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IOM KIPUR 5763
14 de septiembre, 2002

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum  

El 11 de septiembre en perspectiva

El ataque a E.E.U.U. el año pasado fue menos de una semana antes de Rosh Hashaná. Con las brasas aun encendidas, el aire lleno de humo y sabor de ceniza en nuestra boca, fue muy difícil desearnos mutuamente un feliz año nuevo. De repente, la oración de gracias shehejeianu con la que recibimos cada festividad adquirió un sentido literal atemorizante. Nuestro estado de shock era demasiado agudo como para consolarnos, como el de un deudo antes del funeral de su ser querido.

Hoy, en el primer yortzait del 11 de septiembre, nuestro dolor ha disminuido y nuestra perspectiva se ha ampliado. Al recordar la enormidad de la tragedia, vemos con más claridad las dimensiones del acto perpetrado. El nuevo siglo sería muy diferente del que se acaba de terminar. En esta sombría ocasión, nos vienen a la mente muchas de estas dimensiones.

En primer lugar, la dimensión humana: la pérdida de vidas fue mucho menor de lo que al principio se creyó, pero esa estadística no le sirve de nada a los que perdieron seres queridos. Sus heridas apenas han comenzado a cicatrizar. ¿Cómo podrían? Sin previo aviso, se vieron despojados de un marido o una esposa, un padre o un hijo, un hermano o un amigo, en un flagrante acto de absoluta maldad. El terrorismo, al azar, oscureció y desestabilizó sus vidas. Al recordar a los que perecieron, la mayoría en la flor de su vida, debemos también pagar tributo a los seres queridos que dejaron atrás. Su lucha solitaria frente a la desesperación, su búsqueda desesperada de un propósito para seguir viviendo, sus humildes esfuerzos por desarrollar nuevas habilidades; estos son los relatos no contados del verdadero heroísmo. Nuestra explosión de simpatía renovada les ofrece una cuota de consuelo momentáneo.

Nos detenemos a recordar en medio de un período en el calendario judío en el que nos enfrentamos a nuestra propia mortalidad. El ritual y la liturgia están diseñados para recordarnos lo que nos esforzamos en olvidar: la transitoriedad de nuestras vidas. Es sobre el telón de fondo de este
conocimiento que hacemos acopio de nuestros pecados. El juicio que esperamos de Dios no es el de la vida eterna, sino el de una extensión de nuestras vidas por un año más. Enfrentados a nuestra vulnerabilidad, afirmamos el regalo de la vida y volvemos a dedicarnos a llenar el tiempo que nos queda con actos de compasión y generosidad hacia nuestros semejantes.

¿Y no es ésta una de las lecciones que nos dejó el 11 de septiembre? Debemos vivir más de nuestra vida desde la perspectiva de su final. Si así lo hiciéramos, sin caer en la morbosidad, daríamos a nuestra vida una medida de peso que nos haría más considerados y generosos. La vida es demasiado preciosa como para desperdiciarla. Cada hora puede hacer la diferencia. Cuando llegue nuestra hora, aunque sea antes de tiempo, debiéramos ser capaces de encontrar un poco de consuelo, sabiendo que nos hemos comportado con un alto sentido de responsabilidad.

En segundo lugar, el impacto del 11 de septiembre en E.E.U.U. provocó grandes transformaciones. Los aeropuertos descongestionados sugieren que todavía no hemos recuperado la confianza en nuestra propia seguridad. El terrorismo se ha convertido en el arma elegida para barnizar a aquellos que quedaron con las fuerzas convergentes de la modernización. La profundidad de sus motivos de queja y supuestas injusticias justifican el uso de los métodos más abominables. En una guerra sin límites, los civiles son su blanco preferido. Nuestro gobierno ha demostrado una resolución admirable
y una efectividad sorprendente en su respuesta al nihilismo de este nuevo enemigo. Pero el contraataque está lejos de terminar. La reconstrucción de una sociedad desgarrada por el terrorismo es aún más urgente que la eliminación de los terroristas, que igual no permanecerán en silencio por mucho tiempo. Pero al final, E.E.U.U., como última super-potencia del mundo y objeto de envidia de las masas empobrecidas y oprimidas de la humanidad, siempre estará en riesgo por la malevolencia de los agraviados. Aprender a vivir con un nivel bajo de inseguridad podría restaurar un poco el equilibrio de nuestro bienestar psíquico.

