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TOLDOT
5763 Por
el Rabino Steven Brown, Doctor en Educación, Reemplazando
al El recuento de la gestación, parto y crecimiento de los gemelos más famosos de la Biblia, Esaú y Jacob, me hace recordar una maravillosa película de la PBS llamada ¿Cuán Difícil Puede Ser? El Taller de la Ciudad F.A.T. (How Difficult Can It Be? The F.A.T. City workshop). Las siglas F.A.T. están por Frustración, Ansiedad, Tensión. Mediante una serie de simulaciones y ejercicios, Richard D. Lavoie, un excelente maestro de educación especial, convierte, en cuestión de minutos, a un grupo de adultos muy bien preparados en estudiantes con dificultades de aprendizaje. Lavoie nos recuerda que los niños con dificultades de aprendizaje se enfrentan a los mismo problemas no solamente en la escuela sino 24 horas al día, siete días por semana, lo que les provoca frustración, ansiedad y tensión diarias en sus vidas cotidianas. En un momento culminante de la película, Lavoie comenta que ser justo no es tratar a todo el mundo por igual, sino darle a cada uno lo que cada uno necesita. Jacob y Esaú, sus peleas, relación, personalidades y estilos de aprendizaje tan diferentes, representan para mí los arquetipos de las profundas diferencias existentes entre nuestros niños, en sus habilidades, métodos de aprendizaje y logros. Cuando el Midrash (Bereshit Rabá 63:6) busca entender la descripción de los dos gemelos que luchan y se revuelcan en el vientre de Rebeca, pasa a comentar su cuidado prenatal. Jacob quiere salirse del útero cada vez que Rebeca pasa frente a una sinagoga o casa de estudio (una retrospección rabínica de las formas institucionales). Cuando pasa frente a una casa de idolatría (brillantemente iluminada, como un casino hipnotizante), es Esaú el que no puede esperar para salir del útero. Conforme los muchachos crecen y se van a la escuela, otro Midrash relata cómo Jacob era como un mirto y Esaú como una rosa salvaje, creciendo uno al lado del otro. Jacob despedía un aroma agradable y Esaú, espinas. Tras 13 años de escuela, Jacob continúa estudiando en pos de una formación judía superior, mientras Esaú se lanza a una vida de depravación, en la que la idolatría es una práctica común. La tradición judía posterior pone por las nubes a Jacob, el aplicado, capaz y ávido estudiante, y demoniza a Esaú, el hombre de la calle, el cazador, el hombre que necesitaba trabajar con sus manos y estar siempre en movimiento. Para mí, como padre y educador que le ha tocado enfrentarse a muchos niños, incluyendo a mi hijo, que vienen a la escuela con una gran gama de fortalezas, necesidades, déficits y retos de aprendizaje, la yuxtaposición de estos dos estudiantes arquetípicos tiene una poderosa resonancia. Por ser la tradición judía tan escolástica, tan verbal, tan demandante de tipos de inteligencia de pensamiento lingüístico y lógico, a menudo mira en menos otros dones que muchos estudiantes traen a su experiencia escolar. Nuestros textos transmiten el mensaje de que para ser un buen judío solo es necesario ser un maestro de las palabras, un manipulador hábil de los textos. Esaú era cualquier cosa menos ese tipo de estudiante. Algunos, como nuestro colega y maestro Dr. Ora Prouser, reconoce varios síntomas de ADD/ADHD - hiperactividad / déficit atencional en la impulsividad de Esaú y en su incapacidad para permanecer sentado y quieto durante largos períodos. Observen la reacción de sus padres: Isaac prefiere el estilo de vida de Esaú, sus labores manuales, la puesta en práctica y su tendencia a estar fuera de la casa, mientras que Rebeca claramente prefiere al estudiante, el hijo que es sabio en la escuela y que se destaca en la academia. Demasiado a menudo nosotros como padres tendemos a valorar inmediatamente los talentos de Jacob por sobre los de Esaú. Hemos crecido dentro de una cultura que valora el aprendizaje a través de los libros sobre cualquier otro aprendizaje. Pero no todos nuestros niños aprenden verbalmente. Aquellos que no tienen esa habilidad, a menudo reciben el mensaje de que son menos valiosos, menos queridos que el buen estudiante. Muchas veces me ha tocado ver padres que se sienten muy afectados cuando los tests psico-pedagógicos revelan que sus niños tienen déficit o dificultades de aprendizaje. He visto padres renuentes a aceptar las fortalezas y las debilidades de sus hijos, achacándole la culpa de los problemas a la maestra o a la escuela. He visto a incontables padres pasar por serias dificultades a la hora de matricular a sus hijos, porque desean tratar a todos con justicia, con equidad. Y es aquí donde la sabiduría de Lavoie se topa con nuestra parashá. Ser justo es darle a nuestros niños lo que cada uno de ellos necesita, no tratarlos a todos de la misma manera. Desafortunadamente, la tradición rabínica ha demonizado a Esaú, identificándolo primero con nuestro enemigo Edom, después con Roma, mientras por el otro lado glorifica a Jacob como el defensor de la excelencia académica, lo que ha provocado una dicotomía insana y un estereotipo inapropiado a la hora de valorar nosotros a nuestros niños y sus necesidades. Un niño puede desenvolverse muy bien en un ambiente de escuela formal, pero su hermano tal vez se desenvuelva mucho mejor en un medio ambiente de educación alternativa. Por supuesto que es más conveniente tener a todos nuestros hijos en la misma escuela, pero, ¿será justo sacrificar a uno por las necesidades del otro, entendiendo por equidad que todos nuestros niños deben hacer la misma cosa de la misma manera? La lucha épica de Jacob y Esaú por desarrollar su autoestima e individualidad es paradigmática para la forma en que tratamos a cada uno de nuestros niños. Esto también podría significar que debemos esforzarnos por proporcionar alternativas de acceso a la educación judía, para afrontar así la enorme variedad de talentos e inteligencias diferentes con que los niños llegan a la escuela judía. Tenemos nuestros Esaús y nuestros Jacobs, y si la idea es capitalizar sobre las múltiples fortalezas con que nuestros niños pueden contribuir al pueblo judío, debemos proporcionar experiencias que valoren ambos tipos de alumnos. La manera de Esaú de comprender y enfrentarse al mundo no es menos relevante para su desarrollo espiritual que el enfoque de Jacob. Que nosotros, en nuestra calidad de educadores, tengamos la capacidad de valorar las diferencias entre nuestros niños, demostrando nuestra imparcialidad tratando de satisfacer las necesidades individuales de cada uno. Irónicamente, mientras estoy aquí sentado frente a mi computador escribiendo este ensayo, escuchando cómo mi plomero arregla mi humidificador, me pregunto cuál de nosotros conoce mejor el camino hacia el Dios vivo. Shabat shalom, Steven Brown La publicación y distribución del comentario del Rabino Brown de Parashat TOLDOT ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)Hassenfeld. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen. Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen. |
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