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Educación para Adultos

 

Comentarios sobre la Torah del Canciller Schorsch
(Seminario Teológico Judío de América)

 

 

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VAIETZE 5762
Génesis 28:10 - 32:3
24 de noviembre, 2001  -  9 de Kislev 5762

            Según nuestra parashá, el mundo se rige por el principio de “medida por medida”.   Pagamos nuestros delitos con la misma moneda.  Un fin noble jamás justifica el uso de medios innobles.  El engaño hecho por Jacob a su padre ciego, para despojar a su hermano mayor de la bendición y estatus de primogénito, ahora se le cobra por intermedio de su tío.  En Labán, Jacob encuentra su igual, si lo hay, un rival que le gana en descaro y en astucia.

            La Torá hace énfasis en el vínculo romántico que une rápidamente a Jacob y Raquel.  Desde el principio, Jacob se siente cautivado por su belleza, por lo que acepta trabajar como sirviente contratado por un período de siete años con tal de pagar el precio de la novia, el mohar.  Es tan grande su amor por Raquel que Jacob apenas nota el paso del tiempo.   Sin embargo, en el día de su boda será engañado con la misma estrechez de miras que él desafió y con los mismos medios que él utilizó.  La novia por la cual trabajó no es Raquel sino su hermana.  La ira en la voz de Jacob al confrontar a Labán por la mañana nos hace recordar el tono de consternación de Esaú (27:36):   “¿Qué es esto que me has hecho?  ¿No te serví por Raquel?  ¿Y por qué me has engañado?”  Labán responde con frialdad que las costumbres sociales son inmutables:  “En nuestro lugar no se hace así, de dar la menor antes que la mayor.”  (29:25-26)

            Esta reprimenda a Jacob es implacable.  Aun cuando la línea escogida de Abraham esté destinada a trascender por medio de él, ninguna causa, por más justa que sea, se debe mancillar con el uso de tácticas injustas.  La injusticia hacia aquellos a los que la historia no redime evoca las simpatías de la Torá.  A pesar de no gozar del favor de Dios, no por ello se libran de Su percepción o compasión.

            La voz que no se escucha en este relato moral es la de Raquel.  Anhelamos echar un vistazo a su reacción ante la desilusión que debe haber sufrido.  Este silencio atrajo al menos dos midrashim que yo conozco, ambos dignos de atención y conectados entre sí.  El segundo, en efecto, es casi moderno en su empatía con el proceder de Raquel, detallado en extremo, y en el impacto que se le atribuye.  El carácter múltiple de la literatura rabínica no carece de una ocasional voz femenina.

            El primer midrash imagina a Jacob y Raquel en confabulación.  Él le pide directamente que se case con él y ella accede alegremente.  Pero ella añade que su padre es un hipócrita y que no es fácil de vencer.  Jacob le asegura que él está a su altura.  Cuando le pregunta a Raquel por qué puede querer engañarlo Labán, ella le habla de su hermana mayor, Lea, quien debiera desposarse primero.  Para evitar ser engañado, Jacob le sugiere a Raquel varias señales por las cuales podrá identificarla en su noche de bodas.   Pero conforme se acerca el día y Lea es designada para precederla en el casamiento, Raquel se ve acometida por los remordimientos.  Quiere evitarle a su hermana una humillación, por lo que la informa de las señales convenidas, para que Jacob no se dé cuenta del engaño hasta la mañana siguiente.  Entonces la Torá dice:   Se hizo de mañana, y resultó que aquélla era  Lea” (29:25), implicando que la luz del día reveló lo que la oscuridad había ocultado.  Y fue precisamente por este extraordinario acto de auto-trascendencia por el que Raquel fue destinada a ser la progenitora del primer rey de Israel, Saúl, un descendiente a la altura de su modestia, pues “No aparta (Dios) de los justos Sus ojos” (Job 36:7, Talmud de Babilonia, Meguilá 13b).

            El segundo midrash, más interesante (del cual supe por primera vez gracias a mi hija, una estudiante de midrash) nos revela unos versos escritos diferente.  En una inspirada profecía de consolación, el profeta Jeremías, testigo de la destrucción del Templo en el 586 a.e.c,.imagina a Raquel que se levanta de su tumba para lamentarse por la deportación de sus hijos hacia el exilio:

Así dice el Señor:
Se oye una voz en Ramá;
Lamentación, llanto amargo:
Raquel llora a sus hijos,
Rehúsa ser consolada
acerca de sus hijos, porque ya no existen.

