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VAISHLAJ     5763
Bereshit - Génesis 32:4-36:43
23 de noviembre, 2002 - 18 kislev 5763

Por el Rabino Marc Wolf Director de Desarrollo Comunitario del J.T.S.

Reemplazando al
Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Inés Baum  

“Demasiado a menudo el hombre fuerte y silencioso se queda en silencio sólo porque no sabe qué decir, y tiene reputación de fuerte porque permanece en silencio.” Esta denuncia, hecha por Winston Churchill, me recuerda inicialmente a nuestro patriarca Jacob. Esta semana leemos uno de los relatos más perturbadores del Génesis: el rapto de Dina. Como nos cuenta la parashá, Dina era la hija de Lea y Jacob, hermana de Simón y Leví. Un día en que salió a encontrarse con las demás jóvenes del pueblo, el príncipe local, Shejem, la raptó. Al enterarse de las noticias de esta violación, Jacob reaccionó como nunca nos hubiéramos esperado que reaccionara un padre: con el silencio.

Yuxtapuesta a la reacción de Jacob, tenemos la iracunda respuesta de los hermanos de Dina. Después de raptarla, Shejem se enamoró de ella y quiso hacerla su esposa. Cuando Shejem llegó donde Jacob a pedir su mano, la parashá nos dice que los hermanos le contestaron “sagazmente, con disimulo” (Génesis 34:13). Hablando en nombre de su padre, llegaron a un acuerdo con Shejem; si lograba convencer a todos los hombres de sus tierras de circuncidarse, entonces podría obtener la mano de su hermana en matrimonio. Rabeinu Bajia, comentarista español de los siglos XIII y XIV, afirmó en su comentario sobre Vaishlaj que los hermanos no tenían ninguna intención de dejar que Dina se casara con este hombre. Planeaban esperar hasta el tercer día de dolor después de la circuncisión, cuando los hombres de la ciudad estuvieran bien débiles, para rescatar a su hermana de su cautiverio. Este plan, sin embargo, se metamorfoseó en un acto mortal de venganza.

Cuando Simón y Leví fueron a rescatar a Dina, algo espantoso sucedió. Los hermanos entraron en la casa de Shejem y se sintieron llenos de furia. Demostraron un desliz de fe en Dios, quien otorga justicia y compasión, y en un momento de lealtad filial, cruzaron la raya y se lanzaron a una avalancha de ira, rabia y pasión. Asesinaron a todos y cada uno de los hombres de la ciudad, a Shejem y finalmente a su padre. Rabeinu Bajia afirma que la violencia de Simón y Leví no fue simplemente un lapso de juicio momentáneo, sino más bien un acto premeditado. Justificaron su venganza achacándole la culpa del rapto de Dina a todos los hombres de la ciudad. Después de todo, ¿no se habían mantenido imperturbables mientras se cometía una injusticia?

A pesar de estas justificaciones, no podemos respaldar su ataque de ira, su emotivo desprecio de los sentimientos de compasión y humanidad. Debemos definir sus actos como una injusticia brutal, un crimen y una vergüenza. La humanidad es el regalo que nos concedió Dios. Aunque a veces podamos
olvidar nuestra humanidad y responder con la venganza, aún así la venganza es una emoción instintiva, no sujeta a los dones de Dios.

La respuesta de nuestro patriarca Jacob a los horripilantes actos de sus hijos fue clamar, “Me habéis turbado, haciéndome abominable para con los moradores del país” (Génesis 34:30). Habéis echado todo a perder, pareciera decir. Habéis embarrado todo lo que defendemos, todo lo que predicamos, todo lo que vuestros ancestros habían hecho. Seguimos las indicaciones de Dios y le enseñamos a otros el significado de justicia y compasión; ustedes han hecho de estas lecciones una futilidad. Las
palabras sagradas de nuestra tradición, la intensidad de nuestra fe, nuestra creencia en un Dios justo y compasivo, todo es ahora insulso y vacuo debido a vuestros actos. Jacob ya no permanece en silencio. De hecho, el mensaje a sus hijos es fuerte y claro: “¡AJARTEM OTI!” ¡Me habéis turbado! Esta no es mi familia; no reconozco estas acciones. ¿Cómo respondieron Simón y Leví al reclamo de su padre? No dieron con ninguna respuesta satisfactoria. Cuando debieran haberse disculpado, o al menos mantenerse en silencio frente al regaño de su padre, intentaron justificar una acción injustificable respondiendo simplemente: “¿Habría él de tratar a nuestra hermana como una ramera?”

Esta parashá se puede leer tanto como un apoyo o como un reto a la declaración de Churchill. Los hombres de Shejem que permanecieron en silencio ante el rapto de Dina se apegan a las palabras de Churchill. Jacob, sin embargo, reta su sabiduría. A veces, una situación demanda un silencio contemplativo; un silencio en el cual uno pueda deliberar y decidir cuál es la reacción apropiada. Los hijos de Jacob, sin embargo, no siguen las indicaciones del silencio de su padre; actúan con juicio arrebatado, que perjudica para siempre sus vidas. Tal vez Jacob, el estadista más sabio y más viejo, demostró un silencio que hasta Churchill podría haber envidiado.

En una sociedad en que la reacción y la respuesta instantáneas son la norma, podríamos tomar algunas sugerencias de nuestro patriarca Jacob. Cuando actuamos sin el raciocinio inteligente regalo de Dios, dañamos nuestro presente y nuestro futuro. Tomémonos el tiempo para vivir los momentos de silencio y después reaccionar con humanidad.

Shabat shalom,

Marc Wolf

La publicación y distribución del comentario del Rabino Wolf de Parashat Vaishlaj ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)Hassenfeld.

 
La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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