Parte de la respuesta al 11 de septiembre es el 10 de septiembre, día de elecciones primarias en el Estado de Nueva York. En nuestra búsqueda de la seguridad absoluta, no podemos permitir que nuestras instituciones de auto-gobierno y procesos judiciales se vean comprometidas. Sea cual sea el precio, debemos preservar y aumentar la imparcialidad de nuestro sistema electoral a todo nivel, y continuar con la represión de todo acto de justicia arbitrario por parte de funcionarios gubernamentales. Tampoco debemos permitir que la miseria infligida por la desigualdad social
florezca, con la excusa de que la guerra contra el terrorismo se come el presupuesto federal. Cuarenta millones de americanos sin seguro de salud son una obscenidad moral para la nación que se precia de ser “una luz para las naciones”. En efecto, la merma de nuestra luz equivale a concederle una imagen de victoria a nuestros enemigos.

También debemos trabajar para fortalecer la coalición de naciones sabiamente reunidas para cooperar en la guerra contra el terrorismo. En la táctica, la ventaja es evidente. En un nivel más profundo, es reconocer que el nihilismo de los terroristas constituye un ataque contra la civilización occidental misma. El fanatismo religioso, con su desprecio por la vida humana y su intolerancia, amenaza con destruir los valores y las instituciones de la tradición judeo-cristiana y greco-romana que yacen
en el corazón de nuestra forma de vida. ¡Cuántas veces, durante las Altas Fiestas, entonamos la oración que dice que las naciones del mundo, compelidas por el temor reverente y la majestad de Dios, se unirán en comunión para obedecer la voluntad de Dios con todo el corazón! Aunque todavía estamos lejos de esta visión, el paso de la cooperación internacional durante las últimas décadas con respecto a varios puntos clave, da pie a la esperanza. E.E.U.U. debiera estar al frente de este desarrollo sin precedentes y no constituirse en su crítico más acerbo. Buscar el compromiso con los demás solamente cuando sirve a nuestros intereses nacionales, definidos mezquinamente, nunca resultará en la confianza necesaria para lograr una comunidad perdurable de naciones. La aldea global clama por más foros de colaboración internacionales.

Finalmente, la lucha israelí-palestina continúa desenvolviéndose como el epicentro de la guerra contra el terrorismo, como lo ha hecho desde el 11 de septiembre. En cierta forma es el equivalente a la Guerra Civil Española, que sirvió como brutal campo de pruebas para la guerra mundial inmediatamente posterior. Más que una agria disputa sobre una propiedad, es más bien una confrontación entre sistemas políticos y grados de modernización muy lejanos entre sí. Los terroristas suicidas han neutralizado la impresionantes ventaja militar de los israelíes y son la contribución palestina al terrorismo mundial. ¿Qué otras armas esperan ser probadas en este laboratorio infernal? Por ahora, la estrategia de ambos bandos es la de quebrantar al enemigo hasta la rendición, sin importar lo que cueste. ¿Pero puede el mundo esperar? La guerra alimenta al terrorismo en otros lugares, mantiene en desorden al Oriente Medio y radicaliza a las minorías árabes en toda Europa. No me cabe duda de que si E.E.U.U. desafiara la opinión mundial y atacara a Saddam Hussein, los árabes provocarían una ola creciente de terrorismo. En resumen, la retorcida manifestación actual clama por iniciativas diplomáticas nuevas para poder continuar por el accidentado camino de la paz. Una victoria militar solo dejaría el terreno saturado de resentimiento, un semillero envenenado en espera de la próxima ronda de violencia.

La plegaria por la paz mundial resuena más que cualquier otra oración en nuestras sinagogas. La razón humana no es lo suficientemente poderosa como para salvarse permanentemente de la ley de la jungla, de la supervivencia del más fuerte. Es por esto que le pedimos a Dios, una y otra vez, que
conceda la paz y la perfección de los cielos a una humanidad propensa a profanar la creación. En este oscuro aniversario en los albores de un nuevo siglo, estamos más conscientes que nunca que necesitamos ayuda desde lo alto.

Deseándoles un ayuno fácil y pleno de significado,

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de IOM KIPUR ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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