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VAIAKHEL 5763
Shabat Shekalim, Shmot-Éxodo 35:1-38:20
1 de marzo, 2003 - 27 de Adar I, 5763

Por el Rabino Charles Savenor
Decano Asociado de la Escuela Rabínica del J.T.S. 
En reemplazo del Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary


Traducción de Ines Baum

En 1989, durante el vuelo a mi año de estudios en Israel, me puse a conversar con las azafatas de El Al al fondo del avión.  Cuando preguntaron mi nombre, decidí conscientemente presentarme con mi nombre hebreo, Simja.  Cuando estas mujeres de descendencia sefaradita oyeron mi nombre, se echaron a reír.  “Simja, no puedes ser Simja; Simja es un nombre de mujer.”  Me explicaron que en la sociedad israelí moderna, especialmente entre los sefaradíes, solamente las mujeres se llamaban Simja.

Antes de este encuentro, nunca había pensado mucho sobre mi nombre hebreo, que recibí en memoria de mi bisabuela, Celia.  En realidad, siempre lo había aceptado tranquilamente, pareciéndome bastante gracioso que significara alegría.  Aunque decidí seguir los consejos de mis nuevas amigas y usé mi nombre en inglés por el resto de mi estadía en la Universidad Hebrea de Jerusalén, esta experiencia llamó mi atención sobre el poder y significado de los nombres.

En la parashá de esta semana, nos presentan por segunda vez a Betzalel, arquitecto y constructor del Mishkán, poseedor de un nombre hebreo único.  El texto en Éxodo 35 dice: “Dijo entonces Moshé a los hijos de Israel:  “Ved que el Señor ha llamado por nombre a Betzalel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá, y le ha llenado del Espíritu de Dios, en lo relativo a sabiduría, e inteligencia y ciencia, y toda suerte de obra; y para inventar diseños, y para trabajar en oro y en plata y en cobre, y en labrar piedras para engastes, y para tallar la madera; y ejecutar cualquier otra labor de artesanía;”   (Etz Hayim 35:30-34)

Es de particular importancia para nosotros la manera en la que Dios anuncia el cargo de Betzalel.  No es difícil imaginar una presentación más directa, tal como “El principal constructor y artesano será Betzalel.”  El segundo punto que nos llama la atención es como la Torá, con sus frases tan peculiares, crea la impresión de que ya hemos sido presentados antes a Betzalel.

Estas interrogantes requieren que volvamos a nuestro primer encuentro con Betzalel, en la parashá Ki Tisa.  “Reai karati veshem Betzalel,” que se traduce como “Mira que Yo he elegido a Betzalel” (Etz hayim, Éxodo 31:2).  Como podemos ver, encontramos una formulación igualmente extraña en este texto, pero esta vez es Dios el que hace la proclamación.  Otra cosa que hace que este primer pronunciamiento suene peculiar, es porque sugiere que aún en nuestra primera presentación a Betzalel, su nombre ya le había sido asignado por Dios.

Rashi, comentarista bíblico del siglo XI, afirma que este extraño enunciado en la Torá no significa más que:  “Yo he designado a Betzalel para estas labores sagradas.”   Las palabras de Rashi crean una comprensión razonable del texto, pero a pesar de todo ignoran el problema del por qué la introducción hecha por Dios se da en tiempo pasado.

El Midrash nos ofrece una hermosa interpretación de la frase “Mira que Yo he elegido a Betzalel.”   El Midrash cuenta que cuando Moisés estaba en el Monte Sinaí para recibir la Torá, Dios le mostró el Sefer Hajaim, el libro de vida. Este libro, del que nos preocupamos mayormente durante las Altas Fiestas, cataloga los nombres de cada judío en cada generación, desde la Creación hasta la última Redención.  En medio de este encuentro, Dios informa a Moisés que “Yo (Dios) he predeterminado la creación de todas las
gentes, y esto incluye a Betzalel, quien construirá el Mishkan, el tabernáculo.”

Aprendemos del Midrash Rabá que no sólo Dios creó a cada ser humano antes incluso de que el mundo estuviera terminado, sino que nuestros líderes ocupan un lugar prominente en el texto.   Así pues, Betzalel había sido nombrado por Dios desde el principio de los tiempos, puesto que habría de jugar un papel importante en el futuro del pueblo judío.

En este punto de nuestra exploración, hemos tratado de comprender nuestro pasaje del Éxodo solamente en términos de la distinción del anuncio.  En “Tótem y Tabú”, Sigmund Freud escribió:  “El nombre de un ser humano es un componente principal de su persona, tal vez un pedazo de su alma.”  La aseveración de Freud nos lleva a analizar el nombre mismo de Betzalel, procurando descubrir un mensaje escondido.

El Zohar ofrece una explicación del nombre de Betzalel que contradice la explicación del Midrash.   El Zohar sostiene que Betzalel, que traducido literalmente significa “a la sombra de Dios,” no es un nombre recibido por el artesano mayor al principio de los tiempos, sino más bien un título que se gana al completar su misión.  Aplicando la explicación del Zohar a la presentación de Betzalel, leeríamos el verso como sigue:   “Ved, he designado que el nombre de la persona que trabajará en este proyecto sagrado, cuando termine deberá llamarse Betzalel… a la sombra de Dios.”

El final de la descripción de la tarea de Betzalel nos da una idea de cómo este artista y constructor se gana el estado de vivir “a la sombra de Dios.”  La Torá nos dice que Betzalel no es solamente responsable de dirigir la construcción sino también de enseñar a las cuadrillas.  Podríamos preguntarnos qué papel juega la enseñanza en el nombramiento de un artesano.

En palabras de Robert Maynard Hutchins, ex-presidente de la Enciclopedia Británica, “El objetivo de la educación es preparar a los jóvenes para que se puedan educar a sí mismos por el resto de sus vidas.”  A Betzalel se le pide servir como maestro con el fin de que los israelitas puedan aprender tanto del arte de la construcción como de la responsabilidad del líder para con su comunidad.  Por medio de la inspiración que da a sus oyentes para que saquen el máximo provecho de sus propios nombres, Betzalel se gana el cargo de trabajar “a la sombra de Dios.”.

Las circunstancias que rodean la presentación de Betzalel permanecen confusas, aunque su nombre verdaderamente articula la misión de un líder.  Mientras Betzalel hace méritos sacándole el máximo provecho a su nombre al trabajar “a la sombra de Dios”, su verdadera misión es enseñarle a otros a encontrar el refugio de la presencia de Dios viviendo al máximo sus propios nombres.  Hoy, luchando por alcanzar nuestro potencial y sacar el máximo provecho de nuestros nombres como judíos,  cada uno de nosotros puede entrar bajo la sombra de Dios. 

Anne Bernay, en su obra “El Lenguaje de los Nombres”, afirma:  “Nuestro nombre es nuestro pasaporte adondequiera que necesitemos ir.”  Recordando la conversación que sostuve en el avión en mi viaje a Israel, me doy cuenta de que mi nombre hebreo, Simja, alegría, siempre ha representado mi último destino.

Shabat Shalom

Charles Savenor

La publicación y distribución del comentario del Rabino Savenor de Parashat Vaiakhel ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)Hassenfeld.

 
La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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