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VAIKRA ZAJOR 5763
Vaikrá - Levítico 1:1-5:26
Devarim - Deuteronomio 25:17-19
15 de marzo, 2003 - 11 de Adar II, 5763

Por el Rabino Dr. Ismar Schorsch,
Rector del Jewish Theological Seminary
Comentario escrito en 1997


Traducción de Ines Baum

Nunca escuché a mis padres llamarse mutuamente por sus nombres de pila. Demostraban su afecto, siempre evidente, usando epítetos cariñosos. Mi padre llamaba a mi madre “Muti” (de la palabra “Mutter”, madre, en alemán), y mi madre siempre lo llamó “Schatzi” (de “Schatz”, tesoro, también en alemán).  Conforme mi padre se fue haciendo viejo, desarrolló la costumbre de murmurar “Muti” para sí mismo a menudo, sin por eso pretender llamar su atención.  Solo en su estudio, emitía el sonido de su nombre cuando se levantaba de su escritorio para tomar otro libro o cuando se recostaba para tomar un momento de descanso.  Claramente se veía que ella era el ancla en su vida.

No fue sino hasta que llegué al Seminario como estudiante en 1957 que me di cuenta de que “Schatzi” era un apodo cariñoso común entre los judíos de Alemania.  Adele Ginzberg (cariñosamente llamada Mamá Ginzberg por los alumnos) nunca había llamado a su famoso y difunto esposo, el Profesor Louis Ginzberg, otra cosa que “Schatzi”.  Las leyendas del Seminario contaban que, siempre que asistía a una de sus clases de Talmud e interrumpía con un comentario, como era su costumbre, se dirigía inconscientemente a él como “Schatzi”, para disfrute de los alumnos. Ésta es la manera en la que los rabinos se enfrentan a una evidente redundancia en el primer versículo de nuestra parashá.  El libro del Levítico se inicia con Dios dando instrucciones a Moisés sobre la naturaleza del sistema de sacrificios que debía usarse en el tabernáculo, acabado de terminar:  “Y llamando el Señor a Moisés, le habló desde la tienda de reunión, diciendo...” (1:1). Nuestros antepasados rabínicos, a diferencia de los impacientes lectores modernos, se fijaron en la “inelegancia” de usar dos verbos, “llamar” y
“hablar”, donde uno habría sido suficiente.  Insisten en que se trataba de dos acciones separadas.  Primero, Dios llama a Moisés por el nombre, en forma íntima y afectuosa, y sólo entonces prosigue la conversación.  La fuerza del verbo “vaikra”, “Y llamando el Señor”, demuestra una relación de mucho tiempo.  El llamado es una invitación a continuar el contacto, a comenzar el diálogo otra vez.  Moisés ha cumplido con su trabajo realmente  bien.  La forma en que Dios pronuncia su nombre indica la satisfacción divina.  Generalmente podemos deducir lo que viene por el modo en que alguien pronuncia nuestro nombre.  La frase preposicional “le” (a él) sugiere que Dios se dirige a Moisés a solas.  Nadie más estaba allí para
enterarse de lo que se iba a decir.

Un midrash gráfico imagina a Dios mudándose al Tabernáculo y encontrando todo a su entera satisfacción.  Los dos capítulos finales del libro del Éxodo hacían énfasis en que la ejecución e instalación de cada objeto fueron  hechos “como el Señor había mandado a Moisés”, como si cada objeto estuviera aprobado y avalado por Dios.  La reacción de Dios se asemeja a la de un rey que hubiera instruido a su arquitecto para construirle un palacio nuevo.  Con el palacio terminado, el rey daría un paseo por el edificio y descubriría que cada habitación tenía una placa con su nombre.  Como ese soberano satisfecho, Dios convocó a Moisés, quien había estado esperando respetuosamente afuera, a entrar al Tabernáculo.  Dios no podía haber estado más complacido.

