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VAIKRA ZAJOR 5763 Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch, Nunca escuché a mis padres llamarse mutuamente por sus nombres de pila. Demostraban su afecto, siempre evidente, usando epítetos cariñosos. Mi padre llamaba a mi madre Muti (de la palabra Mutter, madre, en alemán), y mi madre siempre lo llamó Schatzi (de Schatz, tesoro, también en alemán). Conforme mi padre se fue haciendo viejo, desarrolló la costumbre de murmurar Muti para sí mismo a menudo, sin por eso pretender llamar su atención. Solo en su estudio, emitía el sonido de su nombre cuando se levantaba de su escritorio para tomar otro libro o cuando se recostaba para tomar un momento de descanso. Claramente se veía que ella era el ancla en su vida. No fue sino hasta que llegué al Seminario
como estudiante en 1957 que me di cuenta de que Schatzi era un apodo
cariñoso común entre los judíos de Alemania.
Adele Ginzberg (cariñosamente llamada Mamá Ginzberg por los alumnos) nunca
había llamado a su famoso y difunto esposo, el Profesor Louis
Ginzberg, otra cosa que Schatzi. Las leyendas del Seminario
contaban que, siempre que asistía a una de sus
clases de Talmud e interrumpía con un comentario, como era su costumbre, se
dirigía inconscientemente a él como Schatzi,
para disfrute de los alumnos. Ésta es la manera en
la que los rabinos se enfrentan a una evidente
redundancia en el primer versículo de nuestra parashá. El libro del
Levítico se inicia con Dios dando instrucciones a Moisés sobre la naturaleza
del sistema de sacrificios que debía usarse en el tabernáculo,
acabado de terminar: Y llamando el Señor a
Moisés, le habló desde la tienda de reunión, diciendo... (1:1).
Nuestros antepasados rabínicos, a diferencia de los impacientes
lectores modernos, se fijaron en la inelegancia
de usar dos verbos, llamar y Un midrash gráfico imagina a Dios mudándose al Tabernáculo y encontrando todo a su entera satisfacción. Los dos capítulos finales del libro del Éxodo hacían énfasis en que la ejecución e instalación de cada objeto fueron hechos como el Señor había mandado a Moisés, como si cada objeto estuviera aprobado y avalado por Dios. La reacción de Dios se asemeja a la de un rey que hubiera instruido a su arquitecto para construirle un palacio nuevo. Con el palacio terminado, el rey daría un paseo por el edificio y descubriría que cada habitación tenía una placa con su nombre. Como ese soberano satisfecho, Dios convocó a Moisés, quien había estado esperando respetuosamente afuera, a entrar al Tabernáculo. Dios no podía haber estado más complacido. En efecto, este midrash afirma que la frase
como Dios había mandado a Moisés aparece precisamente dieciocho veces (39:
1, 5, 7, 21, 26, 29, 31, 32, 42, 43; 40: 16, 19,
21, 23, 25, 27, 29, 32), en exacta correspondencia a las dieciocho vértebras
de la columna vertebral (según la cuenta de los rabinos),
a las dieciocho bendiciones de la devoción silenciosa (Amidá, actualmente
son diecinueve), y a las dieciocho veces que aparece el nombre de Dios (el
Tetragrámaton) tanto en los tres párrafos de la Shemá como en el
Salmo 29. La equivalencia establece un enlace entre el Tabernáculo y
la sinagoga, el culto del sacrificio y la plegaria oral (durante la que nos
inclinamos a menudo, de aquí la referencia a las vértebras), como si
la La razón por la que los rabinos se fijaron
en el número de veces que aparece ¿Pudiera ser, especula finalmente el
midrash, que Dios también precediera el cese de comunicación, el vacío entre
sus visitas, con una cariñosa mención del nombre
de Moisés? Y si esto fuera inimaginable, entonces, ¿cuál sería el propósito
de las interrupciones en la revelación o de los espacios vacíos
en nuestro texto? A lo que el midrash responde con perspicacia de
psicólogos: para absorber y profundizar en lo que acaba de ser
transmitido. Sin el beneficio de las
frecuentes extensiones de silencio, la Torá se
convierte en un simple torrente de voces discordantes. En realidad, si
nuestras vidas estuvieran marcadas con períodos de silencio, oiríamos a
Dios llamándonos por nuestro nombre más a menudo. Ismar Schorsch La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Vaikrá ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)Hassenfeld. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen. Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación Bnei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen. |
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