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Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch
(Seminario Teológico Judío de América)

 

 

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TOLDOT 5762
Génesis 25:19 - 28:9
17 de noviembre, 2001  -  2 de Kislev 5762

            Las disputas entre Isaac y el Rey de Guerar con respecto a los derechos sobre el agua tienen un cariz contemporáneo.  Más allá de la Intifada actual, reluce la carestía de agua que afecta a israelíes, palestinos y jordanos por igual.  Con el agua del Kineret en su punto más bajo, y las fuentes de agua disminuidas y cada vez más contaminadas, los amargos enemigos de la región al menos están unidos en sus esperanzas de un invierno lluvioso.

            Pero me gustaría darle a los fragmentos narrativos deToldot una interpretación diferente.   Me parece detectar otra razón en la tenacidad con que Isaac quiere retener los pozos de su padre.  Al igual que Abraham, vive en el Néguev cerca de Beer-sheva.   Isaac insiste en su derecho sobre los pozos excavados por su padre y desafía a los envidiosos que los rellenaron volviendo a excavarlos.  Se nos dice que fue tan lejos como para llamarlos con los mismos nombres que su padre les había dado.  (Génesis 26:18) 

            Este último detalle es, a mi juicio, la clave para encontrar el significado simbólico del episodio.   Isaac lucha por retener el acceso a los manantiales de la fe de Abraham.  La memoria es el enlace entre padre e hijo que hace que un pasado que se evapora se vuelva un presente vital.  Es la fuente, siempre en riesgo de ser bloqueada o contaminada, la que sostiene la continuidad cultural.  En su lucha por mantener abiertos los pozos paternos, Isaac indica su determinación de preservar y transmitir la herencia religiosa de una  búsqueda de toda la vida.

              Pero la historia no se refiere solo a la pasión de la lealtad.  También alude a la complejidad de la transmisión.  El nombre Beer-sheva, dado primero por Abraham y después otra vez por Isaac a la que se convertiría en la ciudad más conocida del Néguev, ¿Significa “ Pozo de juramento (shevuá)” o “ Pozo de siete (sheva)”?  En ambas instancias, el nombramiento del lugar ocurre como resultado de un pacto de paz hecho por Abraham y, una generación más tarde, por Isaac, con Abimélej, Rey de Guerar, y su comandante en jefe, Pijol.  Para Abraham, la etimología del nombre está relacionada con el juramento hecho en el pacto (Gn.. 21:31); para Isaac, se relaciona más bien con el número siete ( Gn. 26:33)  Aunque ambas son factibles, la diferencia sugiere dos tendencias distintas de la memoria.

              El hecho es que la memoria es una función de sus transmisores.  La percepción humana no manifiesta la precisión de una cámara.  Las personas a menudo ven la misma secuencia de acontecimientos de forma muy diferente y los recuerdan, de hecho, también de diferente manera.  La Torá es un tapiz de recuerdos, lo que hace que sea un libro de tantas voces.  Sus redactores trabajaron con un alto grado de tolerancia hacia las diversas tradiciones, igualmente sagradas, preservadas por diferentes sectores del antiguo Israel.   Los hilos del tapiz no siempre son difíciles de distinguir.

              La parashá que nos ocupa contiene un ejemplo particularmente visible de un relato contado a lo largo de dos líneas narrativas distintas.  ¿Cuál es la razón que empuja a Jacob a abandonar a sus padres en Canaán para regresar al seno de la familia de su madre en Padan-aram?   ¿Para escapar de la ira de su hermano Esaú, a quien le acaba de robar mediante engaños la bendición de la primogenitura de su padre ciego?  ¿O para escoger una esposa entre su propio clan, como lo hizo su abuelo para su padre anteriormente?   Juntas, ambas razones resumen un argumento que está sobredeterminado.  Los eruditos modernos prefieren ver en esta narración la preservación de dos tradiciones distintas.

              El relato más importante (en el Cap. 27) hace énfasis con compasión inigualable a la amarga rivalidad entre Jacob y Esaú.Sin embargo,  en la periferia del relato , encontramos una versión muda que enfatiza la supremacía de la pureza genealógica.  Para disgusto de sus padres, Esaú, a los 40 años, se casa con dos mujeres hititas de la población nativa (26:34-35).  Tras la interrupción donde se cuenta el robo de Jacob de la bendición de su hermano, la versión se reanuda con un lamento de Rebeca ante Isaac por la traición de Esaú (27:46).  Se llama a Jacob, sin hacer referencia para nada a su anterior engaño (señal inequívoca de que esta segunda tradición no tiene nada que ver con la primera), y se le exige que encuentre una compañera dentro de la casa de Labán.   Acatando la aversión que sienten sus padres por los cananitas, Esaú también toma para sí una tercera esposa de otra rama de su propio clan, esta vez de la familia de Ismael (28:1-9).

              En resumen, la estrategia de los redactores de la Torá fue la inclusión , hacer referencia a la memoria sagrada de las diferentes comunidades religiosas sin consideraciones indebidas a las discrepancias entre ellas.   Cuando el Prof. Nahum Sarna, en su obra Entendiendo el Génesis, de 1964, hizo énfasis en que “el origen no unitario del Pentateuco ha sobrevivido como una de las finalidades del estudio crítico de la Biblia”, también preguntó:  “¿No será para circunscribir el poder de Dios que, en forma tan extraordinaria, se asume que la Divinidad solo puede trabajar efectivamente mediante un único documento, pero no a través de cuatro?  Está claro que Dios podría hacer Sus revelaciones en etapas sucesivas, y no necesariamente en un mismo momento del tiempo” (xxiv).  Las Escrituras Hebreas vibran con un pluralismo religioso precisamente porque predican sobre el respeto por las múltiples experiencias de Dios.

              Pero, ¿qué nos queda de la revelación si hacemos de la Torá un tapiz de memorias?  Permítanme responder con una imagen, el único lenguaje apropiado cuando nos referimos a lo Infinito.   Después de que Adán y Eva comieron del árbol prohibido del conocimiento del  bien y del mal, “oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba en el jardín a la brisa del día” (Gén. 3:8).  El Edén no era una extensión de Dios, pero la presencia de Dios allí podía de hecho sentirse.  Así mismo, en la Torá encontramos un punto de encuentro para los religiosamente hambrientos, un testamento para la posibilidad humana de experimentar lo Divino.

Shabat Shalom,

Ismar Schorsch

Ismar Schorsch es el Rector del Seminario Judío de Teología. La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch de la parashá Toldot ha sido possible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

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