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Parashat BEMIDVAR
11 de mayo, 2002
29 de Iyar, 5762
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary
Traducción de Inés Baum
El libro de
Números comienza con una nota triunfante. Un censo de todos los hombres mayores de
20 años aptos para ser reclutados suma precisamente 603,550, número que implica una
población total de más de dos millones de israelitas. La promesa de Dios a
Abraham, Y haré de ti una nación grande (Génesis 12:2), se ha cumplido.
Cuando Jacob, su nieto, se trasladó a Egipto, su casa contaba con tan sólo setenta
personas (Génesis 46:27). Varios cientos de años después, libres de la esclavitud y a
punto de atravesar el desierto, el clan ha crecido hasta convertirse en una nación
formidable, con el poder militar para llegar y conquistar su destino.
La haftará del profeta Oseas añade una confirmación más a la mano de Dios en la
explosión demográfica: El número de los hijos de Israel será como la arena del
mar, que no puede ser medida ni contada (Oseas 2:1). Una nación innumerable es una
señal del favor de Dios. La restauración que anuncia Oseas reflejará un primer momento
de grandeza malgastada en la falta de fe. Según el midrash, las palabras de Oseas se
aplican al pasado distante tanto como al futuro remoto.
De acuerdo con el midrash, Dios usa un símil diferente para asegurarle a cada uno de los
tres patriarcas, cuyas esposas tuvieron tanta dificultad en concebir, que su progenie
proliferaría sin número. A Abraham, Dios le prometió que su semilla sería un día tan
numerosa como las estrellas (Génesis 15:5); a Isaac, como la arena (Oseas 2:1) y a Jacob,
como el polvo de la tierra (Génesis 28:14). Moisés, apreciando en su totalidad la
fidelidad de Dios, reiteró intencionalmente en su discurso final el símil de las
estrellas para describir la población de Israel: El Señor vuestro Dios, os ha
multiplicado y sois ahora tan numerosos como las estrellas del cielo. (Deut. 1:10).
El símil vino a colación con el censo apenas terminado de la generación de hombres
jóvenes nacidos en el desierto, que alcanzó los 601,730 (Números 26:51). En otras
palabras, el viaje de 40 años a través del desierto fue enmarcado por dos censos
idénticos que probaron el mismo punto: la promesa de Dios a los patriarcas no había sido
pura retórica (Bemidvar Rabá 2:12).
El midrash identifica al menos dos ocasiones en que los israelitas fueron censados. A
pesar del tono ascendente de nuestra parashá, el contar cabezas generalmente estaba
cargado de peligro. Por ejemplo, antes de la construcción del Tabernáculo, se instruyó
a Moisés para que registrara todos los hombres mayores de 20 años en una forma circular.
Cada uno de aquellos que han de ser empadronados, entonces cada uno (de ellos)
pagará el rescate de su vida al Señor, cuando fueren empadronados, para que no haya
entre ellos mortandad al contarlos (Éxodo 30:12). Así pues, para calcular la
población, se contaban centavos, no cabezas. Puesto que los censos generalmente se
asociaban con el reclutamiento para la guerra, el procedimiento provocaba ansiedad y nunca
era tomado a la ligera. En este caso, sirvió como un registro de impuestos tanto como
censo de hombres en edad militar. Pero además se fijó el precedente de contar en forma
indirecta.
Hacia el final del reinado del Rey David, un censo aparentemente no autorizado de su reino
unido provocó una plaga que mató a aproximadamente 70,000 habitantes, desde Dan hasta
Beer-sheba. Habiendo fallado al tratar de disuadir a David de arriesgarse a ser objeto de
la ira de Dios, Joab, su comandante en jefe, accedió a hacerlo. El lazo entre censo y
conscripción es de nuevo evidente. En cerca de diez meses de viaje, Joab y sus oficiales
determinaron que Israel contaba con cerca de 800,000 soldados listos a empuñar la
espada y Judá, la tribu del propio David, con otros 500,000. Tarde ya, David se
arrepiente de la orden que dio y se somete al duro castigo de Dios (Samuel II, 24).
A partir de ese momento, el contar dejó de ser un acto meramente neutral. La Mishná
reporta que en el Templo las muchas tareas cotidianas conectadas con el culto del
sacrificio, no eran asignadas en forma previa a sacerdotes específicos. Más bien, se
elegía por lotería entre los sacerdotes que se ofrecían a llevar a cabo la tarea. El
funcionario a cargo los hacía formar un círculo y comenzaba a contar a partir de un
sacerdote cuyo turbante había sido quitado, recayendo la tarea en el sacerdote en que
terminara de contar un número anunciado previamente. En deferencia al temor, el
funcionario jamás contaba cabezas, sino tan solo el dedo extendido de cada sacerdote, lo
que explica el por qué la palabra para votación (lejatzbia) en el hebreo moderno se
deriva de la palabra para dedo (etzba). (Ioma 2:1)
El precedente del Templo se convirtió en práctica halájica. Los judíos nunca se
contarían directamente; siempre se usaría algún sustituto. En consecuencia, los Rabinos
no podían concebir el que Saúl contara sus hombres directamente, al reunir sus tropas
antes de la batalla. Saúl convocó entonces al pueblo, y les pasó revista en
Telaim, doscientos mil de a pie, y diez mil hombres de Judá (Samuel I 15:4). En el
contexto, Telaim es claramente un nombre de lugar. Sin embargo, los Rabinos lo
interpretaron como un homónimo para una palabra que significa ovejas. Para apegarse a la
ley rabínica, Saúl le había entregado a cada uno de sus soldados una oveja de sus
rebaños reales, y entonces procedió a contar los animales (Talmud, Ioma 22b).
Así que la costumbre en ídish de contar en forma negativa nit ein, nit zwei
tiene profundas raíces en la cultura y en la conciencia judías. El temor a ser
contados nos vuelve cuidadosos. Y me atrevo a decir que para los judíos la demografía no
es una ciencia carente de valor. Nuestros números son demasiado pequeños como para que
no nos importen o seamos indiferentes. Para las minorías vulnerables, el contar es
siempre un tema serio. Conocemos nuestras estadísticas vitales demasiado bien: nuestro
porcentaje de matrimonios mixtos, baja proporción de nacimientos, porcentaje en
disminución del total de la población y el fracaso a la hora de restaurar la población
judía mundial a su nivel de antes del Holocausto. El número de seis millones estará por
siempre grabado en la memoria judía. En realidad, nunca llegamos cerca de convertirnos en
un pueblo innumerable como las estrellas. El exilio es un terreno precario, por lo que a
pesar de nuestro temperamento seglar, nos relacionamos con los censos de población con
recelo. La parquedad en nuestros números nos hace encontrar consuelo en la abundancia de
la calidad, lo que es justo, pues nunca tan pocos han influido en tantos. Aquí es donde
yace el cumplimiento de la promesa de Dios a Abraham, que su semilla sería una
bendición para toda la humanidad (Génesis 18:18).
Shabat Shalom.
Ismar Schorsch
La publicación y
distribución del comentario del Dr. Schorsch de la Parasha BEMIDVAR ha sido posible
gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.
La traducción del
comentario de Parashat Hashavua del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión
de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org
Esta traducción
puede ser reproducida citando su origen.
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Este comentario ha
sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con
autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta
versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum,
de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo
Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en
ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su
origen. |