Así dice el Señor:
Reprime tu voz del llanto,
Y tus ojos, de lágrimas;
Porque será premiado tu trabajo,
Dice el Señor;
Pues ellos volverán de la tierra del enemigo:
De modo que hay esperanza para tu porvenir,
Dice el Señor;
Y volverán tus hijos a su tierra propia.

(Jeremías 31:14-16)

              El midrash, que busca contextualizar esta valiente visión de redención, se basa en la sensibilidad de Dios ante las lágrimas de Raquel.  Según el relato del midrash, Raquel no es más que la última de una línea de ancestros que claman ante Dios para que revoque el destino de Israel.

              Israel se enfrenta a un juicio, acusado de un sinnúmero de pecados por la Torá y las veintidós letras del alfabeto hebreo.  Por turnos, Abraham, Isaac, Jacob y Moisés presentan un repaso de sus actos supremos de autosacrificio, para conseguir el favor de Dios.  Pero sin resultado alguno.  Dios se mantiene inconmovible pese a la evidencia de su lealtad desprovista de egoísmo.  Sus méritos, tanto individuales como colectivos, no pueden compensar la culpa acumulada de Israel.  Cuando Moisés pasa del ruego al reproche, Raquel intercede:

 “Señor del Universo.  Tú sabes que Jacob me amó apasionadamente y trabajó para mi padre por mí durante siete años.  Cuando el plazo terminó y llegó el momento de mi matrimonio, mi padre insistió en sustituir a mi hermana por mí.  Yo me sentí mortificada al enterarme del plan y le conté a Jacob.  También le di señales por las que sería capaz de distinguir entre mi hermana y yo, para que el plan urdido por mi padre fallara.  Pero muy pronto me consolé y superé mis deseos.  No quería que mi hermana sufriera humillación alguna.  Esa noche en que nos cambiaron, le revelé a mi hermana las señales que le había dado a Jacob, para que él pensara que era yo.  Aún más, me escondí debajo de la cama donde Jacob yacería con mi hermana.  Ella guardaba silencio cuando él le hablaba y yo respondía por ella, puesto que su voz la habría delatado.  En resumen, actué para con mi hermana con compasión más que con celos.   No permití que fuera humillada.

 Ahora bien yo, que no soy más que carne y sangre, polvo y cenizas, no codicié mi venganza ni la humillé.  Tú, en contraste, eres el Rey único, eterno y misericordioso.  ¿Por qué debieras tener celos de la idolatría, que es insustancial, y enviar a mis hijos al exilio, permitiendo que sean asesinados por la espada y despojados por sus enemigos a voluntad?”   Esta vez, Dios se sintió dominado por la compasión y dijo:  “Raquel, en tu obsequio restauraré a Israel a su tierra.”  Este es el significado más profundo de los versos de Jeremías.

(Eijá Rabá, petijta 24; mi traducción)

              Mientras que en su argumentación este midrash posterior es tan solo una expansión del primero (ambos hacen que Raquel abandone sus designios iniciales de frustrar el plan de Labán), en su florida retórica bordea la lascivia y la blasfemia.  Con el fin de avergonzar a Dios por su injustificada cólera, Raquel se atreve a entrar en detalles íntimos para describir no solo su compasión sino también su autocontrol en una situación tan llena de provocación.  Termina provocando el cambio en la mente de Dios al ser la única que logra restarle importancia a la ofensa de Dios ante la idolatría.  El monoteísmo no es un asunto para el machismo.  El honor de Dios no puede ser amenazado por la idolatría.  Esto, a mi juicio, es un reproche desde una perspectiva femenina, posible gracias a un género literario que garantiza la libertad de desafiar a santidades venerables.

Shabat Shalom,

Ismar Schorsch

Ismar Schorsch es el Rector del Seminario Judío de Teología. La publicación y distribución del comentario del Dr. Schorsch de la parashá Toldot ha sido possible gracias a la generosa donación de Rita Dee y Harold (z"l) Hassenfeld.

Este comentario ha sido traducido por la Unión Judía de Congregaciones de Latino América y el Caribe, con autorización del Dr. Ismar Schorsch, Rector del Seminario Judío de Teología. Esta versión en español no ha sido supervisada por el Dr. Schorsch. Traducido por Inés Baum, de la Congregación B’nei Israel, Costa Rica - Revisado por el Rabino Gustavo Kraselnik, de la Comunidad Israelita de El Salvador. Puede leer la versión original en ingles, en este mismo website.

 

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