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PARASHAT SHLAJ 5762
8 de junio, 2002                 28 de sivan, 5762
Bemidvar-Números 13:1-15:41
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

El calendario de una nación es un contrato entre su pasado y su futuro. Lo que elegimos recordar es indicativo de lo que valoramos. Nuestro calendario es siempre una proyección de nuestras prioridades. La conquista de Canaán, tema que enlaza la parashá y la haftará de esta semana, alumbra un poco el hecho del por qué un evento se imprime en nuestra memoria colectiva y otro no. Dos relatos de espionaje enmarcan un viaje de castigo en el desierto inhóspito. Si el primero hubiera tenido éxito, el segundo se habría dado mucho antes. Pero el reporte temeroso de diez de los doce
jefes de tribu enviados por Moisés desilusionó tanto a los israelitas que provocó un levantamiento popular que, a su vez, necesitó de la intervención divina para calmarse. De no ser por los ruegos de Moisés, objeto de la ira de los israelitas, Dios habría abortado el experimento de hacer avanzar la civilización con una nación modelo. En lugar de esto, el veredicto final fue que todo se hiciera más despacio: todos los adultos que sobrepasaran los 20 años habrían de morir en el desierto. La redención de Egipto no había convertido a los esclavos en guerreros, listos para defender su libertad.

Más o menos 38 años después, Josué, quien se había opuesto al viaje original de espionaje y era ahora el sucesor de Moisés, envió sólo dos agentes a espiar en la región de Jericó. Esta vez los espías basaron su reporte en lo que habían oído más que en lo que habían podido ver: “Todos los habitantes de la tierra se alistan frente a nosotros” (Josué 2:24) El poder militar de una nueva generación de israelitas, endurecidos por la austeridad, había cruzado el Jordán.

En el texto bíblico no se da la fecha precisa de ninguno de los dos eventos. Me parece interesante que los Rabinos solo hayan tratado de fijar la fecha de uno de ellos. Tenían propensión a fijar puntos clave en el tiempo, como por ejemplo el 6 de Sivan para la revelación en el Monte Sinaí, conmemorada anualmente en Shavuot (Talmud Shabat 86b). Así pues, la Mishná declara que fue el 9 de Av cuando Dios tomó la decisión de no dejar que los antiguos esclavos invadieran la tierra prometida (Taanit 4:6). De hecho, la Mishná relaciona los dos días de ayuno del verano, el 17 de Tamuz y el 9 de Av (el primero desde el amanecer hasta el anochecer, el segundo durante 24 horas completas), cada uno con 5 calamidades que recordar a su haber, la mayoría relacionada con la destrucción del Segundo Templo y los sucesos subsiguientes. Otra excepción es cuando Moisés quiebra las primeras tablas de los Diez Mandamientos, que la Mishná asigna a 17 de Tamuz.

Lo que quiero resaltar al citar estos aniversarios tan tristes es que los Rabinos no hicieron ningún esfuerzo comparable por celebrar anualmente los momentos de triunfo que señalaron la historia del antiguo Israel. Nadie nunca trató de computar el momento del año en que los espías se infiltraron en Jericó, o cuándo Josué cruzó el Jordán, o cuándo los muros de Jericó se vinieron abajo. Tomando en cuenta el papel central que ocupa la tierra de Israel en la Biblia y en el judaísmo, ¿Por qué los Rabinos no registraron su conquista, y otros hechos memorables, como la captura de Jerusalem por
David o la construcción del Primer Templo por su hijo Salomón, en el calendario litúrgico para su conmemoración? ¿No se podría haber agregado y asociado estos acontecimientos al 15 de Av, fecha que, según la Mishná, era un día de alegría ilimitada, aunque carente de resonancia histórica?
(Taanit 4:8). Claramente, el patrón deja entrever una preferencia.

La Mishná misma hace referencia una vez a un documento distinto recopilado con un espíritu diferente (Taanit 2:8). El Rollo de los Días de Ayuno (Meguilat Taanit) era lo opuesto a lo que su nombre indicaba: una oscura lista de más o menos 35 días en los cuales era prohibido ayunar o hacer duelo. La mano de Dios había santificado estos días a través de la historia como días de celebración. Incluían fechas de victorias militares; de muerte de tiranos, como Antíoco Epifanes, Alejandro Janai y Herodes; de la dedicación de Nehemías de las nuevas murallas de Jerusalem; y de la destrucción del templo samaritano por Juan Hircano. Los dos días de Purim y los ocho días de Janucá también estaban en la lista. En total, el Rollo abarcaba aproximadamente seiscientos años, a partir de la mitad del siglo V a.e.c. hasta la mitad del siglo II e.c..

El Talmud atribuye su autoría a un tal Jananiá ben Jizkiá y a sus compañeros, mientras que estudios modernos lo han identificado con miembros de la Casa de Shamai, partido religioso que inspiró la revuelta contra Roma en el año 66 EC (Talmud, Shabat 13b). En otras palabras, el Rollo de los Días de Ayuno era parte de la campaña desarrollada por los celotes para movilizar el apoyo público. Los muchos ejemplos de favor divino para con los judíos, descendientes del antiguo Israel, debían llenar de valor a los débiles y los haría levantarse en armas contra Roma, así como habían hecho los macabeos contra los sirios con, ojalá, idénticos resultados gloriosos. Aunque el Rollo no menciona la conquista hecha por Josué (de hecho se salta el período completo del Primer Templo), su propia existencia confirma que, en cierto momento, el calendario judío rezumó una sensación de triunfo. Según la Mishná, a comienzos del siglo III el Rollo todavía disfrutaba del estatus de ser un documento halájico, sagrado y valedero.

Su nacionalismo estridente, sin embargo, se distorsionó con el cambio de las perspectivas políticas entre los Rabinos en los siglos III y IV. Las devastadoras consecuencias de tres revueltas sucesivas en contra de Roma, entre los años 66 y 135 EC, los llevó a aplastar el fervor mesiánico que los alimentaba. Buscando acomodarse, los Rabinos mandaron a los judíos a no rebelarse en contra de sus señores no judíos, a no volver a apropiarse de la tierra de Israel por la fuerza, y a no especular sobre la venida del Mesías (Talmud, Ketubot 111a). Además, ahora permitían ayunar y condolerse
en los días incluidos en el Rollo de los Días de Ayuno, pues la destrucción del Templo había echado un velo mortuorio sobre toda la vida judía. Los únicos días que permanecieron inmunes a la tristeza del exilio fueron Purim y Janucá (Talmud, Rosh Hashaná 18b).

Fue este cambio en la estrategia política lo que eventualmente dio a nuestro calendario su lúgubre coloración. Al estar los judíos en constante estado de precariedad, la aceptación de su carácter de subordinados se convirtió en la mejor parte de su valor. La sagacidad política, más que el ejercicio de la fuerza militar, era mejor para proteger los intereses judíos en un mar de tensión religiosa. No fue sino hasta fines del siglo XIX que un grupo de judíos seculares, decepcionados por las cada vez más
nulas perspectivas de emancipación real, se atrevió a repudiar la pasividad enervante del liderazgo rabínico y a abrazar un programa Sionista activo. Con la creación del Estado de Israel, el calendario judío se abrió una vez más a la celebración de la iniciativa humana. El balance actual en nuestro
calendario entre los momentos de sagacidad y piedad, de victoria y de derrota, de compasión divina y de coraje humano, es precisamente la combinación que necesitará Israel para trascender los rigores de su prueba actual.

Shabbat Shalom.

Ismar Schorsch

 

La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch de Parashat Shlaj  ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción del comentario de Parashat Hashavua del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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