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PARASHAT DEVARIM - SHABAT JAZÓN 5762
13 de julio, 2002                    4 de Av, 5762
Devarim-Deuteronomio 1:1-3:22
 
Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

Al Shabat anterior a Tishá b’Av se le llama con el nombre especial de “Shabat Jazón”, que yo traduciría como “el Shabat de la Visión”. El nombre proviene de la primera palabra de la haftará para ese día, “las profecías (jazón) de Isaías hijo de Amos”. Sin embargo, en el contexto de las calamidades que se recuerdan el 9 de Av, la fuerza de la palabra no es técnica ni restringida, sino espiritual y expansiva. La función de los profetas en el antiguo Israel iba mucho más allá de solo predecir el futuro. Más bien daban voz a una visión que la realidad desafiaba firmemente. Como ellos mismos la promulgaron con pasión, la misión definitoria del antiguo Israel excedía su capacidad religiosa. De aquí el tono increíblemente crítico de sus profecías. Impulsados por un llamado que a menudo trataban de resistir, el destino de los profetas era “para desarraigar y para derribar, para arruinar y para destruir, para edificar y plantar” (Jeremías 1:10). Es por esto que en la víspera de Tishá b’Av enfocamos nuestra mirada en la visión de nuestro destino nacional, que la historia dejó sin cumplir.

Isaías, quien vivió en Judea más de cien años antes de la destrucción del Templo en el 586 a.e.c., prorrumpió en invectivas contra el formalismo ritual privado de la virtud moral. Sin esta, Dios consideró al formalismo ritual absolutamente repugnante:

Vuestros novilunios y solemnidades
Los aborrece Mi alma;
Me son una carga pesada,
Cansado estoy de llevarlos.
Y cuando extendáis vuestras manos,
Escondo de vosotros Mis ojos;
Y aunque hagáis muchas oraciones,

No oigo:
Vuestras manos están llenas de sangre.
Lavaos, limpiaos;
Apartad la maldad de vuestras obras
De delante de Mis ojos;
Cesad de hacer lo malo;
Aprended a hacer lo bueno;
Buscad lo justo;
Socorred al oprimido;
Mantened el derecho del huérfano,
Defended a la viuda. (Isaías 1:14-17)

 

Implícita en este reproche, está una visión de la elección de Judea en términos de justicia social. Solo eso, y no un Templo sin mancha de impureza, evitará a Jerusalem el destino de otras ciudades. “Sión será rescatada con juicio, y sus habitantes con justicia” (1:27). Las coordenadas de la historia son morales.

Este fue también el mensaje de las dos haftarot anteriores de Jeremías. Juntas, estas tres lecturas proféticas antes de Tishá b’Av rebosan advertencias. Su elección no fue inspirada por ninguna conexión con el contenido de la parashá, sino para prepararnos para el otro único ayuno de 24 horas del calendario judío, aparte de Iom Kipur. En un nivel aún más profundo, estas haftarot apuntan al logro único del pueblo judío de haber sobrevivido a la destrucción de su santuario nacional y a la pérdida de su patria. El exilio no provocó una pérdida gradual de la identidad nacional ni una forma de vida distinta. Los profetas se habían asegurado de que el judaísmo llegaría a explicarse la derrota no como una consecuencia de la inferioridad militar sino como consecuencia de la decadencia moral. Fue Dios el que utilizó a los babilonios y a los romanos para castigar a nuestros ancestros por haber violado el pacto aceptado en el Sinaí. Mientras esta creencia se sostuviera, que “por nuestros pecados fuimos exilados de nuestra tierra” (como se dice en la Amidá del Musaf de las festividades), los judíos, sin importar cuán impotentes política o militarmente fueren, siempre siguieron ejerciendo una medida de control sobre su destino. La piedad era la llave hacia el poder. La vida interior podía subordinar la historia a la visión. ¿Qué preparación sería más apropiada para Tishá b’Av que el reflexionar sobre el papel de la determinación religiosa en la marcha tortuosa de la supervivencia judía?

Estas consideraciones no son ni abstractas ni arcaicas. El espíritu todavía determina el destino. En un viaje reciente a Israel, Abraham Burg, presidente de la Knesset, solicitó reunirse conmigo. Con un sentimiento de urgencia, él habló detalladamente sobre el vacío espiritual presente en el corazón de la sociedad israelí. Todos los antiguos mitos que alimentaron la revolución sionista habían muerto. El fanatismo religioso puro no debía tomar su lugar. Israel no lo lograría sin una nueva visión, fuerte y
sobria, que reafirmara la validez de su existencia y reivindicara el sufrimiento necesario para preservarlo. El propósito de su lamento era el de animarme a tratar con más denuedo de ensanchar la presencia del Judaísmo Conservador en Israel. Según él, nuestro movimiento fue sionista mucho antes de que Herzl, mucho antes de que nuestros compatriotas ortodoxos o reformistas abrazaran el sionismo. Nunca rebajamos ni negamos la dimensión nacional del judaísmo o el papel central de Sion. Nuestra ideología contiene la mezcla perfecta de tradición y modernidad capaz de llenar el vacío espiritual que actualmente hace peligrar la voluntad israelí de resistencia. Burg me dijo que para él era tan importante este tema que estaba dispuesto a apoyar nuestros esfuerzos de cualquier forma posible. Israel necesita valores e ideales tanto como empleos y ambulancias.

Dos días después, ante el Congreso Sionista Mundial, un valiente discurso de Aarón Barak, presidente de la Corte Suprema de Israel, me confirmó el enfoque de Burg acerca del lado espiritual del problema. Con no menos urgencia, Barak se refirió al carácter único de Israel como un estado tanto judío como democrático. La frase se consagró en Israel en la primera ley fundamental adoptada en 1992 acerca de la dignidad y la libertad del individuo, una declaración de principios sujeta a los “valores del Estado de Israel como estado judío y democrático”. Barak, al mismo tiempo que admitía el carácter judío de Israel, hizo énfasis en que se debía conceder igualdad a sus ciudadanos no judíos. Para hacer compatible esta dualidad, habría momentos en los que los jueces y legisladores tendrían que adoptar una lectura más universal del judaísmo. Pero esta declaración tan equilibrada de Barak no le gustó a todos. Representantes del Likud y nacionalistas religiosos a menudo lo interrumpieron con prolongados estallidos de desprecio. Casi no existe consenso nacional en Israel sobre si el estado debe o no conceder paridad a sus legados judío y democrático.

El humor del país es sombrío, a pesar del descanso momentáneo de los terroristas suicidas. Tishá b’Av ya no parece un día de ayuno apto solo para los judíos en el exilio. El peligro sigue siendo la condición ineludible de la existencia judía. Pero Tishá b’Av es también un momento para la auto reflexión, para enfrentar las preguntas básicas que la mayoría de las veces preferimos ignorar. Este año más que nunca el ayuno nos recuerda, a judíos israelíes y a judíos de la diáspora por igual, que, en su búsqueda de seguridad, Israel no debe perder su alma. La visión de un estado democrático anclado en la totalidad de la reatividad judía es crucial para sostener nuestro sentido de virtud en tiempos oscuros. Nuestra sensibilidad moral debe continuar haciendo juego con nuestro poder militar.

Shabat Shalom,

Ismar Schorsch
 

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de la Parasha Devarim ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción del comentario de la Parasha Devarim del Rabino Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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