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Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch
(Seminario Teológico Judío de América)

 

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J A I E   S A R A
Rabina Melissa Crespy, JTS
Génesis 23:1 - 25:18
10 de noviembre, 2001    24 de jeshvan 5762

 

            Hace casi 10 años, estando en Jerusalén de luna de miel, mi marido y yo decidimos asistir a un servicio de Shabat en un minIán conservador en el vecindario de Baka. No conocíamos a nadie personalmente, pero habíamos escuchado que los rezos eran lindos, íntimos e igualitarios. No nos sentimos defraudados. Pero una sorpresa muy placentera nos esperaba al final de los servicios. Cuando los presentes supieron que todavía estábamos en nuestra primera semana de matrimonio, diez miembros de la comunidad decidieron invitarnos al almuerzo de Shabat para recitarnos las Sheva Berajot – las siete bendiciones especiales que se recitan en presencia de la novia y el novio (y de al menos otras 8 personas) durante las comidas (a menudo muy elaboradas) en esa primera semana de matrimonio . La comida fué espontánea, cada uno contribuyendo a ella con lo que tenía en su casa, y
el ambiente modesto, pero nosotros estuvimos encantados. Imagínense, diez personas que nunca nos habían visto, invitarnos a su casa, prepararnos una comida de celebración, y compartir la simjá de nuestro nuevo matrimonio. Qué relato de Jerusalén tan hermoso; relato que hemos repetido una y otra vez, tan significativa fue para nosotros la generosidad de nuestros anfitriones y su maravillosa hospitalidad.

            La parashá Jaie Sará me hizo recordar nuestra luna de miel tan especial, pues la parte esencial de la lectura incluye un tipo similar de hospitalidad. Buscando la novia perfecta para Isaac, el siervo de Abraham se encuentra con Rebeca en la fuente y, cuando le pide un trago de agua, ella dice: “’Bebe, señor mío’, Y bajando inmediatamente el cántaro sobre su mano le dio de beber. Y luego que acabó de darle de beber, ella dijo: ‘También sacaré agua para tus camellos, hasta que acaben de beber.’” (Génesis 24:18-19) Después de sacar agua para sus diez camellos, ella le dice que en la casa de su padre hay lugar para que se quede, y suficiente paja y comida para sus camellos también. Así es como el siervo de Abraham es bienvenido en la casa de Betuel, su esposa, su hija y su hijo.

            Aquellos lectores familiarizados con la Biblia saben que éste no es el único relato de hospitalidad que existe en nuestra tradición. Como ejemplo de cuán importante es tratar a los visitantes con hospitalidad en la visión Bíblica, sólo necesitamos recordar cómo trata Abraham a los “varones” de Mamré (Génesis 18), el desconsuelo de Jetro el medianita al no poder ofrecer hospitalidad a Moisés (Éxodo 2:20), y cuando la mujer shunamita prepara una habitación especial para el profeta Elías sin que nadie se lo pida (Reyes II 4:8-11)

            Pero es claro que este énfasis en la hospitalidad no terminó en los tiempos bíblicos. Más bien continuó y se desarrolló en lo que se conoce como hajnasat orjim (dar la bienvenida a los visitantes) en la literatura rabínica, asumiendo una importancia equivalente a la de muchas mitzvot de nuestra tradición. El Talmud (Shabat 127a), cuando hace referencia a los tipos de “trabajo” que se pueden hacer con el fin de recibir a una visita adecuadamente, apunta lo siguiente: Rabí Yohanan dijo: “El recibir visitas es tan importante como el levantarse temprano para asistir al salón de estudios...”. Y Rav Dimi de Neardea dijo: “El recibir visitas es aún más importante que el levantarse temprano para asistir al salón de estudios...”. Rav Iehudá dijo en nombre de Rav: el recibir visitas es aún más importante que el saludar a la Divina Presencia, pues está escrito (Génesis 18:3): ‘Y (Abraham) dijo: ‘Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego no pases de largo a tu siervo.’”

            Conscientes de la enorme importancia que tiene el estudio en el mundo rabínico, los rabinos Iojanan y Rav Dimi afirman, aún así, que el recibir a los visitantes es un valor judío tan importante como el estudio. Y Rav Iehuda, al leer Génesis 18:3 en su contexto, se da cuenta de que en este verso Abraham le pide a Dios que lo espere mientras corre a darle la bienvenida a tres caminantes que se acercan. Rav Iehuda llega a la conclusión de que si Abraham fue capaz de pedirle a Dios que esperara, entonces el recibir a los visitantes es mucho más grande que el saludar a la Presencia Divina misma. ¡Esto es una expresion fuerte para los rabinos!

            Pero el pasaje talmúdico va más allá todavía. Rabí Iehuda nos dice que existen seis mitzvot que, aunque sí proporcionan alguna recompensa en este mundo, no alcanzan su verdadero valor hasta que llegamos al mundo venidero, las cuales son: recibir a los visitantes, visitar a los enfermos, concentrarse durante los rezos, levantarse temprano para asistir al salón de estudios, levantar a los hijos para que estudien Torá y juzgar favorablemente al semejante en caso de que exista duda. Colocar la hospitalidad dentro de este grupo de mitzvot importantes y esenciales (que nos acompañan al Mundo por Venir) nos demuestra la fuerza que sentían los rabinos con respecto al valor de hajnasat orjim : recibir a los visitantes y hacerlos sentirse bienvenidos.

            La mitzvá continuó a lo largo de la historia judía y tenemos literatura que atestigua su importancia especial en la época medieval, con la creación de una asociación de caridad llamada Jevra Hajnasat Orjim, establecida con este propósito explícito en ciertas comunidades medievales. Sabemos que en esos tiempos era una mitzvá que se practicaba a nivel personal tanto como a nivel comunitario, y que ciertos estudiantes de Ieshivá dependían de esta hospitalidad comunal y personal para poder proseguir con sus estudios.

            La mitzvá continuó hasta nuestros días y muchos de nosotros la conocemos por las celebraciones de nuestra familia y nuestra comunidad en Pésaj, Rosh Hashaná y Sukot. Cuando la comunidad judía es fuerte y tradicional, es una mitzvá semanal el que cientos, si no miles de individuos y familias, abran sus casas a amigos, vecinos, familia y miembros de la comunidad para la comida de Shabat (o dos o tres comidas), proporcionándoles a menudo también alojamiento, con el fin de que amigos y familiares puedan celebrar el Shabat en toda su amplitud. Cualquiera que haya recibido hospitalidad en Shabat o en Iom Tov sabe el placer que proporciona: una buena comida, compañía agradable, palabras de la Torá, canto de zemirot, y la sensación de que se está a salvo, protegido, y rodeado de personas que se interesan por uno. Hajnasat Orjim es una mitzvá muy importante, que nos enseña no solo a emular al Creador, quien provee todas nuestras necesidades, sino también a interesarnos por nuestros semejantes, crear ese sentimiento de comunidad que refuerza nuestra identidad judía, y a ser consuelo y ancla de los demás en buenos y en malos tiempos. Al enfrentarnos continuamente a tiempos inciertos y emocionalmente retadores, solo puedo pensar que el abrir nuestros hogares a amigos, vecinos y miembros de la comunidad, especialmente para una comida de Shabat, será un consuelo y un refugio para todos nosotros. Que todos sintamos las bendiciones que Hajnasat orjim nos puede brindar.

Shabat shalom,

 

La publicación y distribución del comentario de la Rabina Crespy sobre la Parashá JaIé Sará ha sido posible gracias a la donación generosa de Rita Dee y Harold (z”l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

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