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TETZAVÉ 5763
Shmot-Éxodo 27:20-30:10
15 de febrero, 2003 - 13 de Adar I, 5763

Por el Rabino Dr. Joshua Heller,
Director de Educación a Distancia y Tecnología Educativa
en el Jewish Theological Seminary
Reemplazo al Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary

Traducción de Ines Baum

La última parte del libro del Éxodo describe la construcción del Mishkan, el tabernáculo portátil que sirvió como punto focal de la presencia de Dios mientras los israelitas vagaban por el desierto y más allá.  Estas porciones se caracterizan por su apego a la regularidad y el orden.  Los pocos y cuidadosamente elegidos, desarrollan los mismos intrincados rituales prescritos en la misma forma todos los días, usando objetos sagrados, estandarizados hasta el más pequeño detalle.  Cada faceta se describe dos veces, primero cuando se la ordena Dios a Moisés, y después cuando se pone en práctica, lo que se hace con estricto apego a las instrucciones.  Esto contrasta con las expresiones religiosas extemporáneas, como por ejemplo el becerro de oro, que implican, en el mejor de los casos, un riesgo.  No existe campo para la novedad en la rutina.

Las parashiot de esta semana y de la semana pasada, vistas en conjunto, expresan aún más la tensión esencial entre tradición e innovación, rutina y novedad, dentro de la experiencia religiosa judía.  La parashá de la semana pasada, Trumá, describe la recolección de donaciones y los planos para el tabernáculo mismo, así como para los objetos más importantes, incluyendo el arca, el altar, la mesa y la menorá.  La parashá de esta semana, Tetsavé, enfoca su atención en la estandarización del factor humano; primero, en los trajes que deberán usar los sacerdotes, y después en el ritual que iniciarán Aarón y sus descendientes.  Al final de Tetsavé, aparte del recuento de todos los demás implementos, aparece el mandato de crear un altar donde colocar el incienso (Éxodo 30:1-10).

Muchos comentaristas se han preguntado:  ¿por qué este pequeño altar hecho de madera de acacia, recubierto de oro bruñido, se presenta separado de los demás objetos?  El comentarista Meshej jojmá sugiere que de todos los objetos, solamente éste no es estrictamente necesario para el funcionamiento del tabernáculo.  Las luces no se pueden encender sin una menorá, no se pueden ofrecer sacrificios sin el altar principal, pero el incienso se puede prender aunque falte el altar de oro.  Así pues, por ser un accesorio opcional, se menciona después de los arreos indispensables.

Rambam, en su comentario del mismo pasaje, opina que existe una diferencia funcional entre el altar y los otros tipos de objetos.  Los otros objetos cumplen el papel de acercar a Dios al pueblo judío.  El incienso cumple el papel especial de “detener la plaga”, de apaciguar la ira de Dios cuando se presentan infracciones rituales en la divina presencia. Este papel solo se hace necesario cuando ya los demás objetos han sido colocados en su sitio, cuando ya Dios se ha acercado.  Este punto de vista es particularmente interesante debido a que la construcción y dedicación misma del Mishkan está circundada por dos respuestas divinas catastróficas ante una experimentación ritual inapropiada.  En ambos casos, el oro o el incienso ocupan el lugar central en la infracción original.  Una comprensión mínima de la cronología bíblica hallaría el incidente del becerro de oro desarrollándose, mientras Dios mostraba a Moisés los planes para el altar de oro.  Nadav y Avihu, los
hijos de Aarón, murieron (según Rambam, ante ese mismo altar) mientras ofrecían incienso en una forma no ordenada por Dios, arruinando así la culminación de su elección como Cohanim.

La interpretación de Rambam no es extraordinaria en lo que respecta a su sensibilidad de que en los encuentros humanos con lo divino, la adherencia estricta al ritual es la única forma de evitar el desastre.  En efecto, el incienso mismo pareciera desanimar cualquier innovación.  El omitir o cambiar el ingrediente más ínfimo (Talmud, Kritot 6a) lo hace a uno acreedor de la pena de muerte.  Sin embargo, la interpretación de Rambam sobre el altar de oro, como una concesión a la posible necesidad del error humano, y la necesidad de expiar tales posibilidades, refleja por sí misma un grado de flexibilidad dentro de la tradición ritual, una conformidad para con las necesidades y debilidades humanas.

Se hace una concesión aun dentro de la rutina, para asegurar una continua novedad y frescura en el antiguo ritual:  el ofrecimiento diario de
incienso.  Según la Mishná (Ioma 2:1-4), en el antiguo templo había sistemas de rotación y de loterías para determinar cuales sacerdotes serían asignados a las diversas tareas asociadas con el ofrecimiento diario del Tamid y otros aspectos del rito, que se desarrollaban todos los días sin faltar uno.  La tercera rifa, para ofrecer el incienso, era única, ya que estaba abierta solamente para aquellos que nunca lo habían hecho antes.  El Talmud (Ioma 26a) propone una razón para esta práctica: a aquél que le tocara ofrecer el incienso le sería asegurada la riqueza, por lo que existía el deseo de esparcir esta bendición tanto como fuera posible.  Además, esta práctica
tenía un efecto auxiliar igualmente importante: el de asegurar el hecho de que todos los días habría alguien en la rutina de la mañana, entusiasmado por tener que hacer algo por primera vez.  El incienso no era solo una columna de humo, sino también una bocanada de aire fresco.

Por supuesto, existe algo positivo y algo negativo en el hecho de que un rol en particular sea desempeñado siempre por un novato.  Nadie quiere ser el primer paciente de un cirujano residente, pero en cuestiones rituales el asunto cobra otro matiz.  En las sinagogas donde hay un Bar/Bat Mitzvá todas las semanas, la haftará puede ser un respiro semanal entre la electricidad de un momento importantísimo y nuevo en una vida y la comodidad de un experimentado talentoso.  De lo que sí no cabe la menor duda es de que cada persona nueva que llega a un ritual, trae consigo su rúbrica personal y su perspectiva propia, y tiene la capacidad de enriquecer el entendimiento de la comunidad.

El altar y el incienso ofrecido en él son señales de que es posible, y hasta necesaria, la búsqueda de la frescura dentro de las fronteras de la tradición.  Mientras que algunos estilos novedosos de expresión religiosa, como el becerro de oro o el incienso de Nadav y Avihu, están “fuera de límites” de la práctica judía, existe un espacio para el incienso dorado del altar, legítimamente creado para afrontar las necesidades y las situaciones nuevas.  La comprensión del papel del altar de Meshej Jojmá nos empuja a considerar el valor de lo optativo, de lo adicional, al lado de los mínimos ordenados.   La rifa del incienso nos recuerda la necesidad de incluir, de encontrar maneras de ver con nuevos ojos hasta las prácticas cotidianas más mundanas, y de hacer que cada vez se sienta como si fuera la primera vez.

Shabat Shalom,

Joshua Heller

La publicación y distribución del comentario del Rabino Heller de Parashat Tetzavé ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)Hassenfeld.

 
La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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