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PARASHAT BEAALOTJÁ 5762
1 de junio, 2002                 21 de sivan, 5762
Bemidvar-Números 8:1-12:16
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

Si alguna vez ha pasado un Shabat en Jerusalem, seguramente se ha dado cuenta de que su llegada inminente se anuncia con el sonido de un shofar. Las tiendas que todavíaa están abiertas cierran en ese momento, y el trafico en las calles virtualmente se detiene. La atmósfera del Shabat se
apodera de la ciudad cada vez más. El shofar carece de artificio; su tosco sonido encarna una práctica antigua.

En la parashá de esta semana, se le pide a Moisés construir dos trompetas de plata, como medio de comunicación pública El tipo de toque emitido señala el propósito: viaje, guerra o celebración. Con respecto al último, la Torá estipula: “También en el día de vuestra alegría, y en vuestras fiestas solemnes, y en los principios de vuestros meses, tocaréis las trompetas durante vuestros holocaustos y sacrificios de vuestras ofrendas pacíficas” (10:10). Aunque este versículo pareciera omitir cualquier asociación entre el Shabat y estas trompetas, los Rabinos hicieron la conexión (Sifre, 77). La palabra “simjatjem” (día de vuestra alegría) no es un término genérico, pero se presenta como el opuesto a “u-vemoadejem” (vuestras fiestas solemnes), y en consecuencia se refiere al Shabat, que nunca se ha clasificado como un “moed” (festival fijo).

Basada en esto, la costumbre de anunciar la llegada del Shabat con una serie de seis toques intermitentes de shofar pareciera haberse originado en la época talmúdica. El primero era para que los que trabajaban en los campos dejaran de hacerlo. El segundo, para que los tenderos de la ciudad
cerraran sus negocios y el tercero, para que los que estaban en el hogar encendieran las velas del Shabat (Talmud, shabat 35b). Aunque el propósito de los otros tres toques no queda claro, lo que sí queda claro es que el Shabat era santificado públicamente con el toque del shofar, y en forma privada con el encendido de las velas (Tanjuma Matot 2).

Y hasta el día de hoy, el encendido de dos candelas blancas de Shabat, una por zajor (“acuérdate del día del Shabat ...” Éxodo 20:8) y la otra por shamor (“Observa el día del Shabat ...” Deuteronomio 5:12), cada una con una única mecha, es la manera como imbuimos el espacio mundano de nuestros hogares con un toque de eternidad. El viaje de vuelta al judaísmo a menudo comienza con este acto transformador. Su simplicidad ingenua y su poder estético abren la puerta a una fuente de bendiciones para aquellos resueltos a seguir adelante. Para alterar nuestro estado interior necesitamos modificar nuestros alrededores. Ese es el propósito del ritual.

Los judíos han encendido velas de Shabat durante mucho tiempo. En el siglo primero, Séneca, filósofo romano, denunciaba con vehemencia la propagación alarmante del judaísmo en su tiempo. “¡Los vencidos han legislado por los victoriosos! Algo particularmente repugnante era la observancia del Shabat, que ordenaba a los judíos dedicar la séptima parte de sus vidas a la ociosidad. Pero su denuncia confirmaba el uso de la luz para aumentar la santidad del día. “Comúnmente se dan preceptos de como han de ser adorados los dioses. Pero prohibamos que las luces se enciendan en Shabat, puesto que los dioses no necesitan luz, ni a los hombres les agrada el hollín” (M. Stern, Autores Griegos y Latinos, I, Págs. 431-33).

En efecto, la práctica de inaugurar el Shabat con el encendido de las luces estaba tan extendida que la Mishná, unos 150 años después, no la ordenaba en forma explícita. Más bien, como en el caso de la recitación diaria del Shemá, que tampoco está prescrita específicamente en ningún texto, la Mishná se zambulle directamente en los detalles concernientes a la ejecución. ¿Cuáles materiales son apropiados para la mecha? ¿Cuáles aceites para el combustible? Los sabios, por ejemplo, permiten usar muchos aceites, mientras que R. Tarfon solo acepta el aceite de oliva, que era el que se usaba para la menorá en el Templo (Shabat cap. 2).

