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Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch
(Seminario Teológico Judío de América)

 

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P A R A S H A T   L E J L E J Á
Rabina Lauren Eichler Berkun
Génesis 12:1 - 17:27
27 de octubre, 2001         10 Jeshvan 5762

Parashat Lej Lejá es la historia del pacto de Dios con Abraham y, por extensión, con todas las futuras generaciones del pueblo de Israel.  El clímax de esta historia es la mitzvá de la circuncisión.  Pocas mitzvot en nuestra tradición se han mantenido tan firmes en todo su compromiso y observancia, como se ha mantenido el ritual de la circuncisión.  Pocas mitzvot tienen la intensidad emotiva y la fascinación que permea a todo brit milá.

            ¿Por qué realizamos este extraordinario ritual?  Según la Torá, observamos la mitzvá de la circuncisión como símbolo de nuestro pacto con Dios, como se afirma en Génesis 17: “Circuncidaréis la carne de vuestro prepucio; lo que será por señal del pacto entre Mí y vosotros...  Así estará Mi pacto en vuestra carne como pacto eterno.”  (v. 11,13)

            A pesar de que la Torá es muy explícita en lo que respecta al significado de la circuncisión, todavía aspiramos a encontrarle un significado más profundo.  ¿De qué forma establece un pacto con Dios el hecho de remover el prepucio?  De acuerdo con la inmensa riqueza y diversidad de la tradición judía, existen muchas respuestas diferentes a esta pregunta.

            Una forma de entender lo que significó la circuncisión durante el período bíblico es leer cuidadosamente el contexto dentro del cual se presenta esta mitzvá.  Al principio del Génesis 17, la promesa de Dios de hacer un pacto con Abraham va acompañada con la promesa de una gran fertilidad:

“Y pondré Mi pacto entre Mí y ti, y te multiplicaré sobremanera… Y serás padre de una multitud de naciones... Y te haré fructificar sobremanera…”  (v. 2,4,6)

            La Torá define entonces el papel de Abraham en este pacto: observar fielmente la circuncisión.  La descripción del pacto en nuestra parashá sugiere una conexión poderosa entre la circuncisión y la fertilidad.

            Esta conexión se demuestra aún más al examinar el término orlá, “prepucio”, en otros pasajes bíblicos.  En el libro del Éxodo, Moisés se refiere a su dificultad de palabra como a lo “incircunciso” de sus labios (Éxodo 6:30).  En el libro del Deuteronomio, con el fin de que los israelitas amen y sirvan a Dios, se les pide “circuncidar” sus corazones (Dt.10:16).  En el libro de Jeremías, la gente no es capaz de recibir y escuchar el mensaje profético debido al “prepucio” en sus oídos (Jeremías 6:10).   En cada uno de estos casos, el “prepucio” representa un obstáculo para el funcionamiento apropiado del órgano.  Desde esta perspectiva, Dios manda a Abraham a remover el prepucio de los varones de la casa con el fin de que puedan participar mejor en el pacto de fertilidad de Dios.  Este ritual representa el rol que juegan los humanos dentro de la promesa de Dios de una nación fructífera.

            Sin embargo, la circuncisión como método de mejorar la fertilidad no llega a la esencia de lo que significa estar en una relación de pacto con Dios.  En el período rabínico, el significado de la circuncisión asume varias interpretaciones nuevas.  Una noción que prevalece en el Talmud era que la circuncisión ayuda a desviar la lujuria pecadora (ver, por ejemplo, Suká 52a o Nedarim 32a).  Este enfoque del brit milá queda establecido en un impresionante midrash en Menajot 43b:

“Nuestros sabios enseñaron: Amado es Israel, a quien Dios encomendó sus mandamientos; tefilín en sus cabezas, tefilín en sus brazos, cuatro flecos anudados en sus vestidos, mezuzot en sus umbrales.  De ellos dijo el Rey David: ‘Siete veces al día Te alabo observando Tus virtuosas ordenanzas’ (Sal 119:164).  Cuando el Rey David entraba a los baños y se veía a sí mismo desnudo, exclamaba:  ‘Desgraciado de mí, que estoy desnudo sin un mandamiento.’  Pero cuando notaba la circuncisión en su carne, su mente se tranquilizaba.”