En efecto, este midrash afirma que la frase “como Dios había mandado a Moisés” aparece precisamente dieciocho veces (39: 1, 5, 7, 21, 26, 29, 31, 32, 42, 43; 40: 16, 19, 21, 23, 25, 27, 29, 32), en exacta correspondencia a las dieciocho vértebras de la columna vertebral (según la cuenta de los rabinos), a las dieciocho bendiciones de la devoción silenciosa (Amidá, actualmente son diecinueve), y a las dieciocho veces que aparece el nombre de Dios (el Tetragrámaton) tanto en los tres párrafos de la Shemá como en el Salmo 29.  La equivalencia establece un enlace entre el Tabernáculo y la sinagoga, el culto del sacrificio y la plegaria oral (durante la que nos inclinamos a menudo, de aquí la referencia a las vértebras), como si la
revelación original se hubiera anticipado a desarrollos posteriores. Pero cito este midrash no para hablar sobre numerología o misticismo, sino para referirme a la paginación de un rollo de la Torá.  Una simple aliá a la Torá le recordará que sus columnas de texto hebreo sin vocales y sin puntuación no están divididas en capítulos o versículos sino en unidades de longitud variable, separadas por espacios vacíos en mitad de una línea o espacios abiertos al final de otra.  En nuestros Jumashim impresos,
ordenados en capítulos y versículos (patrón introducido por la Iglesia), esos antiguos espacios están señalados ya sea por la letra hebrea pei (la “parashá petujá” como una unidad abierta) o por la sámej (“parashá segurá” como una unidad cerrada).  La traducción al inglés también está ordenada de acuerdo a estas unidades, así como en capítulos y versículos.  Entonces, por
ejemplo, el libro del Éxodo, que terminamos de leer el pasado Shabat, contiene 164 de tales unidades.

La razón por la que los rabinos se fijaron en el número de veces que aparece
la frase “como el Señor había mandado a Moisés” es porque todas las unidades en los capítulos 39 y 40 del Éxodo, excepto los dos últimos, terminan con esa misma frase.  En otras palabras, las unidades estaban demarcadas por la frase para subrayar que la construcción del Tabernáculo y de todos sus arreos acataron plenamente la palabra de Dios. Ni siquiera es ésta la única vez en que Dios llama a Moisés por su nombre antes de darle instrucciones.  El midrash afirma que de hecho, cada vez que Dios habla a Moisés, ya sea para enseñarle, conversar o encomendarle algo, Dios primero lo llama amorosamente por su nombre.

¿Pudiera ser, especula finalmente el midrash, que Dios también precediera el cese de comunicación, el vacío entre sus visitas, con una cariñosa mención del nombre de Moisés?  Y si esto fuera inimaginable, entonces, ¿cuál sería el propósito de las interrupciones en la revelación o de los espacios vacíos en nuestro texto?  A lo que el midrash responde con perspicacia de psicólogos:  para absorber y profundizar en lo que acaba de ser  transmitido.  Sin el beneficio de las frecuentes extensiones de silencio, la Torá se convierte en un simple torrente de voces discordantes.  En realidad, si nuestras vidas estuvieran marcadas con períodos de silencio, oiríamos a Dios llamándonos por nuestro nombre más a menudo.
Shabat shalom y un feliz Purim.

Ismar Schorsch

La publicación y distribución del comentario del Rabino Schorsch de Parashat Vaikrá ha sido posible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l)Hassenfeld.

 
La traducción del comentario de la Parashá del Rabino Schorsch es realizada por la Unión de Congregaciones Judías de Latinoamérica y El Caribe www.ujcl.org

Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

Para suscribirse o dejar de recibir el comentario de la parasha del Rabino Dr. Schorsch envíennos un e-mail a UJCL_parasha@yahoo.com. Si quiere dedicar la traducción en memoria de un ser querido o en honor de  algun acontecimiento familiar. Escríbanos a UJCL_parasha@yahoo.com

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website. Esta traducción puede ser reproducida citando su origen.

 

 

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