitamos
mucho menos de lo que queremos. El estar conformes con lo que tenemos es saber derivar
placer de valores distintos al de la riqueza.
En el siglo XIV, el Rabino Iaakov ben Asher incorporó el espíritu de Ben Zoma en su gran
codificación de ley judía, el Tur. Tras comenzar el día asistiendo a los servicios en
la sinagoga, seguidos por un rato de estudio de la Torá, debemos ir a trabajar,
"pues la Torá sin medios de vida eventualmente se deformará y se convertirá en
pecado. Pues si no tenemos nada que comer, la pobreza muy pronto nos hará violar la
palabra de Dios. Aún así, nuestro medio de vida no debe ser prioritario sino secundario.
El estudio de la Torá debe ser el centro de nuestras vidas, como lo era para los primeros
devotos, que tenían su modo de vida en un plano secundario y el estudio de la Torá en un
plano primario, y ambos florecían." (Oraj Jaim 156)
Modelo de equilibrio, la fórmula de Ben Asher rechaza la noción de que una vida dedicada
a la Torá y alejada de la realidad (mantenida por otros) pueda nunca ser considerada sana
y constructiva. Al mismo tiempo, resiste el impulso de enfocarse en el amasar riquezas
como un todo y un fin de la vida.
Mucho tiempo antes, el Talmud ya había establecido que la primera pregunta que
deberíamos responder al presentarnos ante Dios sería con respecto a nuestro modo de
vida: "¿Condujiste tus negocios con buena fe?" (Talmud Shabat 31a). Sin duda,
de las seis preguntas que se nos harán, tres tienen que ver directamente con el estudio
de la Torá, reflejando otra vez la búsqueda del equilibrio entre lo primario y lo
secundario. Además, el orden de las preguntas está dictado, al menos parcialmente, por
las palabras del versículo bíblico que subraya este vuelo de imaginación rabínica.
Aún así, encuentro muy impresionante que la primera pregunta haga referencia a la
importancia de trabajar para vivir. El estudio de la Torá no está diseñado para romper
nuestros lazos con el mundo sino para mejorarlos. Y sin embargo el énfasis en la
integridad demuestra un ascetismo innato. La meta suprema no es ganar tanto como podamos,
sino tener conciencia de cuándo debemos parar. El bien social que los "barones
ladrones" hacían con sus fortunas no disculpaba las tácticas inescrupulosas que
usaban para construirlas.
Presento este contexto para ilustrar la exégesis de un versículo de la doble parashá de
esta semana. La visión que anima la legislación del capítulo 25 es estática: preservar
la huella original de la sociedad israelita. De aquí que la igualdad de todos, tiene
prioridad sobre la libertad de cada uno. La tierra no puede simplemente venderse;
solamente se puede alquilar hasta el año del jubileo cuando vuelve a ser propiedad de su
dueño original. La Torá estipula: "Por tanto si vendieres algo a tu prójimo, o
comprares algo de mano de tu prójimo, no os engañéis el uno al otro" (25:14).
Claramente, la Torá introduce una nota moral en las transacciones comerciales. La Mishná
definió "engaño mutuo" ("onaá" de "lo tonu") como
cobrar un precio injusto, esto es, cobrar un sexto más de precio del mercado. Por un
período corto tras la venta, el comprador podía devolver el artículo y pedir su dinero
de vuelta. Rabí Tarfón quería fijar el precio injusto en un tercio, así como extender
el período de gracia. Pero la moción fue rechazada.
Aunque a los Rabinos les gustó la idea de fijar la tasa más alta, no querían aumentar
el riesgo para el vendedor al extender el tiempo en que el trato se podía disolver (Baba
Metzia 4:3). Restringido al principio a bienes muebles y transacciones entre judíos, con
el tiempo el principio de "engaño mutuo" se expandió para cubrir tanto a los
bienes raíces como a los compradores no judíos.
El objetivo de este principio es contener nuestra codicia. Se nos exhorta a no
aprovecharnos de un consumidor crédulo. Una transacción comercial no debe estar
supeditada por entero a las leyes del mercado. Las consideraciones éticas sirven para
proteger el entramado social. En otras palabras, la ley judía se atreve a regir en el
tema de las ganancias porque el hacer dinero no es el valor supremo. La manera en que
conduzcamos nuestros negocios no es menos importante que el resultado final.
En otro contexto, la Torá nos ofrece dos relatos relacionados con la disposición que
debe regir en los asuntos financieros. Algo que me llamó particularmente la atención es
que, en ambos casos, el ejemplar moral es un gentil. En respuesta a una pregunta sobre los
límites que deben regir en el mandamiento de honrar a nuestros padres, Rabí Eliezer hizo
referencia a la piedad de un tal Dama ben Netiná, residente de Ashkelon. Funcionarios del
Templo llegaron hasta él con el fin de comprarle unas piedras preciosas, que serían
usadas en las ropas especiales del sumo sacerdote, el Efod. Estaban dispuestos a pagar una
alta suma. Sin embargo, las llaves del cofre donde se guardaban las piedras estaban debajo
de la almohada sobre la cual dormía su padre, y Dama ben Netiná se negó a interrumpir
su descanso.
Un año después nació una novilla roja entre su ganado. Tan rara como vital para el
ritual del Templo, el animal inmediatamente atrajo la atención de los sacerdotes. Cuando
se acercaron de nuevo a Dama ben Netiná, él les dijo: "Sé que si les pidiera todo
el dinero del mundo, me lo darían. Lo único que quiero es la suma que perdí el año
pasado por culpa de mi padre" (Talmud, Avodá Zará 23b-24a).
El relato amplifica el sistema de valores del judaísmo. Necesitamos trabajar para
mantener nuestro sentido de la realidad, nuestra independencia y dignidad. Pero esa
responsabilidad nunca nos debe alejar de las restricciones que nos hacen totalmente
judíos. Mientras nos ganamos la vida, debemos tener siempre presente la imagen de Dios en
el otro. Como socios de Dios en la creación, nuestro mandato es esforzarnos por ser lo
más parecidos a Dios que podamos.
Shabat Shalom.
Ismar Schorsch
La publicación y
distribución del comentario del Dr. Schorsch de Parashat Shmini ha sido posible gracias a
la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
La traducción del
comentario de Parashat Hashavua del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión
de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org
Esta traducción
puede ser reproducida citando su origen.
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traducción en memoria de un ser querido o en honor de algun acontecimiento
familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com
Este comentario ha
sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con
autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta
versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum,
de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en
ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su
origen. |