            Según este midrash, Dios nos ha rodeado de mitzvot tangibles que nos sirven como recordatorio de nuestro pacto con Él.  En los baños, el Rey David se encuentra despojado de los recordatorios de tefilín, tzitzit y mezuzá, que lo protegen a diario del pecado.   Al encontrarse desnudo en un lugar de tentación potencial, David se preocupa de que se puede desviar de los caminos de Dios sin la salvaguarda de las mitzvot.  Al final, se reconforta al darse cuenta de que adondequiera que vaya, estará a salvo del pecado gracias al sello del pacto de Dios en su carne.

            Desde esta perspectiva rabínica, la circuncisión sirve como una señal de auto-control en la raíz misma del pecado potencial.  Para los rabinos, el pecado sexual era el epítome de la idolatría y del rechazo de las leyes de Dios.  Ya sea que esta idea esté o no conforme con nuestras sensibilidades modernas, esta interpretación rabínica del brit milá nos ayuda a enfocar nuestra atención en otro aspecto importante de nuestro compromiso con Dios:   nuestra aceptación voluntaria de las mitzvot.  De esta forma, la circuncisión nos sirve como recordatorio constante para preservar los mandamientos de Dios, de una forma muy semejante a la mezuzá en nuestros umbrales.  Con este enfoque, podemos entender la circuncisión como nuestro intento de encarnar literalmente el compromiso con las leyes de Dios.

            Un midrash rabínico posterior sugiere todavía otra interpretación de la mitzvá de la circuncisión.  El midrash Tanjuma cuenta la historia de una discusión entre el gobernador romano Rufus y Rabí Akiva.  Rufus le pregunta a  Rabí Akiva por qué se circuncidan los judíos.  En su respuesta, Rabí Akiva afirma que:  “Los trabajos de los seres humanos son más hermosos que los trabajos de Dios”.  Para probar su punto, Rabí Akiva le presenta a Rufus mazorcas de grano y delicados panes, diciendo:  “Las mazorcas de grano son obra de Dios, los panes son obra de los hombres; ¿no son acaso más hermosos los panes?”  Rabí Akiva trae entonces tallos de lino y vestidos elaboradamente tejidos.  Explica:  “Los primeros son obra de Dios; los segundos, obra de los hombres. ¿No son más de admirar los vestidos?”

            Este midrash articula una teología del pacto y una interpretación de la circuncisión que sigue teniendo un significado profundo para nosotros en la actualidad.  Esta teología afirma que nosotros somos socios de Dios en la creación.  La circuncisión sirve de signo de nuestro compromiso de participar con Dios en este proceso continuo.  Nuestro papel en el pacto con Dios es ayudar a perfeccionar el mundo en el cual Dios nos ha puesto.   Es así que convertimos el grano en pan y el lino en vestidos; luchamos por construir sociedades justas y apacibles; y traemos la presencia de Dios al mundo a través de nuestras oraciones y nuestras mitzvot.  La circuncisión es un poderoso recordatorio de que en nuestras manos está la enorme responsabilidad   de perfeccionar la creación de Dios; ¡incluso la creación de nosotros mismos!  La creación de Dios fue completada en siete días.  En el día octavo, nosotros comenzamos a partir de lo que Dios dejó sin hacer.  En el día octavo, asumimos nuestro compromiso en el pacto con Dios como arquitectos asociados en la construcción de un mundo mejor.

Shabbat Shalom

 

La publicación y distribución del comentario de la Rabina Lauren Eichler Berkun de la Parashá LejLejá ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita Dee y Harold (z”l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

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