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NOAJ    5763
Bereshit - Génesis 6:9-11:32
12 de octubre, 2002

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum  

El último fragmento mitológico que tenemos en la Torá, antes de llegar a la figura de Abraham, es la Torre de Babel. Con este episodio, la Torá vuelve su atención de lo universal a lo particular, de la historia de la humanidad a la historia de los descendientes de Sem, primogénito de Noé. Tal y como se preserva, el relato consta de solo nueve versículos; corto, insignificante y poco edificante, no mucho más que una sátira licenciosa sobre Babilonia. A lo más, tratamos de conectar este fragmento al misterio del lenguaje humano. Si todos somos descendientes de Noé, ¿cómo llegamos a hablar tantas lenguas diferentes?

Pero esa pregunta tiene un ligero matiz académico. Lo que realmente falta en esta coyuntura narrativa de la Torá es una etiología del politeísmo. Dado que la polémica contra el politeísmo ocupa un papel tan central en el antiguo Israel, ¿por qué no hay especulación en forma de relato sobre cómo pasó la humanidad del monoteísmo al politeísmo? En efecto, en los primeros capítulos del Génesis se asume que nuestros primeros ancestros eran monoteístas. Por intuición, sentían que la composición múltiple de la realidad emanaba a partir de una única deidad suprema, con la que les era fácil comunicarse. Adán y Eva “oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba en el jardín a la brisa del día” (3:8). Caín, Abel, y más tarde Noé, ofrecieron sacrificios espontáneamente para expresar su agradecimiento a Dios (4:3-4, 8:20). En resumen, la Torá no nos aclara cómo fue que la humanidad se perdió, teológicamente hablando.

Fue precisamente esta omisión la que hizo a Maimónides (el filósofo judío medieval más inclinado hacia la historia) plantear una teoría sobre los orígenes del politeísmo. El resbalón de la humanidad estuvo marcado por buenas intenciones. Primero, le rindieron culto a los cuerpos celestes, pensando que Dios estaría complacido de que honraran Su entorno. Segundo, pusieron dentro de los templos, construidos con este propósito, imágenes físicas del séquito de Dios. Todavía en este punto la humanidad sabía que, detrás de estos representantes, Dios reinaba supremo. Pero cuando llegaron a la tercera etapa, ese enlace crucial se rompió. El esfuerzo por expresar a Dios en forma física y artística, tuvo como resultado que la humanidad comenzara a reverenciar al representante, como un ídolo que encarnaba poderes trascendentales. Según Maimónides, la misión de Abraham y de la   nación de su simiente fue la de repudiar esa noción fragmentada de trascendencia, así como la moral y las costumbres que se derivaron de ella (Mishné Torá, Hiljot Avodat Kojavim 1:1). Para pasar por alto ese contexto histórico, Maimónides afirma, en su Guía a los Perplejos, que muchas de las prohibiciones de la Torá eran inexplicables (III, 37), y no es por occidente que, en su código, el número de mitzvot que se encuentran en el libro sobre idolatría (51) es mucho mayor que en cualquier otro libro.

Aún así, ninguna de estas ingeniosas teorías tiene una base textual en la Torá. Pero sí nos ofrece un lente a través del cual podemos reexaminar la Torre de Babel. El relato tiene varias características que vale la pena destacar. Es un cuento de desvío, de alejamiento. Cualquier intimidad entre Dios y Noé pareciera haber desaparecido. Hace énfasis en los asuntos materiales. Los habitantes de Shinar se enorgullecen de su habilidad para compensar la falta de recursos naturales. Los ladrillos bien hechos eran tan buenos como la piedra labrada, con los que podían construir una ciudad y un templo indestructibles. En el centro de su mundo estaba el todopoderoso ego.

Pero Dios es más difícil de encontrar en un mundo hecho por el hombre. Rodeados por monumentos de nuestra propia ingenuidad, nos convertimos en sordos a los ecos de la eternidad. En el relato bíblico, la voz de Dios está claramente ausente. Frente a la arrogancia humana, Dios se retira al rincón más remoto del cosmos. De aquí el deseo de asaltar los cielos. El esfuerzo humano puede restaurar la interrupción en la comunicación.

El relato se burla de la idea misma. Para llegar a Dios no hay necesidad de subir al cielo. Dos veces se dice que Dios desciende de lo alto fácilmente. No es la construcción sino la contrición lo que une lo humano con lo divino; lo que salva el vacío es nuestro estado interior, no un vasto recinto sagrado.

Entonces, la construcción de la torre fue un acto de rebelión nacido de la prosperidad. En la frase “y se establecieron allí” (Génesis 11:2), los rabinos encontraron un tono de finalidad. Los emigrantes del este terminaron su viaje por haber llegado a una tierra plena de bendiciones. Y sin embargo, lo que Dios había planeado para su bien, se convirtió rápidamente en la fuente de su caída. La autosatisfacción alimentó su arrogancia (Tosefta Sotá 3:10), o como observaron los rabinos, “Un estómago lleno es la fuente de muchos males” (Talmud Berajot 32a).

Como ejemplo de rebelión, la Torre de Babel se apega al tema dominante del preludio de la Torá a la historia de Abraham. La maldad humana pone en peligro la creación de Dios. Sin restricciones, el hombre continúa siendo un animal salvaje en la selva. Los Rabinos se refieren a las mitzvot de la Torá como a un yugo, un sistema de leyes destinado a enjaezar el talento humano hacia el bien. Como simples mortales, tendemos a abusar de nuestra autonomía. El yugo de lo divino nos ayuda a conseguir el auto-dominio. El politeísmo no es más que un subconjunto de las desviaciones que constituyen la depravación humana. El pasar de una a muchas lenguas implica el paso de uno a muchos dioses. Con la vista fija en las cosas materiales, perdemos de vista lo espiritual. La rebelión contra Dios trastorna el destino dispuesto para nosotros en el principio, como socios en el sustento de la creación.

Shabat shalom,

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat NOAJ ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

 
La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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