Más tarde, el Talmud reconocía que el mandamiento de darle la bienvenida al Shabat con luces no tiene fundamentos escritos, sino que es más bien una obligación impuesta por los Rabinos. (Talmud Shabat 25b) Maimónides, en su código, estudió la fuerza del término hebreo jova (obligación). Ningún
individuo está exento. Hombres y mujeres están igualmente obligados. Si la obligación recae más directamente en las mujeres, es porque ellas tienden a estar en casa. Sin la luz, el Shabat carece de oneg (alegría), lo que significa que si algún día nuestras circunstancias se deterioran tanto como para no tener que comer, aún así debemos encontrar o pedir prestado aceite para encender las velas. En resumen, las encendemos antes del atardecer recitando una brajá que enlaza nuestra acción con la voluntad de Dios (Mishne Torá Hiljot Shabat 5:1-3).

La oposición sirvió para fortalecer la santidad del mandamiento. En el siglo ocho, cuando los Gueonim aumentaron la autoridad del Talmud, los Karaitas discípulos de Anán rechazaron amargamente muchas de las prácticas rabínicas, por no tener ninguna base en las Escrituras. Reconocidos estudiosos de la Biblia, insistían en el significado literal del texto. No solo no tenía fundamento bíblico alguno la práctica de encender velas para el Shabat, sino que además violaba específicamente la prohibición bíblica de “En todas vuestras moradas no encenderéis fuego en el día del Shabat” (Éxodo 35:3). Los karaÃtas no distinguían entre encender y quemar; en consecuencia, el permitir que un fuego prendido antes del Shabat siga quemándose durante el Shabat va en contra de la Torá. Por consiguiente, durante toda la Edad Media, los hogares karaítas se abstenían de iluminar y calentar sus casas en Shabat. La oscuridad se prestaba para el ridículo.

Un midrash rabínico del siglo noveno sostenía que el verso de Isaías “Llamarás al shabat “delicia” (58:13) hace referencia al encendido de las candelas del Shabat. Es claro que el sentarse a oscuras no se puede concebir como un deleite (oneg), pues como sabemos por Job (10:22), aquellos sentenciados al Guehinom (purgatorio) son juzgados en la más absoluta oscuridad (Tanjuma Noaj 1). Del mismo modo, un siglo después, R. Jananel, uno de los primeros comentaristas del Talmud, asoció el encendido de las velas con otro versículo de Job: “Y sabrás que tu tienda tendrá paz (shalom) (5:24). “Shalom es una función de la luz, como está escrito en el Génesis (1:4): “Y vio Dios que la luz era buena”.

Otro midrash de ese período hizo la misma ecuación. La piedra fundamental para la construcción del universo es “shalom” (armonía), porque eso es lo que Dios creó primero, o sea, la luz. ¿Y cómo sabemos que luz es equivalente a “shalom”? Por el paralelismo que encontramos en el versículo de Isaías 45:7:”Yo formo la luz, y creo las tinieblas; Yo hago la paz (shalom) y creo la calamidad. Y entonces, en un movimiento tan inspirado como inspirador, el midrash concluye que encendemos las luces antes de recitar el kidush porque nada puede considerarse superior a la tranquilidad doméstica (Torá Shlemá, Bereshit 382).

Es por esta razón que Rashi, en su comentario sobre el Talmud (Shabat 25b), exigió que las velas del Shabat sean encendidas en el lugar en que cenamos, “pues una cena carece de importancia donde no hay luz”. El cenar en la oscuridad nos deja una sensación de vacío espiritual. Mientras que en el Templo, la menorá y la mesa para el pan de ofrenda estaban separados por el altar, para subrayar que Dios no necesita ni luz ni comida, en nuestros hogares disfrutamos nuestra cena de Shabat envueltos en luz (Torá Shlemá, Tetzavé, 77). Maimónides añade que si por apuros lamentables nos vemos forzados a escoger entre las candelas y el vino, las primeras son más importantes. Nada es más importante para Dios que un hogar lleno de paz. El propósito mismo de la Torá es el promover la paz a través de toda la creación de Dios (Mishné Torá, Hiljot Janucá, 4:14).

Al final, la rica poesía del midrash rabínico triunfó sobre la austera prosa de la lógica y el ascetismo karaítas. El encendido de velas al principio del Shabat no solamente adorna la noche con un ritual de
belleza trascendental, sino que también nos infunde un sentido de los edificantes valores del judaísmo.

Shabbat Shalom.

Ismar Schorsch

 

La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch de Parashat Beaalotjá ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción del comentario de Parashat Hashavua del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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