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PARASHIOT JUKAT-BALAK 5762
22 de junio, 2002                 12 de tamuz, 5762
Bemidvar-Números 19:1-25:9
Por el Rabino Lewis Warshauer
Becario rabínico del JTS

Reemplazando esta semana al
Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

MHace algunos años, durante una visita al Japón, tuve la oportunidad de conversar en la Universidad de Tokio con una profesora de sociología. Ella me comentó que acababa de regresar de su primera visita a Israel, y le pregunté qué le había parecido. La profesora se quedó callada un momento y después dijo: “Los israelíes, discuten tanto.”

El ser discutidores es uno de los muchos estereotipos aplicados a los judíos. Como otros estereotipos, deja de ser instructivo porque no hace distinciones. Los judíos no son los únicos que discuten. Los miembros de la Asamblea Japonesa no se tratan mejor entre ellos que los miembros de la Kneset de Israel. Las relaciones sociales y de negocios en Japón son más silenciosas, no porque no hayan discusiones sino mas bien porque los desacuerdos a menudo se expresan de otras maneras. Sin embargo, a diferencia de otros estereotipos aplicados a los judíos, el ser argumentadores es algo que a muchos judíos les gusta, hasta el punto de enorgullecerse de ello. Para ellos es la manifestación de un carácter atento y hábil. A lo largo de la historia y hasta el día de hoy, esta opinión equivocada nos ha causado, como pueblo, muchos problemas. La propensión a la disputa tiene profundas raíces en la memoria histórica judía. Esas memorias se remontan hasta los tiempos bíblicos. La parashá de la semana pasada, Koraj, relata la rebelión de este personaje. Koraj
discute con Moisés y Aarón sobre la legitimidad de su autoridad sobre la nación de los israelitas. Moisés, en lugar de contestarle sobre una base personal, refiere el asunto a Dios, quien pone fin a la discusión destruyendo a los retadores.

La parashá de esta semana contiene uno de varios episodios, repetidos a lo largo del Libro de Números, en los que los israelitas se quejan ante Moisés de que no tienen suficiente comida ni bebida. En este caso, el problema es la falta de agua. Miriam acaba de morir, y un midrash (Talmud, Taanit 9a) enlaza los 2 eventos, con la explicación de que gracias a los méritos de Miriam, una fuente milagrosa viajó junto a los israelitas por el desierto, secándose en cuanto ella murió. La Torá utiliza específicamente la palabra contienda (VAIAREV) (Números 20:3) para caracterizar las quejas sobre la
falta de agua. Pero, a diferencia de ocasiones anteriores en que se tuvo que enfrentar a rebeliones o desacuerdos, Moisés maneja mal la situación y sufre las consecuencias. Dios le dice que instruya verbalmente a una roca para que produzca agua. En vez de obedecer, arenga duramente al pueblo y
golpea la roca. La roca de todas maneras produce agua, pero Dios le dice a Moisés que, por su falta de confianza en Él, no llevará a su pueblo hasta la tierra prometida.

A lo largo del tiempo, comentaristas bíblicos se han sentido muy incómodos por la severidad del castigo a Moisés. Pareciera injusto que a este hombre, habiendo soportado tanto por tanto tiempo, se le prive de ver los frutos de su trabajo sólo por lo que, a primera vista, parece ser una violación técnica leve. Pero la mayoría de los estudiosos sostienen que esta violación fue mucho más que solo una violación técnica. Era de esperar que Moisés, por su carácter de líder, fuera un dechado de los más
altos ideales. Por no seguir las instrucciones de Dios al pie de la letra, su falla fue mucho más grave que la de cualquier persona ordinaria y, por ende, su castigo más severo. Maimónides lo ve desde otro punto de vista: que el pecado de Moisés fue la ira; la ira que demostró cuando increpó a su
pueblo y golpeó la roca (introducción al comentario en Pirke Avot, Parte 4). A la luz de la explicación de Maimónides, se podría decir que la ira de Moisés legalizó e hizo más grande una discusión. Es cierto que arregló el asunto al conseguirles agua. Pero su rigor al producir este resultado alimentó aún más el fuego de la disputa y el enojo. La Torá resume este episodio dejándonos un sabor amargo: El agua que bebe una persona sedienta es dulce. Pero a esta agua se le llama “aguas de contienda” (mei merivá, Números 20:13).

Existe algo en la cultura del judaísmo, hoy y en el pasado, que ve a la actitud discutidora como una virtud, tal vez como un antídoto a la pasividad y a la aceptación de malas condiciones. Sin embargo el opuesto de lucha no es inacción, sino armonía. La armonía no es estática; más bien conduce al progreso. De todas las palabras en nuestro libro de oraciones, unas de las más conocidas y más apreciadas son las que están al final del Kadish: "Osé shalom bimromav hu iaasé shalom aleinu veal kol Israel (El que establece la paz en las alturas nos conceda la paz a nosotros y a todo Israel)". Nos engañamos al pensar que podemos dejar en manos de Dios el hacer la paz arriba y aquí en la tierra. El decir osé shalom no debiera ser una forma de delegar la responsabilidad de la paz a Dios mientras nosotros continuamos con nuestras querellas. Debiera ser una aceptación de que la responsabilidad de crear la armonía aquí abajo en la tierra está en nuestras manos.

Shabat shalom

Lewis Warshauer

 

La publicación y distribución del comentario del Rabino Warshauer de las Parashiot Jukat-Balak ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción del comentario de Parashat Jukat-Balak del Rabino Lewis Warshauer es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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