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PARASHAT KORAJ 5762
15 de junio, 2002                 5 de tamuz, 5762
Bemidvar-Números 16:1-18:32
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

Mientras Tyco International sigue los pasos de Enron y WorldCom cayendo en el olvido económico, los medios de comunicación enfocan cada vez más su atención en los hinchados paquetes de compensación que premian a los agresivos altos ejecutivos. No es fácil identificar al culpable moral detrás de oscuros procedimientos financieros. Pero la codicia redomada es un vicio antiguo y desagradable. Personas como L. Dennis Kozlowski, el ejecutivo caído de la Tyco, y Andrew Fastow, el ex -jefe principal de finanzas caído en desgracia de la Enron, parecieran haber visto sus compañías como minas agotadas; apodérate de todo lo que puedas; los empleados y los socios que se vayan al diablo. Eventualmente, el mercado imparte una forma cruda de justicia, pero no antes de que muchas
personas trabajadores e inocentes salgan malparados. La pérdida de confianza en la América corporativa necesitará algo más que tiempo para reponerse.

A pesar de las enormes diferencias en la forma de hacer negocios hoy en día, la Biblia todavía tiene una contribución que hacer. El liderazgo descansa en la confianza. El público necesita creer que el
poder no se ejerce solamente con el fin de obtener ganancias personales, sino más bien buscando el bienestar general, con un sentido de obligación y un grado muy alto de probidad. El ser funcionario público (y tanto Tyco como Enron son compañías que pertenecen al público) es una responsabilidad
tanto como una oportunidad. A este respecto, nada ha cambiado desde los tiempos en que Jetró le aconsejó a su yerno, Moisés, crear un tribunal con “hombres temerosos de Dios, hombres dignos de confianza que desprecian las ganancias mal habidas” (Éxodo 18:21).

Aunque no volvemos a escuchar de tribunales semejantes, pareciera ser que Moisés se tomó este consejo muy a pecho. En la parashá de esta semana, picado por la rebelión de Koraj y su familia contra él, Moisés le pide a Dios que no los favorezca: “¡No Te vuelvas hacia su ofrenda! Yo no he tomado ni un asno suyo, y no he hecho mal a ninguno de ellos” (Números 16:15). La auto-defensa de Moisés es totalmente creíble. No es rentable mentirle a Dios, que lo sabe todo. En resumen, la conducta pública de Moisés estaba guiada por los estándares de Jetró. Nunca puso sus manos en el tesoro ni abusó de su poder.

La haftará elegida para complementar la parashá reitera el mismo alto estándar de conducta. Al concluir una función plena de eventos, Samuel, quien dirigió a las doce tribus como juez y como profeta, reúne a su pueblo para dirigirles su discurso de despedida. Para entonces ya ha hecho las paces con su demanda de mayor estabilidad en la forma de una monarquía. Comienza invitando a todos y cada uno de ellos a atestiguar en su contra si consideran que se aprovechó de su puesto para obtener alguna ganancia personal: “¿El buey de quién he tomado? ¿El asno de quién he
tomado? ¿A quién he hecho extorsión?, o ¿a quién he oprimido? Yo se lo devolveré” (Samuel I 12:3). Los reunidos rápidamente reconocen que él no ha traicionado su confianza, lo que hace que Samuel concluya: “Testigo es el Señor contra vosotros, y testigo es Su ungido el día de hoy, de que no habéis hallado nada en mi mano”. A una voz, el pueblo contesta: “¡Testigo es!” (12:5)

La ceremonia se asemeja a un proceso judicial. Al dejar Samuel su puesto, le da al pueblo la oportunidad de exponer sus quejas, y Samuel es clara y explícitamente exonerado de todo mal. Su ejercicio del poder no terminó en corrupción. Esta ceremonia merecería ser revivida para señalar nuestro abandono de un puesto, así como la instalación señala nuestra entrada. El reto es salir tan puros como entramos.

Según el punto de vista bíblico, la codicia lo descalificaba a uno como líder. Los hijos de Elí, mentor sacerdotal del joven Samuel, no merecían seguir los pasos de su padre. Ellos se quedaban con una parte de todos los sacrificios traídos a Shiló por los peregrinos. Impíamente, explotaban sus puestos como sacerdotes para hacer su agosto (Samuel I 2:12-17). De igual modo, los hijos de Samuel tampoco fueron considerados aptos para sucederle. A pesar de que los ungió como jueces en Beer-sheva al darse cuenta que no podía seguir viaje a Ramá, rápidamente perdieron la confianza del pueblo porque “se inclinaron al interés, recibiendo regalos y pervirtiendo el derecho” (Samuel I 8:3).

Para mantener la tentación a raya, el libro del Deuteronomio legisló que un rey debía cuidarse de la auto-indulgencia. No debía acopiar caballos o esposas o plata u oro en exceso, pues todos estos adornos del poder le llevarían por el mal camino (17:16-17), como le pasó al Rey Salomón al final de su reinado. El poder culminó en tal grado de opulencia real que hizo intolerables los impuestos. Al echar Salomón la prudencia por la borda, el entramado social de su reino se deshizo.

Los Rabinos fueron tan lejos como para sostener que la riqueza personal era un prerrequisito para los funcionarios públicos. Según ellos, todos los profetas habían sido gente de dinero. La pobreza y la
profecía eran incompatibles. Así pues, cuando Moisés y Samuel afirmaron que ellos nunca habían expropiado ni un solo animal, los rabinos lo interpretaron como queriendo decir que no lo habían hecho ni siquiera cuando de conseguir un buen precio se tratara. Era evidente que un líder no debía despojar a su pueblo de sus pertenencias por la fuerza. Ese tribunal no estableció un nivel muy alto de moralidad. Mucho más digno de elogio era el ideal de que el pueblo no debía ser engatusado o intimidado a vender por los adornos del poder. Esto es, según los Rabinos, lo que Samuel y Moisés evitaron con pasión; explotar sus ventajas legalmente en una relación inherentemente desigual (Talmud Nedarim 38a). Lo legal y lo moral a menudo están muy separados. Para los Rabinos, sin embargo, el poder basado en la riqueza era menos susceptible al abuso.

No así en la América contemporánea, donde la ganancia económica es idolatrada como el bien más grande. Las represiones de carácter moral que gobernaron una vez el ejercicio de la autoridad se han
erosionado. Hacemos lo que podemos hacer sin pagar por ello. Entre más desigual el terreno de juego, mejor. Los desastres de Wall Street nos hacen recordar la sombría verdad de que en un mercado libre y abierto, la conducta en los negocios no puede prosperar por mucho tiempo sin una dosis saludable de auto-control. El interés propio puede ser la semilla del capitalismo, pero no puede prosperar mucho si falta la confianza.

Shabbat Shalom.

Ismar Schorsch

 

La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch de Parashat Koraj ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción del comentario de Parashat Koraj del Rabino Dr. Ismar Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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