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Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch |
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P A R A S H A T L E J L E J Á
Parashat
Lej Lejá es la historia del pacto de Dios con Abraham y, por
extensión, con todas las futuras generaciones del pueblo de Israel. El clímax de esta historia es la mitzvá de la
circuncisión. Pocas mitzvot en nuestra
tradición se han mantenido tan firmes en todo su compromiso y observancia, como se ha
mantenido el ritual de la circuncisión. Pocas
mitzvot tienen la intensidad emotiva y la fascinación que permea a todo brit milá.
¿Por qué realizamos este extraordinario ritual?
Según la Torá, observamos la mitzvá de la circuncisión como símbolo de nuestro
pacto con Dios, como se afirma en Génesis 17: Circuncidaréis
la carne de vuestro prepucio; lo que será por señal del pacto entre Mí y vosotros... Así estará Mi pacto en vuestra carne como pacto
eterno. (v. 11,13)
A
pesar de que la Torá es muy explícita en lo que respecta al significado de la
circuncisión, todavía aspiramos a encontrarle un significado más profundo. ¿De qué forma establece un pacto con Dios el
hecho de remover el prepucio? De acuerdo con
la inmensa riqueza y diversidad de la tradición judía, existen muchas respuestas
diferentes a esta pregunta.
Una
forma de entender lo que significó la circuncisión durante el período bíblico es leer
cuidadosamente el contexto dentro del cual se presenta esta mitzvá. Al principio del Génesis 17, la promesa de Dios
de hacer un pacto con Abraham va acompañada con la promesa de una gran fertilidad: Y
pondré Mi pacto entre Mí y ti, y te multiplicaré sobremanera
Y serás padre de
una multitud de naciones... Y te haré fructificar sobremanera
(v. 2,4,6)
La
Torá define entonces el papel de Abraham en este pacto: observar fielmente la
circuncisión. La descripción del pacto en
nuestra parashá sugiere una conexión poderosa entre la circuncisión y la fertilidad.
Esta
conexión se demuestra aún más al examinar el término orlá, prepucio, en otros pasajes
bíblicos. En el libro del Éxodo, Moisés se
refiere a su dificultad de palabra como a lo incircunciso de sus labios
(Éxodo 6:30). En el libro del Deuteronomio,
con el fin de que los israelitas amen y sirvan a Dios, se les pide circuncidar
sus corazones (Dt.10:16). En el libro de
Jeremías, la gente no es capaz de recibir y escuchar el mensaje profético debido al
prepucio en sus oídos (Jeremías 6:10).
En cada uno de estos casos, el prepucio representa un obstáculo
para el funcionamiento apropiado del órgano. Desde
esta perspectiva, Dios manda a Abraham a remover el prepucio de los varones de la casa con
el fin de que puedan participar mejor en el pacto de fertilidad de Dios. Este ritual representa el rol que juegan los
humanos dentro de la promesa de Dios de una nación fructífera.
Sin embargo, la circuncisión como método de mejorar la fertilidad no llega a la
esencia de lo que significa estar en una relación de pacto con Dios. En el período rabínico, el significado de la
circuncisión asume varias interpretaciones nuevas.
Una noción que prevalece en el Talmud era que la circuncisión ayuda a desviar la
lujuria pecadora (ver, por ejemplo, Suká 52a o Nedarim 32a). Este enfoque del brit milá queda establecido en un impresionante
midrash en Menajot 43b: Nuestros
sabios enseñaron: Amado es Israel, a quien Dios encomendó
sus mandamientos; tefilín en sus cabezas, tefilín en sus brazos, cuatro flecos anudados
en sus vestidos, mezuzot en sus umbrales. De
ellos dijo el Rey David: Siete veces al día Te alabo observando Tus virtuosas
ordenanzas (Sal 119:164). Cuando el
Rey David entraba a los baños y se veía a sí mismo desnudo, exclamaba: Desgraciado de mí, que estoy desnudo sin un
mandamiento. Pero cuando notaba la
circuncisión en su carne, su mente se tranquilizaba.
Según este midrash, Dios nos ha rodeado de mitzvot tangibles que nos sirven como
recordatorio de nuestro pacto con Él. En los
baños, el Rey David se encuentra despojado de los recordatorios de tefilín, tzitzit y mezuzá, que lo protegen a
diario del pecado. Al encontrarse desnudo en
un lugar de tentación potencial, David se preocupa de que se puede desviar de los caminos
de Dios sin la salvaguarda de las mitzvot. Al final, se reconforta al darse cuenta de que
adondequiera que vaya, estará a salvo del pecado gracias al sello del pacto de Dios en su
carne.
Desde
esta perspectiva rabínica, la circuncisión sirve como una señal de auto-control en la
raíz misma del pecado potencial. Para los
rabinos, el pecado sexual era el epítome de la idolatría y del rechazo de las leyes de
Dios. Ya sea que esta idea esté o no
conforme con nuestras sensibilidades modernas, esta interpretación rabínica del brit milá nos ayuda a enfocar nuestra atención en
otro aspecto importante de nuestro compromiso con Dios:
nuestra aceptación voluntaria de las mitzvot. De esta forma, la circuncisión nos sirve como
recordatorio constante para preservar los mandamientos de Dios, de una forma muy semejante
a la mezuzá en nuestros umbrales. Con este enfoque, podemos entender la
circuncisión como nuestro intento de encarnar literalmente el compromiso con las leyes de
Dios.
Un
midrash rabínico posterior sugiere todavía otra interpretación de la mitzvá de la
circuncisión. El midrash Tanjuma cuenta la
historia de una discusión entre el gobernador romano Rufus y Rabí Akiva. Rufus le pregunta a Rabí Akiva por qué se circuncidan los judíos. En su respuesta, Rabí Akiva afirma que: Los trabajos de los seres humanos son más
hermosos que los trabajos de Dios. Para
probar su punto, Rabí Akiva le presenta a Rufus mazorcas de grano y delicados panes,
diciendo: Las mazorcas de grano son
obra de Dios, los panes son obra de los hombres; ¿no son acaso más hermosos los
panes? Rabí Akiva trae entonces tallos
de lino y vestidos elaboradamente tejidos. Explica: Los primeros son obra de Dios; los segundos,
obra de los hombres. ¿No son más de admirar los vestidos?
Este midrash articula una teología del pacto y una interpretación de la
circuncisión que sigue teniendo un significado profundo para nosotros en la actualidad. Esta teología afirma que nosotros somos socios de
Dios en la creación. La circuncisión sirve
de signo de nuestro compromiso de participar con Dios en este proceso continuo. Nuestro papel en el pacto con Dios es ayudar a
perfeccionar el mundo en el cual Dios nos ha puesto.
Es así que convertimos el grano en pan y el lino en vestidos; luchamos por
construir sociedades justas y apacibles; y traemos la presencia de Dios al mundo a través
de nuestras oraciones y nuestras mitzvot. La circuncisión es un poderoso recordatorio de
que en nuestras manos está la enorme responsabilidad
de perfeccionar la creación de Dios; ¡incluso la
creación de nosotros mismos! La creación de
Dios fue completada en siete días. En el
día octavo, nosotros comenzamos a partir de lo que Dios dejó sin hacer. En el día octavo, asumimos nuestro compromiso en
el pacto con Dios como arquitectos asociados en la construcción de un mundo mejor. Shabbat
Shalom
La publicación y
distribución del comentario de
la Rabina Lauren Eichler Berkun de la Parashá
LejLejá ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita Dee y Harold (zl)
Hassenfeld. Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. |
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