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PARASHAT KI-TAVÓ 5762
24 de agosto, 2002              16 de Elul, 5762
Devarim-Deuteronomio 26:1 - 29:8

Por el Rabino MARC WOLF
Director de Desarrollo Comunitario en el Seminario Teológico Judío
Reemplazando al Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum
  

"Había una vez un reino muy lejano, donde vivía una joven doncella, un muchacho triste y una panadería sin niños". Así comienza "En el Bosque", historia de Stephen Sondheim que se presenta actualmente en Broadway. Tejida con astucia en torno a los cuentos de hadas de los Hermanos Grimm, Sondheim compone una fábula con un significado clásico y a la vez moderno. Comienza basándose en las lecciones morales de los cuentos de hadas, tales como "Cenicienta", "Caperucita Roja" y "Jack y las Habichuelas Mágicas", y construye sobre ellas observando cómo interactúan los personajes.

Es en esta interacción donde Sondheim destella más. Como sugiere su título, "En el Bosque" no se enfoca exclusivamente en los relatos individuales, sino más bien en "el Bosque".

Caperucita Roja debe atravesar el bosque para llegar a la casa de su abuelita; Jack debe viajar a través del bosque para vender su preciosa vaca; Cenicienta sueña a los pies del árbol que señala la tumba de su madre en el bosque. Sondheim ha interpretado la existencia del bosque en todos estos cuentos como una pista literaria obvia.

"En el Bosque" afirma que Caperucita, la Cenicienta, Jack y toda una hueste de protagonistas de cuentos de hadas conviven en el mismo bosque. Es allí donde encuentran su futuro; es allí donde viven su historia; allí donde cambia su vida. Solo mediante la experiencia de caminar por el bosque es
que los personajes crecen, aprenden las lecciones de la vida y se convierten en lo que son al final de la moraleja.

No fue Sondheim, sin embargo, el primero en concebir a los errantes por el mundo. Durante los últimos meses hemos leído la historia del viaje de nuestro pueblo, no por el bosque sino por el desierto. Y ahora, cuando estamos con los Benei Israel a las puertas de la Tierra Prometida,
observando su futuro, escuchamos a nuestro pastor dirigirse a nosotros por última vez.

Casi al final de la parashá de esta semana, encontramos una declaración hecha por Moisés que probablemente pulsó una cuerda interesante en los Benei Israel. Leemos: "Pero hasta el día de hoy no os ha dado el Señor corazón que entienda, ni ojos que vean, ni oídos que oigan" (Deut. 29:3).
¿Con esto quiere decir que a pesar de todos los milagros, de la revelación, de los pilares de fuego y humo, del maná, de la partida del mar y la destrucción de los egipcios, los israelitas nunca han comprendido verdaderamente la grandeza de Dios? Es simplemente inconcebible que un pueblo haya vivido tantas experiencias y todavía se mantenga impermeable al poder de Dios. Aún así, esto es precisamente lo que Moisés quiere decir.

Sí, el pueblo había experimentado de primera mano el poder y la fuerza de Dios, pero, como señalan muchos de nuestros comentaristas, "sangre y fuego y pilares de humo" no crean necesariamente una relación con Dios. La generación del Éxodo demostró que la prueba final de la existencia de Dios no promovió la relación del pacto. A pesar de los milagros que presenciaron, continuaron profanando su relación con Dios con el pecado del becerro de oro, la difamación de los espías y el levantamiento de Koraj, para mencionar solo unos pocos.

Moshé Hefetz, comentarista italiano del siglo XVI, escribió en su comentario sobre este versículo de Ki Tavo: "Fueron testigos de todas esas grandes maravillas pero sólo ahora pudieron apreciar su significado completo, en este momento, cuando ya se habían perdido de vista, como si hasta este momento hubieran carecido de vista y oído" (Milejet Majshevet, Varsovia Ed., 315). Hefetz explica que el pueblo de Israel no entendió los milagros porque necesitaban distanciarse de ellos. Fue el tiempo que permanecieron en el desierto, su viaje, el ganar perspectivas y experiencias y el crecer como pueblo, lo que les permitió apreciar la significación pura de los milagros.

Como los personajes de Sondheim, el pueblo de Israel necesitaba pasar un tiempo en "el bosque". El verdadero significado del Éxodo no estaba en las señales y en las maravillas, sino en el tiempo que le llevó al pueblo convertirse en israelitas. Su experiencia en el desierto les sirvió como medio para transformarse de una masa errante a un Pueblo, listo para vivir como una Nación en la Tierra de Israel. La declaración de Moisés, entonces, no se puede ver como una crítica, sino como un cumplido. Los Benei Israel habían logrado atravesar el desierto y había madurado hasta convertirse en el pueblo con "la mente para entender, los ojos para ver y los oídos para escuchar".

Con el Judaísmo, estamos continuamente dentro y fuera del "bosque". Este mes de Elul, que nos acerca a las Altas Fiestas, es un momento para estar "dentro del bosque". Elul tradicionalmente ha sido un mes dedicado a la introspección, un mes para que cada cual haga su Jeshvon Hanefesh (balance de nuestra alma) personal y examine su relación con Dios. Es un periodo para desarrollarse como individuos y surgir como los Benei Israel del desierto, con la mente, oídos y ojos necesarios para recibir a Rosh Hashaná y Yom Kippur.

Que lo que queda del mes de Elul sea tiempo para pasar en "el bosque", creciendo espiritualmente conforme nos alistamos para las Altas Fiestas.

Shabat Shalom

Rabino Marc Wolf

La publicación y distribución del comentario del Rabino Wolf de la Parashá Ki-Tavó ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

 

La traducción del comentario de la Parashá Ki-Tavó del Rabino Wolf es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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